Juana Sánchez de Jaime, toda la vida en el barrio de Calaveras

Para adherir al 80º aniversario de la fundación del Club Atlético Calaveras (fundado el 7 de abril de 1933), optamos por referirnos al barrio donde se gestó, en Leopoldo Altés y Bartolomé Mitre. En sus aledaños, desde hace más de medio siglo vive Juana Sánchez de Jaime (87), vecina ligada a Calaveras desde la niñez. Su esposo, Antonio Jaime, fue jugador en la década del 40 (lo apodaban “Rompe Redes”), y su hijo, Sergio, es desde hace años activo colaborador del Cala. Toda la familia lleva, con orgullo, en su corazón la divisa negra y blanca.

Doña Juana vivió en varios lugares de la ciudad, pero desde muy chica se identificó con el club de mataderos: “Vivo acá desde el 58. Yo viví allá, del Gaucho Pobre media cuadra, y de ahí como nos fuimos cambiando, cambiando. Como mi papá era jockey y cuidaba caballos, nos fuimos a parar a una quinta atrás de lo de Aristizábal y de ahí, cuando me casé, nos vinimos acá, como ya se había terminado el contrato con el dueño de los caballos que cuidaba papá”.

LA VIEJA CANCHA
Juana mantiene intacta en sus retinas la imagen de la vieja cancha de Calaveras: “Era todo cerrado, abrieron muchos después porque la cancha era toda de ligustrinas. En esta cuadra (por Altés entre Alsina y Mitre) la primera casa que se hizo fue ésta. En esta manzana había solo tres casas, estaba ésta la de Maceda y la de la familia Gardella. De aquel lado (en referencia a la manzana aledaña Alsina, Del Valle, Grand y Altés) era todo una laguna” y recuerda que ante la carencia de agua corriente “la gente acarreaba agua desde esa laguna”.

LOS PARTIDOS Y EL AMOR POR LA DIVISA
“Siempre había partidos en la cancha”, rememora Doña Juana y acota que “siempre se llenaba porque no cobraban entrada”. Y con inocultable satisfacción remarca que “toda la gente trabajaba en el club por amor. Calaveras no pagaba pero la gente ayudaba igual”.

De inmediato, añade: “Iba siempre a la cancha, me gustaba. Porque ahí al lado de donde yo vivía, estaba Raúl Pascual, y había un potrero y después de comer se hacían partiditos, antes de ir a trabajar. Nosotros nos entreteníamos ahí mirando cómo jugaban... Y los partidos de Calaveras yo no me los perdía, iba a pie siempre, hasta San Martín me caminaba”.

¿POR QUÉ CALAVERAS?
Acerca de la elección del nombre, hubo siempre varias versiones. Hay quienes afirman que proviene de la existencia de calaveras de animales en el viejo matadero y de ahí surge “el club de Mataderos”. Otros coinciden en señalar la elección por los llamados productos Calavera, un veneno para ratas que fabricaba el laboratorio Othermann y Zulch, empresa que en 1936 donó camisetas con la blanca calavera impresa en el pecho, la primitiva camiseta que ahora ha sido repuesta en adhesión al 80º aniversario.

Y sobre el tema, Doña Juana nos dice que “pasando las vías del Provincial, estaba el Tiro Federal y después estaba el matadero”. Para ella, el nombre surgió por el matadero, donde “los achuradores y matarifes jugaban al fútbol inflando una vejiga de vaca”.

¡CÓMO ME GUSTABAN LOS BAILES!
La exclamación de Doña Juana lo dice todo. Se entremezclan los recuerdos de su familia, del barrio, de la cancha, de los vecinos y cuando recuerda los bailes sus ojos se iluminan: “Ah, en Calaveras se mandaban cada baile... Traían orquestas importantes y espectáculos de todo tipo. Me gustaba ir pero después por un problema de salud tuve que dejar de ir, pero “cómo me gustaban los bailes de Calaveras”.

Un párrafo aparte por su fanatismo con Hugo del Carril. “Yo estaba enamorada de Hugo del Carril”, rememora Juana a quien lo vio en la película de la vida de Gardel y lo conoció personalmente cuando actuó en Pehuajó. “Vino acá a Deportivo. Lo fui a ver y yo lo miraba. Y él decía quién tenía ganas de cantar con él. Ah, yo tenía unas ganas, porque realmente a mí me gustaba”, exclama Juana sonriente y feliz.

Hermoso recuerdo para cerrar una charla amena y plena de emotivos recuerdos, con esta pehuajense, identificada con Calaveras desde niña. El 18 de abril de 2013 cumple 87 años, siete más que el albinegro. Su esposo Antonio, fallecido en 1998, fue protagonista destacado en los planteles de hace 60 años. Su hijo, Sergio, siente al Cala intensamente, como hincha, como utilero o como vecino del barrio. Siempre está, en las buenas y en las malas. Y su hija, Nora, nació cuando el club cumplía 26 años de vida, el 7 de abril de 1959. Motivos más que suficientes para llevar en el corazón al octogenario club de Mataderos.
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