Altanería y prepotencia

“Si se arma algún revolutis,
siempre han de ser los primeros.
No se muestren altaneros
aunque la razón les sobre.
EN LA BARBA DE LOS POBRES
APRIENDEN PA SER BARBEROS”.

Ya casi sobre el final de “La Vuelta de Martín Fierro”, Hernández lo presenta aconsejando a sus hijos y al hijo de Cruz. El contexto de la estrofa que culmina en el refrán, reconviene contra la altanería y la imprudencia. Y también, aquello de que nunca el hombre debe olvidar sus comienzos.

El refrán tiene sus raíces en otros refranes españoles, que en sustancia dicen lo mismo o tienen la misma filosofía. En otros tiempos, y tal vez aún en los nuestros, los pobres ofrecían sus barbas para que los aprendices a barberos aprendieran el oficio.

Al barbero, entonces, siempre le conviene recordar sus comienzos. Porque un comienzo humilde, al fin y al cabo a nadie le hace daño. Pero la altanería, no le queda bien a nadie. Le queda mal, tanto al pobre, “aunque le sobren razones” como también al rico. Pero de un modo muy especial al poderoso que un día “en la barba de los pobres, aprendió pa ser barbero”.

La altanería es una actitud inauténtica. Entraña un concepto exagerado de nuestro propio valer, que a veces viene impulsado por un aire de desprecio a los demás. Nos hace ciegos y sordos a nuestra propia realidad. El altanero vive lejos de la verdad. El humilde en esa luz que le es propia, no prestada, y gracias a ella se ilumina la dignidad humana.

Así, el capitán no debe olvidar que fue marinero, el rico que tal vez fue pobre. Y quien se avergüenza de su origen, nunca podrá ser auténtico.

Por otro lado, el ser considerado y servicial no es cosa de tontos o serviles. Es un valor inapreciable de los bien nacidos y mejor educados.

En cambio, el engreimiento y la prepotencia deslucen nuestra imagen en cualquier campo y en cualquier plano social. Si algo aprendimos alguna vez en la “barba de los pobres” conviene recordarlo siempre, para no perder el sagrado equilibrio de la sensatez y la cordura.

De “El refranero de Martín Fierro. José Marcon.
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