¡Carterooo!

Nació en Nueva Plata. Desde chico trabajó con su padre en tareas de campo. Era contratista y recorría los campos de la zona. Hizo todo tipo de tareas rurales hasta que se radicó en Pehuajó y entró a trabajar como cartero, en tiempos en que era uno de los personajes del pueblo, impecablemente uniformado. Los vecinos esperaban ansiosos su llamado. La correspondencia era el medio de comunicación más efectivo y había que distribuirla con sol o con lluvia, en el barro o en el asfalto. Durante 42 años, Alfredo Guagliarello (85) transitó las calles de Pehuajó.


En su casa de la calle Oyuela, compartimos un grato momento con Alfredo, el morocho cartero que muchos recuerdan. Al evocar su infancia, expresa que “después que dejé la escuela, empecé en el campo. Fui a la escuela de Margarucci y después segui acá en Pehuajó, en la vieja escuela 20”.

“Hasta los 18 años trabajé en el campo”, recuerda y añade: “al morir mi padre, quedé solo con las herramientas, pero no pude seguir y nos vinimos a Pehuajó. Un día, le pedimos al Dr. Raúl Peláez, que era el médico nuestro, que me consiguiera algún trabajo y al poco tiempo me hizo entrar al correo. Y de ahí hasta la jubilación en el año 1987”.

EL CARTERO SIEMPRE TENÍA QUE SALIR
Alfredo, al referirse a su trayectoria en el correo, señala: “siempre trabajé de cartero. No me gustaba estar adentro, en las oficinas. No teníamos recorrido fijo, rotábamos siempre, faltaba uno y tenías que hacerle su recorrido”.

Luego de recordar, que entre otros, tuvo como compañeros de trabajo a Fernández, Coccorza, Fuentes y Agesilao, rememora: “Cuando entré hacía los recorridos de a pie. Y después me compré la bicicleta. A Pehuajó lo he recorrido de punta a punta, cuando había puro barro, poco asfalto. El cartero tenía que salir, aún cuando llovía, no quedaba otra”.

La magnitud del trabajo era importante. “Eran cantidades abundantes de carta, hoy ya no es así. La gente esperaba ansiosa al cartero, llevábamos de todo”, recuerda Alfredo y acota que “las cartas de las novias o novios, eran las más esperadas. Y también de los que estaban haciendo el servicio militar”.

Se manifiesta complacido con la tarea realizada. “Me siento contento con el trabajo de cartero. Y también de mensajero, porque si éste faltaba, había que reemplazarlo. Llevábamos los telegramas, que siempre eran por urgencias o muertes”, quizás por eso los pobladores tenían una actitud diferente cuando llegaba un telegrama.

IMPECABLES UNIFORMES
Era otra de las características distintivas. “Teníamos un uniforme los carteros, eran obligatorio usarlo, sino el jefe te mandaba de vuelta”, manifiesta Guagliarello y sostiene que “los carteros de ahora son distintos, pero trabajan también. Y algunos andan en moto. Además hay muchos correos ahora, antes era uno solo. Y no mandan tanta correspondencia, ahora te hablan por teléfono, por celular o se comunican por internet. Es todo distinto”.

A través del Alfredo, rendimos homenaje a todos los carteros, activos y pasivos, por el importante rol de servicio que cumplen en la comunidad, portadores de mensajes de todo tipo, de tristezas y alegrías, como atesorando en un sobre motivos y sensaciones de la vida misma.

Alfredo Guagliarello tuvo también activa incursión en el fútbol local. Jugó en Boca, su club, pero también lo hizo en Defensores y en San Martín, donde colgó los botines. Además, integró la selección pehuajense. Conserva hermosos recuerdos y con nostalgia evoca aquellos tiempos cuando los domingos, uno de los carteros del pueblo, tallaba en las canchas de fútbol.





Los carteros de aquellos tiempos
El personal de la oficina de Correos y Telecomunicaciones de Pehuajó, posando frente al edificio. Todo un documento histórico. Nuestro recuerdo y homenaje a todos los trabajadores.
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