La particular rutina del quiosquero

Avelino Ponce y Neri Argarañaz, iniciaron en emprendimiento el 12 de enero de 1989, y durante un tiempo estuvo a su cargo de la hija. Como es sabido, la atención es muy sacrificada. En la actualidad la comparte con su nieta, María Belén Schuttler, que suena como heredera del kiosco.

Sábados, a la tarde, y domingos cerrado, desde que Ponce cumplió 80 años. Y el domingo la cita en el hipódromo, es sagrada. Y a propósito de este deporte, son muchos los amantes del trote que concurren al kiosco, a tal extremo que muchos lo identifican como el quiosco de los troteros, quienes afirman “en la semana, en el quiosco Ponce y el domingo en el hipódromo”.

Al reseñar la actividad, Ponce manifiesta: “No me cuesta levantarme. A las 4 me lavanto. Ya a las 5 y media tengo los diarios, hago el reparto y a las 6 tengo abrir. Y estoy hasta las 12, después vuelvo a las 4 y 20 de la tarde hasta las 9 de la noche. Es una rutina que me hace bien.”

Neri y Avelino coinciden en que no hay que quedarse, hay que estar en movimiento para sentirse bien. Sostienen que en el kiosco “los problemas de uno hay que dejarlos. Hay que atender bien a la gente”, aunque a veces hay que escuchar los problemas de los clientes. Y en algunos casos, fruto de la experiencia recogida, el matrimonio Ponce se atreve a darles algunos consejos para que sientan más tranquilos.

Dada la cercanía del Colegio Nacional son muchas las promociones que han pasado por el quiosco, varias generaciones. Suelen pasar algunos muchachos y recuerdan los tiempos de estudiantes. Otros aún son clientes.

Ponce, trabajó mucho en el ambiente futbolero, trabajó de plomero y el quiosco enriqueció las relaciones con la gente.

Fue asaltado en tres oportunidades, y acota que aunque “nunca se supo, uno más o menos sabe de quien sospecha, pero ya fue”.

Una actividad, seguramente similar a la que realizan muchos kiosqueros. Esfuerzo y sacrificio, una constante. A través del quiosco de Ponce, nuestro sincero homenaje a todos quiosqueros pehuajenses, que el 7 de noviembre celebraron su día.

Asimismo, el homenaje a los canillitas que en la acualidad cumplen tareas programadas, quedando en el recuerdo aquellos tiempos cuando el “canilla” coreaba las noticias por las calles de la ciudad.


Un habitué del quiosco (Chacarita Martín)sorprendido por la cámara al momento de pagar su compra.
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1 comentarios:

  1. Que grata sorpresa una nota que resalta el trabajo y la pasión de Ponce la cual comparto también, como vecino y cliente mi saludos a la distancia para el y su familia.

    Máximo Torres

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