Orígenes de Pehuajó: galpones como viviendas y peluqueros dentistas

Notorios recuerdos de los orígenes de nuestra ciudad. Las colonias de inmigrantes, galpones como viviendas, tremendas sequías, casas de comercio elementales y peluqueros que extraían dientes y muelas.


Se llamaba Aurelio García, llegó a la zona de Pehuajó en 1890, cuando recién se estaba formando el pueblo. El escritor Raúl Alejandro Hansen, al reeditar en 1983 la Historia de Pehuajó, hizo referencia a este "viejo y arraigado chacarero, de origen español, que apostó al suelo del pago hernandiano.

El relato de Don Aurelio es muy significativo. Sus palabras pintan el Pehuajó de aquellos tiempos de una manera muy particular y con detalles seguramente desconocidos para muchos lectores:

"Llegué aquí en los primeros días de enero de 1890, en compañía de mis progenitores y hermanos, en una legión de inmigrantes que venían a poblar la colonia de Don Enrique Urien, una de las primeras once colonias que se formaron en Pehuajó, que 4 meses antes comprendían el partido de Nueve de Julio, aunque la autonomía ya existía del año anterior. Esa fue una de las primeras llegadas del tren, que solo hacía dos veces por semana”.

“Grande fue mi decepción -agrega- al llegar a la estación y ver que el edificio se componía de una precaria casilla de madera y que la vivienda de los trabajadores que continuaban la construcción del ferrocarril hacia Trenque Lauquen, era una porción de carpas de lona dispersas, como yo nunca había visto”.

Desde la estación mencionada se dirigieron al Hotel Comercio, que estaba ubicado en la actual esquina de Del Valle e Yrigoyen. “De la estación al hotel, era casi todo campo”. Las sorpresas eran constantes para estos laboriosos españoles inmigrantes.

“Después de almorzar partimos rumbo a la colonia Urien, en donde nos esperaba una sorpresa mayor, pues la vivienda que había para todos los flamantes colonos era un galpón sin terminar, en donde debíamos permanecer, hasta que los ingenieros dieran término al fraccionamiento de las parcelas que debíamos ocupar. En vista de esto, varios jefes de familia regresaron a Pehuajó y se dedicaron a otras actividades. Finalmente la colonia fracasó”, acota en el relato.

De inmediato, señala: “Es de hacer notar que el año era de los peores. Reinaba una sequía extraordinaria, que se prolongó hasta el año siguiente, lo que fue causa de pérdida de las haciendas por falta de agua. Todo el que quería trabajar encontraba ocupación en jagüeles; molino no se veía ni uno en toda la comarca”.

“La población urbana se reducía a poca cosa, pero había algo de cierta importancia, destacándose algunas casa de comercio, las que contaban con almacén, tienda, ferretería, corralón de maderas e inclusive despacho de bebidas, de tipo bar a falta de confiterías”.


MOLINO A SANGRE Y PELUQUEROS DENTISTAS

Luego de recordar algunos nombres de esa época, Don Aurelio señala la existencia de dos panaderías, “una de Vicente Gallo y otra de Lugones y Lafleur. Esta última tenía molino a sangre, es decir impulsado por mulas y le decían tahona”.

Y una actividad muy especial que ejercían quienes se dedicaban al corte de cabellos. “Peluquerías había varias donde se ocupaban de sacar muelas y dientes a los clientes, a falta de dentista”.

Luego se refiere al lugar donde funcionó Casa Ciminari. “Estaba ocupado por una laguna que cubría una tercera parte de la manzana, donde se divertían los días de fiesta varios vecinos, haciendo uso de una lancha y mojando el pico de vez en cuando en el despacho de bebidas de Don José Errea, lugar donde más tarde se fundó el Hotel Piccolini”.

El relato de García es más extenso. Hay referencias a las primeras escuelas de la ciudad, sobre la Intendencia Municipal, la comisaría, la iglesia y respecto al sistema de alumbrado. Sin duda, temáticas que abordaremos en futuras entregas sobre “Tiempos idos”.

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