El recuerdo del Tango Bar

Como parte de las evocaciones de notas realizadas durante la década de mirá, destacamos hoy, ante la reciente celebración del Día Nacional del Tango, al recordado Tango Bar que fuera lugar de encuentros pantagruélicos y musicales.


Durante muchos años funcionó en el barrio Obrero de nuestra ciudad, a pocos metros del boulevard Gardes. Hoy no queda nada, pero en su momento podía apreciarse el edificio hasta que llegó la demolición.

Llevaba el nombre de una de las películas de Carlos Gardel. Albergó a convecinos de todas las clases sociales, en cenas de amistad y espectáculos de música popular, con la presencia de exponentes locales y en más de una ocasión con la visita de calificados profesionales.

Por este bar pasaron numerosos cantores y múltiples parroquianos se deleitaron con sus aportes, como así también con exquisitos almuerzos y cenas que reunían a los habitúes del lugar. De este lugar de encuentro, impulsado por Don Eleuterio Berón, comenzó a gestarse el homenaje a Carlos Gardel, plasmado luego en un sector destinado al zorzal criollo en el boulevard Gardes.

Su actividad fue intensa durante cuatro décadas. Músicos y cantores no faltaban nunca. Las reuniones se prolongaban hasta el amanecer en un clima de camaradería y respeto, condiciones que se ocupaba de controlar Don Eleuterio Berón, "Gardeliano” por excelencia, hombre de fuerte y seria personalidad, cultor de costumbres y tradiciones.

Entre otras particularidades, se organizaban asados y guitarreadas. Costillares enteros al asador criollo con entretenida espera en la cancha de bochas y cierre con animada guitarreada. Actuaban cantores locales y en muchas ocasiones figuras consagradas del canto popular, que visitaban Pehuajó, se llegaban al Tango Bar.

Tango Bar, vive en la memoria de quienes pintan canas y seguramente, en el futuro, será referencia de nuevas generaciones que tarde o temprano hurgan los tiempos idos.

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