“Desde chica sabía que quería ser bombero voluntario”

En su casa siempre se respiró vocación de servicio y siendo niña sintió atracción por la solidaria y voluntaria actividad. Recuerdos e impresiones que revalorizan el rol y la importancia del bombero voluntario, que da todo sin pedir nada.


Valeria Mardarás (27), además de bombero voluntario es acompañante terapéutica y trabaja en Inspectoría municipal. Mamá de Milena y Martín, “que se bancan TODO y aman Bomberos, tanto como yo”, dice a modo de presentación.

Y a propósito de sus hermosos hijos, preguntamos por su infancia y adolescencia: “¡Hermosa!. Tuve la mejor infancia, siempre inculcándome buenos valores. Con algunos límites, que hoy agradezco muchísimo”.

-¿Ahora, dime cuándo y por qué decidiste ser bombero voluntario?: “Jaja, que pregunta!… Me la han hecho muchas veces y es fácil responderla. Desde chica sabia que quería serlo. Verlo a mi papá y acompañarlo siempre, me generaba una cosa hermosa. Hoy puedo decir que era adrenalina, pura!!!”.


EL APRENDIZAJE Y EL PRIMER SERVICIO

La capacitación y la incorporación al cuerpo bomberil son hechos fundamentales, que viven en la retinas de todos los voluntarios servidores. Valeria, afirma con natural emoción:

Uhhh, rebobinemos... La capacitación fue, espectacular! Desde lo teórico, hasta lo práctico y el grupo. Las formas de los instructores al momento de dar las clases... Fue casi un año de muchísima emoción, donde cada martes y jueves era llegar al cuartel y ver con que me encontraba, que nos enseñaban....

La noche de la incorporación, terrible. La última cena que se pudo hacer, luego empezó la pandemia. Fue el sábado 8 de junio de 2019. Muchísima emoción, pasaba de "mirar de afuera", a formar parte del "plantel" y lo más importante, compartirlo con mi papá. Ahora si, al lado mío”.

El recuerdo del primer servicio fue intenso y contundente, también imposible de olvidar. “Fue el incendio de una vivienda. Recuerdo que estaba cerca del cuartel, llegué, salí en primera dotación. Miraba a mis compañeros como se iban cambiando con muchísima rapidez, y empecé a hacerlo yo también. Antes de llegar al lugar, ya veíamos la cantidad de humo que salía. Se pidieron refuerzos en ese instante. Mi cabeza no dejaba de pensar ¿"¡con que me voy a encontrar?".... Y mis compañeros mirándome diciendo "estas bien Vale?"...

Me bancaron mucho ese día, la mezcla de nervios, ansiedad, adrenalina y mil cosas más. Se trabajó durante muchas horas ese día, hacia muchísimo calor. Recuerdo que eramos 7 en primera dotación, y terminamos siendo muchísimos, trabajando todos juntos, preocupándose unos por otros. Cuidándonos”.


El INEXPLICABLE PLACER DE SENTIRSE SATISFECHO

 

El relato de Valeria pone de manifiesto el espíritu de cuerpo y la solidaridad recíproca. Y entre las intervenciones realizadas, hay una que recuerda de manera muy especial. “El vuelco de un camión jaula, doble piso, sin mayores consecuencias para los damnificados gracias a Dios. Muchísimas vacas, algunas atrapadas, otras heridas, pero sobre todo, muchas asustadas, nos corrían, nos encaraban . Recordamos siempre con Natalia, esa noche, "La noche de las vacas" decimos. Quedó como anécdota”.

Las vivencias del servicio provocan sensaciones diversas. En el caso de Mardarás prevalece la complacencia de haber cumplido. “Satisfacción -exclama y añade- y el placer de llegar al cuartel, hablar con compañeros/as y ver que siempre se entrega lo mejor de uno. El cansancio pasa factura en casa, en el momento, lo único que se siente es ¡satisfacción!”.

Y hablando de sensaciones, es ineludible preguntar qué se siente cuando suena la sirena convocante. “Creo que no podría explicarlo con palabras ... Adrenalina diría, pero creo que es más que eso ... De hecho, las personas que me han visto en ese momento, se ríen. Me tiemblan las manos, me aceleró, me explota el pecho. Difícil, muy difícil de explicar”.


LA FAMILIA, EL MAYOR RESPALDO

Ricardo Mardarás, padre de Vale, cultiva la misma vocación de servicio y siente orgullo por su hija. Por ello, el respaldo familiar es muy fuerte. “Mi padre -sostiene- es el gran culpable de mi locura por Bomberos. Y es algo que le agradezco siempre que puedo, el haberme hecho conocer terrible pasión” y en cuanto al apoyo del entorno familia, afirma:

El respaldo más grande, esta en mi casa, mi mamá, mis hijos. Ellos son los que se bancan TODO (así así mayúscula). Mi mamá, acompañó mas de 20 años a mi papá, y justo cuando pensó que se terminaba esa vida de corridas, de cenas frías, de trasnochadas, de mates a la madrugada, entro de bombero yo! Imaginate, a ella .... A ella le debo todo, estar donde estoy…”

Lindo encuentro, pleno de agradables testimonios y transmisor de buenas ondas, por eso al pedirle que le diría a alguien que tenga deseos de ser bombero y de pronto no se atreve, con la misma claridad y el mismo énfasis, Valeria señala: “Que se anime. Que sé acerque al cuartel. Que charle con cualquiera de los activos. A veces, eso motiva y da el empujón que falta. Es realmente hermoso”.


PING PONG

 

- ¿Un recuerdo?: “Mi infancia”.
- ¿Un deseo?: “Que mis hijos sean felices y sanos”.
- ¿Una ingratitud?: “ No recuerdo”.
- ¿Una gratitud?: “El apoyo de mi mamá”.
- ¿Un rencor?: “No tengo”.
- ¿Un ídolo?: “Mi papá! Siempre!”.
- ¿Un amor?: “Diego Figueredo”.
- ¿Una esperanza?: “Que todo mejore en algún momento”.
- ¿Dios?: “Siempre está! Nos cuida!”.
- ¿Pehuajó?: “Mi lugar en el mundo”.
- ¿Bomberos Voluntarios?: “Pasión”.
- ¿Valeria Mardar
ás?: “Simple. ¡Lo que ven!”.

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