Mirar con los ojos del otro y sentir con el corazón del otro

 «Mira con los ojos de otro, escucha con los oídos de otro y siente con el corazón de otro», sabia frase de Alfred Adler (médico y psicoterapeuta austriaco) define con claridad la semilla de empatía que no todos suelen cultivar. Precisiones y un poco de historia.



En los últimos tiempos es notoria, en todos los ambientes, la utilización de la palabra “Empatía. Su aplicación en algunos casos se aleja de su real significación o queda fuera de contexto, pero el auge del vocablo es innegable y aparece en exposiciones orales de diversa índole.

En determinado momento era de uso común y frecuente en el campo de la psicología. Actualmente abarca todos los sectores de la sociedad. El territorio analítico del término es amplio. A modo de contribución para una mejor interpretación, rescatamos algunas precisiones.

Empatía” proviene del griego “empátheia ” que significa “emocionado”. Significa “la intención de comprender los sentimientos y emociones, intentando experimentar de forma objetiva y racional lo que siente otro individuo”. La palabra empatía es de origen griego “empátheia ” que significa “emocionado”. En otros conceptos se la define como “Sentimiento de participación afectiva de una persona en la realidad que afecta a otra”, “Sentimiento de identificación con algo o alguien” o “Capacidad de identificarse con alguien y compartir sus sentimientos”.

Por otra parte, se analizamos el verbo “empatizar", el diccionario académico, en una primera instancia los definió como “ Identificación mental y afectiva de un sujeto con el estado de ánimo de otro” y más tarde enmendó “Capacidad de identificarse con alguien y compartir sus sentimientos”.


EMPATÍA Y SIMPATÍA

Suelen ser motivo de confusión, si bien son usadas como sinónimos. Empatía hace referencia a una capacidad. Simpatía referencia un proceso emocional que permite percibir los estados de ánimo del otro, sin exigir que se comprendan.

La inteligencia emocional -señalan especialistas- es el sistema en el que se engloban todas las habilidades relacionadas con la comunicación entre el individuo y los sentimientos (ya sean propios o ajenos). Está compuesta por cinco destrezas: autoconciencia (comprender el origen de los sentimientos), control emocional (aprender a canalizar positivamente las emociones), motivación (encontrar razones para la superación y tener la capacidad de motivar a otros), manejo de las relaciones (relacionarse sanamente, respetando a los otros y haciéndose respetar). La empatía, es la quinta habilidad, y es la que nos permite percibir los sentimientos de los otros y hacer que se sientan menos solos. No es un don, todos podemos desarrollarla si lo deseamos, basta con abrir la mente e intentar captar la vida del otro desde su perspectiva y no desde nuestros ojos”.

Se afirma además que “para que la empatía exista es necesario que se dejen a un costado los juicios morales y los fenómenos de raíz afectiva (simpatía, antipatía); de tal modo que se pueda tener una actitud comprensiva pero no de compasión frente a la circunstancia del otro. Consiste en el esfuerzo de carácter objetivo y racional para llevar a cabo proceso de comprensión intelectual que permita comprender los sentimientos del otro. Por estas razones, es una de las herramientas que aprovechan los psicólogos en su tarea profesional para acercarse a sus pacientes.

En otras palabras, la empatía permite hacer referencia a la capacidad intelectiva de todo ser humano para vivenciar la forma en que otro individuo siente. Esta capacidad puede desembocar en una mejor comprensión de sus acciones o de su manera de decidir determinadas cuestiones. La empatía otorga habilidad para comprender los requerimientos, actitudes, sentimientos, reacciones y problemas de los otros, ubicándose en su lugar y enfrentando del modo más adecuado sus reacciones emocionales”.


CAPACIDAD DE OBSERVACIÓN

Al profundizar detalles se destaca que la empatía es la capacidad que tienen las personas de sentir en su propio cuerpo las sensaciones que otro está sintiendo. No es un proceso

estático, requiere la observación de algo que le ocurre a alguien, y luego la identificación con esos sentimientos observados.

Se suele decir que la empatía es un fenómeno subjetivo o personal, porque los sentimientos tienen la característica de ser individuales, y percibir los de otros será bajo una mirada personal. Se coincide en señalar que es muy importante en una época de

fragilidad emocional como la que se vive, dado que la empatía se convierte en una cualidad indispensable, tanto o más que la motivación, el control emocional y el manejo de las relaciones, con actitudes y gestos de simpatía, cercanía, proximidad y afinidad.


ANTECEDENTES

Haciendo un poco de historia el origen de la palabra es curioso e inspirador. En tal sentido, la psicóloga Valeria Sabater, sostiene: “Si bien es cierto que llevamos casi un siglo usando este término, en realidad sus raíces son mucho más lejanas y diversas. No siempre ha significado lo mismo, pero de algún modo evocaba esa facultad del ser humano para conectar con realidades que iban más allá de la propia piel.

No es de extrañar, por tanto, que antes de que la palabra empatía perteneciera por completo al universo de la psicología, fuera precisamente el corazón de la poesía y del arte quienes conjugaban con esa idea. La capacidad del ser humano para vincularse emocionalmente a lo que le rodea era bien conocida por el campo de la estética.

Muchos pintores, y en especial los pertenecientes a la época del romanticismo, solían establecer una conexión tan singular como profunda con los escenarios naturales. Un atardecer, una montaña bajo el ocaso, un viejo árbol de ramas nudosas en medio del bosque… Todas estas imágenes despertaban en la mirada del artista un sentimiento profundo al que los alemanes no tardaron en darle nombre: Einfühlung.

Este impulso donde lo estético se entremezclaba con lo emocional, ahí donde los elementos naturales despertaban toda una serie de ideas, sensaciones, turbaciones y fascinaciones, perfilaron poco a poco un término que más tarde iría variando con el tiempo. Hasta que, finalmente, un grupo de psicólogos en 1908 acuñaron una nueva definición que la mayoría manejamos en la actualidad: la empatía.

Desde el siglo XIX hasta 1930, la empatía se entendía solo en un contexto estético. Es decir, definía ese recurso psicológico del ser humano por conectar con lo inanimado y atribuirle una serie de emociones.

Ahora bien, fue a mediados del siglo XX, y concretamente, durante la Segunda Guerra Mundial, cuando los psicólogos empezaron a explorar de manera más exhaustiva otro enfoque. Se llevaron a cabo un gran número de experimentos para profundizar en otro aspecto. ¿Y si la empatía entre las personas fuera más intensa y significativa? Así fue.

Algo que pudo verse es que el ser humano no solo tiene habilidad para trascender hacia aquellos objetos y escenarios inanimados que le envuelven y le hacen sentir una emoción. Si de algo somos capaces es de conectar entre nosotros y captar lo que siente el otro, profundizar en realidades personales ajenas a la nuestra.

Así, y a partir de los años 40 y 50, la palabra empatía dejó de relacionarse con el mundo estético. Poco a poco perdió fuerza para olvidarse por completo esa idea y dejar que la neurociencia y la psicología avanzaran en su explicación. Ahora bien, cabe señalar que son muchas las voces que nos animan a recordar el origen de la palabra empatía.

¿La razón? Los románticos del siglo XIX vieron a la naturaleza como un ser vivo, alguien que evocaba toda una serie de emociones y sensaciones. Ahora, en medio de un contexto casi dramático con el cambio climático, quizá deberíamos empatizar nuevamente con ella, con ese mundo inanimado que, sin voz, también sufre”, concluye Sabater.

El tema es amplísimo y da lugar a múltiples apreciaciones. En síntesis, es fundamental que cada uno cultive de la mejor manera y en forma permanente la semilla de empatía que tenemos en nuestro interior para sustentar el equilibrio emocional y promover vínculos de igualdad y armonía con nuestros semejantes.




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