Siembra de familia y ternura de niñez

Hace 40 años nació en la esquina frente a la Terminal de Ómnibus, hoy continúa en el centro de la ciudad, con el mismas aromas que irradia la encantadora ternura de la niñez. Recuerdos y emociones de un ejemplar emprendimiento familiar.



Promediaba el año 1980, Dorita Buccheri junto a su esposo Manuel Arive, deciden encarar un emprendimiento comercial, para seguir cultivando la vocación que Dorita adquirió como empleada de la histórica tienda "El Hogar".

En un viaje a Buenos Aires decidieron el rubro. "Todo lo referente a chicos y lanas porque me gustaba mucho tejer", afirma la experimentada comerciante y luchadora madre de una familia numerosa. Evoca aquel 19 de diciembre de 1980, cuando se inaugura "Dorita", en Varela y Del Campo, esquina del edificio Pehuajó.

Decidir el nombre fue rápido y fácil. “A vos te conocen por Dorita, entonces ponele Dorita”, dijo Manolo y así lo bautizaron. La bendición estuvo a cargo del Reverendo padre José Miguel Keegan.



Ahí comenzó a recorrer un camino, cuya extensión seguramente no imaginó. Amplio surtido de lanas, ropa para bebés, pañales, juguetes, cochecitos, etc. Más tarde se trasladó a Del Campo 771, luego se instaló Landa 763, posteriormente en Cambaceres 650 y por último y hasta la actualidad en Rivarola 433.

El negocio pasó por todas las etapas. Como todos, vivió épocas de esplendor y tiempos de malaria. Siempre superó las dificultades circunstanciales y siguió adelante, fiel a sus objetivos y al deseo de hacer lo que causa placer.

Esfuerzos compartidos por Dorita y Manolo, su compañero de toda la vida. No fue fácil sobrellevar el negocio y criar cinco hijos, pero todo se puede cuando prevalece la voluntad. Cuando nació el tercer hijo pensaron en cerrar y Manolo propone que en lugar de bajar las persianas podían instalarlo en su casa, ubicada en calle Cambaceres.

Aún no había pavimento pero la clientela respondió. Manolo decía que había que darle un premio a quien fuera a comprar un día de lluvia”, señala Dorita al recordar esa época. Había que alternar entre mostrador, cocina, tareas del hogar y la atención de los hijos, en aquellos tiempos de pañales de tela que implicaba un doble trabajo.

Y la familia creció, llegaron a 5 hijos y se hizo necesario disponer de un ámbito más amplio para mantener esa indisoluble unidad “trabajo y hogar”. Comenzó entonces la búsqueda de una casa más grande, que tuviera patio y lugar para el negocio. Y se logró en pleno centro de la ciudad, Rivarola 433. Todo se pudo hacer a la par, unieron más que nunca el emprendimiento comercial y la familia.



Dorita hacía tiempo para todo. “Cuando había fiesta en la escuela, ponía un cartelito “Estoy en el colegio”. Ese día cantaba tres veces el himno nacional, pues me tocaban turnos mañana y tarde, jardín y escuela”, recuerda con nostalgia.

Hoy, 19 de diciembre, se cumplen cuatro décadas de ininterrumpida actividad. Junto a Dorita su hija mayor María Pilar, ahora llevan adelante el emprendimiento, con los mismos propósitos y renovadas expectativas, acorde a los tiempos que vivimos.



Los recuerdos se reviven. Las emociones alimentan la reflexión y fortalecen el espíritu para que continúe germinando la semilla sembrada cuarenta años atrás.

Hoy cumplimos 40 años -publicaron en la redes sociales- y solo podemos decir GRACIAS !!! Porque es un camino que recorremos juntas, porque nuestras clientas son parte de nuestra vida.

Pasamos por varios locales desde ese 19 de diciembre de 1980 en la esquina de Varela y Del Campo hasta llegar acá a Rivarola 433 que es nuestra casa... La de ustedes. Acá estamos Dorita y Pilar.

No podemos seguir escribiendo de tanta emoción... GRACIAS !!


MOMENTOS

1980 - 19 de diciembre - 2020 





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