“Vivía mas en el Hospital que en mi casa y adoraba lo que hacía”

En la niñez, cuando vivía en el campo, se manifestó su vocación por la enfermería. Se capacitó y durante 42 años prestó servicios en el hospital de Pehuajó. Apasionada de su trabajo en tiempos muy diferentes a los actuales. Volvería a ser enfermera.



Faltan horas para el día de la enfermera, celebración propicia para rendir homenaje a una apreciada convecina, que durante 42 años ejerció la servicial profesión, con verdadera vocación, total entrega y convicción. Siempre en el Hospital “Dr. Juan Carlos Arámburu”, donde pasó por todos los ámbitos y secciones.

Amanda Avalis de Carretero (80), conocida también con el apodo de “Titina”, evocó su paso por el nosocomio pehuajense y al mismo tiempo etapas de su vida, que comenzó en la zona rural de nuestro distrito.

Nací en Pedro Gamen. Mi papá era ferroviario y trabajaba en las vías de la estación Gamen. Primero vivimos en la chacra de Ezeberry, que un tío había alquilado. Allí nací yo. Después a mi papá le dieron lo que se llamaba un triángulo ferroviario y ahí hicimos la casita”, relata con la espontánea nostalgia que provocan los recuerdos.



Y entre esos recuerdos, renace la inmensa felicidad de haber ayudado, siendo niña, a construir la casa que los cobijó. “Mi hermano y yo, le ayudábamos a mi abuelo a cortar adobe. No tenía ni diez años. Había hecho un molde con maderas, él hacía la mezcla y nos decía que llenáramos el molde. Lo dejábamos secar y al día siguiente ya estaba listo. Hicimos una casita muy linda, que tenía hasta un horno de barro”.

La etapa de vida escolar ocupa un lugar especial en la charla con Titina. “Íbamos a la escuela Fuentes. Teníamos que hacer una legua a caballo, pero lo hacíamos con mucho gusto, junto con pobladores de esa zona, los Ferrer, Cacho Giorgio y otros”.

Es imborrable el recuerdo del camino real en esa zona rural de intensa actividad agricola-ganadera en aquellos tiempos. “Veníamos en sulky a Pehuajó y cruzábamos La Salada que estaba seca", exclama Titina al rememorar esos viajes que también realizaron muchos chacareros y trabajadores de esa región del distrito.


DESDE CHIQUITA JUGABA A LA ENFERMERA”

A los diez años, con su familia, Amanda dejó Gamen y se radicó en Pehuajó. "En esta misma casa, que la compró mi padre. Toda mi vida acá, en esta casa", exclama satisfecha y recorre con la mirada todo el prolijo ambiente que la rodea y donde ha pasado siete décadas de su vida.

Si bien realizó otras actividades antes, cuando llegó la mayoría de edad, decidió incursiona en la actividad hospitalaria y particularmente en el mundo de la enfermería que ya se manifestaba en los juegos de la niñez. “Me encantaba. Siempre me gustó. De chiquita, jugaba a la enfermera con los frasquitos y palitos”.

Entré al Hospital en el año 1958. Había que tener 18 años para ingresar y empezar a estudiar para enfermera durante un año. El Dr. Arnejo sostuvo que en un año no aprenderíamos nada y se llevó a dos años, que habilitaba como Auxiliares.

Pasaron unos años, ya estaba trabajando con otra compañera, Amelia Bernal, tomaron exámenes y nos dieron el título de enfermeras. Las clases las daban los mismos médicos, los doctores Arnejo, Demichellis, Barrios Guevara y otros”, rememora, sus ojos se iluminan y de sus labios brotan las vivencias.

El diploma de enfermera y la entrega de la medalla de reconocimiento cuando cumplió 25 años de actividad. 

Trabajé con muchos médicos que ya no están, Peláez, Ballerio, Arnejo, Barros, Benincasa, Gardes, Herraiz, Rocha, Lerner, Paris, Ananía, Manterola, "Eran médicos buenísimos, que te enseñaban permanentemente. A mí, me encantaba aprender".

Sin duda la mejor manera de asimilar conocimientos y ponerlos en práctica de la mano de profesionales de la salud que han calado hondo en la vida pehuajense. “Me quisieron llevar a hemoterapia pero no me gustaba estar encerrada, me gustaba andar, estar en las salas, quirófano, cirugía”, acota y transmite ese deseo que siempre la caracterizó, porque el aprendizaje es inagotable en cualquier actividad.

Su vocación se afianzaba. Amada siempre estaba para cumplir con los requerimientos del servicio. “Muchas veces había cubierto el turno tarde y ante una emergencia seguía en el turno noche” y alguna vez, por priorizar el servicio de enfermería, se perdía algún baile de campo, que tenían a Titina como habitué. “Me encantaban los bailes. En la escuela de Margarucci, en la escuela Fuentes…”

Son muchos los años realizando la misma tarea. Son innumerables los momentos vividos y compartidos, buenos y malos, más aún cuando se convive con el dolor de sus semejantes. El balance final es placentero y lo expresa con una sonrisa de felicidad a flor de labios: “Adoraba lo que hacía y adoraba al Hospital. Ahora dicen que está todo nuevo, pero me retiré y no fui más".

La contención y asistencia de pacientes y un recuerdo muy especial. La recepción por parte de Amanda del primer pulmotor para el hospital Arámburu.


Y así fue. Médicos la han invitado a visitar el Hospital, veinte años después totalmente cambiado, pero no ha regresado. Siguen latentes los 42 años de trabajo ininterrumpido y su afecto por el establecimiento asistencial. “Primero dependíamos de la Comisión de Beneficencia, después pasó a la Provincia y por último a la Municipalidad. Muchas se fueron, porque temían que en la Municipalidad no iban a pagar igual. Yo no quise, me quedé, me querían llevar al Sanatorio pero dije no. Si me echan me voy".

Y allí siguió. En la última etapa ejerció las funciones de jefa de personal y de enfermeras. “En el año 2000, cuando me jubilé, me pidieron que siguiera, pero desistí porque tenia mi marido y mi mamá enferma, y debía atenderlos. Así lo hice hasta el final, los dos murieron acá. "Yo quiero morir en mi rancho", me decía mamá.


TIEMPOS DE RELAX Y DESCANSO

Reuniones con compañeros de trabajo y diversas celebraciones

Y los primeros tiempos en la etapa de pasividad laboral, extrañó el Hospital, la rutina que comenzaba todos los días al amanecer. Fue toda una vida ahí. Ahora, los días de la experimentada enfermera son tranquilos y más aún "este año que ha pasado volando, por culpa de la peste", afirma un tanto molesta.

Sobre el final del encuentro, miramos una numerosa colección de fotos sobre su trayectoria hospitalaria, en blanco y negro y otras que van perdiendo el color. Y cada imagen, revive más momentos y más nombres de médicos, pacientes, enfermeras, empleados. Imposible enumerarlos porque siempre alguno se olvidará.

Placentero encuentro que culmina en la vereda de la calle Pablo Landa, admirando el verdor de las plantas y contemplando la natural belleza de un ceibo a pocos metros de su casa. Codito con codito en la despedida. El sincero !Gracias! por el momento compartido. Un ¡Feliz día!, que hacemos extensivo a todos los convecinos que han ejercido y ejercen la noble profesión.


PILDORITAS

* “Salíamos de la escuela Fuentes con mi hermano y llegábamos al almacén La Esperanza, donde vendían carne de cordero y nos encargaban para llevar a la gente que estaba en la cosecha. Yo me ponía a jugar al sapo. Un día va mi papá y el dueño le dice ¡Vos, Avalis, acá tenes una cuenta!. ¿Cuenta? “De tus hijos, que juegan al sapo"...

* “Sin pensarlo volvería a ser enfermera. Mi mamá me quería mandar a estudiar de maestra, pero no quise. Hacé algo, me decía, aunque sea estudiá de modista, pero no me gustaba. Me fui a la manzanilla, porque yo quería mi plata para ir a los bailes y no tener que pedirle a mis padres. Estuve en los secaderos de Herrero, Pérez, en El Cerrito cuando empezó... ¡Ayy cómo me quedaron las manos, carne viva llegue a tener!. Pero quería tener mi plata, demasiado me ayudaba mi padre, que hacía 5 leguas en bicicleta para ir a trabajar”.

En el cajón de los recuerdos, prevalecen momentos de festejos para el día de enfermería y celebraciones con personal del Hospital pehuajense.

* “Era otra forma de trabajar. Otra compañera, Albina Velos, que vivía en calle Alsina. Me esperaba, tomábamos unos mates y salíamos para el Hospital. Siempre juntas. Hacíamos de todo, hasta prender las estufas de vela cuando llegábamos, calentar agua en jarras para lavar los enfermos, atenderlos en la sala, ayudar en cirugía. Nada que ver con los tiempos actuales, ojalá yo hubiera tenido todo servido".

* “Atendíamos los enfermos uno por uno, el que podía levantarse lo ayudábamos, Hacíamos las camas y lo que fuera necesario. Pasé por todas las secciones, clínica, cirugía, maternidad. Albina siempre conmigo, ella me orientó y me enseñó muchísimo, hasta el día de asistir el primer parto. Y más tarde, hasta me tocó atender un parto a mí. Aprendía y aprendía siempre. Vivía más en el Hospital que en mi casa. Me encantaba”.


PING PONG



-¿Un deseo?: "Estar bien. Tener salud".

-¿Un recuerdo?: "Mis padres, la familia".

-¿Una gratitud?: "Haber recibido el agradecimiento de la gente".

-¿Una ingratitud?: "No, no he tenido".

-¿Un rencor?: "Nunca fui rencorosa".

-¿Una frustración?: "No tuve".

-¿Un amor?: "Mi marido".

-¿Un amigo/a?: "Muchos".

-¿Gamen?: "Buena gente".

-¿Pehuajó?: "Mi ciudad".

-¿Amanda Avalis?: "Una enfermera servicial".


Vocación y pasión

Titina querida!

Cuánto nos divertimos con tus cientos de anécdotas en tus épocas del hospital. Aquellas que absortos escuchamos cada vez que las compartís con nosotros.

Todo nos llena de orgullo. La vocación y la pasión por tu trabajo que siempre te llevó a hacer lo correcto y ayudar a quien lo haya necesitado.

¡Un beso grande!”

Tu familia que te quiere...


Compartir en Google Plus

0 comentarios:

Publicar un comentario