El vuelo que truncó la vida de Osmar Maderna

Hace 68 años fallecía Osmar Maderna, talentoso músico y compositor pehuajense, cuya obra alcanzó singular notoriedad. Su deceso se produjo como consecuencia de un accidente aéreo en jurisdicción de Lomas de Zamora. Reproducimos detalles de la tragedia publicados por el escritor Viterbo Pedro Ferrer, en su libro "Osmar Héctor Maderna, un vuelo a las estrellas", editado en 2012. Y un sentido homenaje de “Lucho” Erbín, con ritmo de vals, titulado “El niño y el ángel”.

“La tragedia ocurrió el sábado 28 de abril de 1951. "Tal como lo hacía todas las mañanas que podía, ese día lo hizo por la tarde. El avión Enroupe 415 DC., matrícula LV- NDU, de dos plazas y ala baja, del tipo turismo de su propiedad parte del aeródromo civil de Monte Grande, -su “Piper Club”-, campo de su instructor Ciro A. Comi, rumbo al aeródromo de Tristán Suárez, distante unos diez minutos de vuelo”, expresa Ferrer.

“Allí, estando con su esposa y otros familiares, en su automóvil, Osmar realizó varios vuelos. Ya a la tardecita, dispuesto a retirarse se encamina hacia su auto donde lo esperaba la señora Olga, cuando lo aborda el ingeniero Ernesto Prougenes y lo invita a dar una vuelta en su máquina, un aparato marca Enroupe, biplaza, 415-DC, matrícula LVR.L.F que el músico acepta abordar como pasajero. Su maquina remontó vuelo un minuto antes, con sus socios Alberto Valentín López y Alfonso Pedro José Roura, y ellos salieron inmediatamente después, pero al ser ésta una unidad nueva, la alcanzó rápidamente. Iban a una altura normal, unos doscientos metros, cuando quizá debido a los rayos solares los pilotos no se vieron, al realizar unas maniobras o giros muy cercanos, fatalmente los aparatos se rozaron, chocaron y se precipitaron a tierra, en proximidades de la ciudad de Lomas de Zamora, sobre su parque municipal, en el barrio Villa Independencia, siendo las 17 horas”, relata el escritor pehuajense.

“Maderna -agrega- con su máquina cinematográfica, había filmado el breve vuelo, pero al caer y antes que llegara la autoridad policial, manos inescrupulosas le habían sustraído la cámara filmadora y su valioso reloj de pulsera, “Electrón”, con malla de oro, recuperando luego su esposa, solo un pañuelo de mano y un encendedor de bolsillo… El miserable robo impidió pues conservar para la posteridad el valioso documento del celuloide".

TESTIGOS
Viterbo Ferrer, señala: "Según manifestaron testigos presenciales y otros comentarios de vecinos del lugar que avistaron las maniobras y acudieron al escenario de la tremenda catástrofe, el vuelo de los aeroplanos había sido rápido entre ambas ciudades. Y ya sobre dicho parque, evolucionaron en varias maniobras y sucesivas y dispares marcas que aclamaban entusiastas los bastantes ocasionales espectadores. Y, en un momento de pasarse muy cercanas las avionetas, una de ellas se separa en semicírculo para abrirse, alejándose, cuando de pronto ambos aparatos se enfrentan en un horrendo choque, cuyos motores se apagan tras el estruendo fatal. ¿Error de cálculo o falla del comando?

El avión de Prougenes y Maderna, al perder estabilidad se vino a tierra “de punta o de nariz”, desde unos ciento cincuenta metros y se destrozó completamente, saltando los infortunados cuerpos a unos quince metros del foso de caída, ya sin vida. El timón del aparato cayó en el patio de la alejada vivienda del señor Carlos Jara y una vivienda en construcción propiedad de Juan Michelzlch. Mientras el otro aparato, maniobrando en su inestabilidad para poder aterrizar, cayó a tierra, a unos cientos cincuenta metros del lugar de caída de la otra avioneta, estrellándose contra una pequeña casilla ubicada en el campo aledaño, propiedad de don Alberto Liesmann y destrozándose, al par que sus dos ocupantes fueron auxiliados por policías y otros colaboradores espontáneos, hallándose aún con vida entre los hierros de la avioneta y son conducios en ambulancia al cercano “Hospital Gandolfo”, de Lomas de Zamora, pero ambas víctimas del accidente fallecen en el trayecto".

UNA CÁMARA Y DESEOS TRUNCADOS
Finalmente, Viterbo Ferrer acota que "Maderna con su cámara fotográfica filmaba su propio avión, desde la otra unidad, testimonio que lamentablemente también perdió, sin posterior e inexplicable recupero". Y de inmediato añade:

"Cuando se produjo el fatal accidente, había pospuesto para más adelante ir a los Estados Unidos, ya convenido para suscribir un contrato para su presentación en el Night Club “El Pelícano” de New York; pero el cruel destino de su joven vida no lo quiso así.

Una idea que abrigaba Maderna, unverdadero anhelo intimo, era tener un avión grande y poder hacer subir a bordo a su propia orquesta colocados parlantes exteriores, y tocar en pleno vuelo lanzando una lluvia de arpegios y notas de tango sobre el cielo de la ciudad de Buenos Aires, transmitiendo al mismo tiempo sus interpretaciones a través de la radio. Ideal que quedó trunco".

Por último, puntualiza: “Ernesto Prougenes, era un ingeniero de origen uruguayo, de cincuenta y tres años de edad, casado, residente en la Capital Federal, quién piloteaba su propia avioneta y lo acompañaba el eximio joven músico Maderna. Y el ingeniero Roura, era español, casado, de treinta y seis años de edad, radicado en Buenos Aires, piloteaba entonces el avión de Maderna, acompañado del comerciante argentino Alberto Valentín López, soltero, de veintiséis años de edad, también domiciliado en la capital".


EL NIÑO Y EL ANGEL

Asì tituló a modo de homenaje, el recordado Juan Carlos "Lucho" Erbin, un vals cuya música estuvo a cargo de Amelia Polverini:

Un ángel muy bello que vino del cielo,
detuvo su vuelo, aquí en Pehuajó,
escuchando a un niño, sentado a un teclado
y junto a ese niño, aquí se quedó.

¡Osmar era el niño! Y ese ángel bueno,
en sus dos manitos sus alas plegó,
para que volaran sobre aquel teclado,
y mil melodías en su corazón.

El niño y el ángel no se separaron,
¡Rieron y jugaron! El niño creció,
y el ángel fue el genio que a Osmar Maderna
inspiró en su música que al piano volcó.
Sus primeros sueños en un viejo armonio,
junto con su padre, Pehuajó escuchó.

Después Vitaphone, su primera orquesta,
le ilumina el ángel en su inspiración.
Junto a sus amigos Roggero, Cipolla,
Corti, Adolfo Rivas, Buenos Aires vio,
¡Al tango argentino vestirse de gala!
Con las fantasías que al astro le escribió.
Un día, Dios lo llamó a tocar al cielo,
junto con el ángel, que lo acompañó.
¡Concierto en la Luna y Lluvia de Estrellas,
brilló el firmamento y allí se quedó!

Seguís en tu pueblo que nunca te olvida,
que un día recorriste sus calles también.
¡Con el mismo amor que se quiere a un hijo,
te recordamos con hondo querer!

Pehuajó, 1993.
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