Todo es posible

José Raúl Mesias. Varios oficios y un solo objetivo: trabajar dignamente. Nunca bajó los brazos, siempre adelante. Vendió diarios, bolsitas de girasol, barrió las calles, recolectó residuos, trabajó en panaderías y hasta en un horno ladrillero. Aprendió el oficio de plomero y gasista, se matriculó y hoy es su medio de vida.

Es sábado, noche en la ciudad, José Raúl Mesías (47) ha finalizado una semana de trabajo. Relajado, alejado del trajín diario para asistir requerimientos de reparación e instalación de servicios de gas y plomería, evoca junto a “Mirá” su trayectoria laboral desde la niñez y la fecha.

Motivó el encuentro la celebración, el pasado 2 de octubre, del día del recolector de residuos, tarea que realizó junto a su padre antes de la privatización de ese servicio en los años 80. Aquella tarea, ejercida con voluntad y dignamente, forma parte de sus hermosos recuerdos.

José nació en Nueve de Julio y en 1982 se radicó en Pehuajó. En su pueblo natal concurrió a las escuelas 2 y 50, terminando el ciclo primario en la escuela 34 de nuestra ciudad, de la cual -dice- “tengo muy lindos recuerdos”.
El trabajo fue su aliado toda la vida. Tenía 8 años y vendía diarios de lunes a sábados, y los domingos vendía girasol en bolsitas en las canchas de fútbol de su Nueve de Julio natal. De 1989 a 1991 trabajó como barrendero primero y como recolector de residuos después.

CHAU COLIMBA, BIENVENIDO EL TRABAJO

“Mi papá -rememora- trabajaba en la Municipalidad. Cuando cumplí los 18 años, me salvé del servicio militar por número bajo y justo me llamaron que había trabajo en la Municipalidad. Primero entré como barrendero y como era pibe joven me mandaron a correr a la basura, digo así porque en ese tiempo se corría bastante, no se juntaba el residuo en bolsitas sino en tachos. Había que revolear los tachos al camión, un laburo bastante bravo”.

Con una sonrisa a flor de labios y gesto de satisfacción aporta precisiones. “Como barrendero, entre otras calles, me tocó Yrigoyen y Hernández. Luego dejé el escobillón y me mandaron al camión recolector. Había que correr bastante y revolear los tarros al camión volcador, que cuando iba cargado el revoleo era más alto” señala y acota: “Tengo muy lindos recuerdos, me gustaba, era joven, jugaba al fútbol, me gustaba correr y practicaba taekwondo en ese tiempo”.

Aquella tarea, sin los recursos tecnológicos actuales era sumamente riesgosa y no tuvo exenta de situaciones comprometidas. “Un compañero mío, que iba arriba, en el cargador, se clavó una botella rota, le traspasó la bota y se cortó el pie y estuvo bastante complicado. Trabajo duro, a partir de las 9 de la noche, el camionero nos aceleraba y teníamos que correr, especialmente en el centro de la ciudad”, señala a modo de anécdota.

Y enseguida, añade: “Una vez, en un relevo, un compañero no se dio cuenta que relevaba a uno de los que corría, el que iba cargando tiró un tarro, sin querer, y me pegó en la cabeza, casi me desmayó. Otra vez, había caído una helada muy grande, fui a saltar a los estribos, estaba congelada la parte de arriba y pasé para abajo, me alcancé a agarrar, pasó todo el cuerpo por debajo del camión, pero quedé agarrado de las manijas. Un poco la habilidad de ser joven, sino me pasaba por arriba”.

TAMBIÉN PANADERO
Ambos episodios eximen de mayores comentarios. Hoy son parte de tantos recuerdos de esas noches de intenso trabajo, con calor, frío o mal tiempo. Un día se terminó el vínculo laboral y Mesías buscó otros horizontes. “Me fui cuando llegó la empresa Law Care, como estaba jornalizado la indemnización era poco. La empresa se quedó con 40 empleados no más y entonces quedé afuera, yo, mi papá y muchos más”.

Etapa terminada, pero había que conseguir el sustento familiar y otro oficio hizo lugar a sus necesidades. “Yo había trabajado de panadero, ya lo hacía los fines de semana cuando estaba en la recolección, ayudaba a cocinar en León Forte, la panadería de Raúl Agesilao, pero antes de entrar al Municipio ya había trabajado en varias panaderías".

Pero José nunca se quedó cruzado de brazos, jamás se desanimó, si hasta se atrevió a formar una familia siendo desocupado. “En el ínterin -evoca- cuando estaba dejando la Municipalidad, en 1992, me casé. Tenía 21 años y me encontraba sin trabajo, solamente tenía una changa en panadería los fines de semana. Entonces trabajé en el Golf Club, donde cortaba el pasto con un tío de mi señora”.
Raúl Mesías, padre de José, junto a empleados municipales frente a los viejos relectores de residuos

PLOMERO Y GASISTA

Luego vendría una nueva ocupación que marcaría el futuro. “Después entré a trabajar con un gasista plomero, Sergio Dari, que falleció hace poco muy joven. Aprendí el oficio de gasista y plomero y con el tiempo me largué solo porque él se fue a otra ciudad. Él me enseñó el oficio y luego hice el curso y obtuve la matrícula, desde 1997 más o menos”.

Y evidentemente ese sería el oficio definitivo de Mesías. “Gracias a Dios me ha ido bastante bien y sigo creciendo. Ahora incorporé un detector de fuga de gas, que no todo gasista lo tiene, hay muy pocos. Lo compré hace poco y me ha dado muy buenos resultados. Es una gran ayuda. Ahora estoy trabajándole al Consejo Escolar, a la Cooperativa Eléctrica, entre otros lugares donde lo apliqué. Tengo muy buenos clientes y estoy contento con este trabajo”.

Al preguntarle si tuviera que elegir una actividad, entre las realizadas, responde sin dudar. “Si tuviera que elegir una, panadero. Siempre me gustó, es lindo oficio, pero gasista, plomero también me gusta y felizmente cada vez hay más trabajo. Es un servicio que siempre se requiere”.

La experiencia del convecino es más que auspiciosa, hasta ejemplarizadora. José está convencido que todo se supera y siempre se puede salir adelante. Hay que trabajar. “Nunca me quedé -reitera y reafirma- a los 8 años empecé a trabajar. Los días de semana, en 9 de Julio, vendía dos diarios diferentes, y los fines de semana vendía girasol en las canchas de fútbol”.

“Y cuando vine a Pehuajó -agrega- tendría 10 u 11 años, trabajé en un horno de ladrillos. Aprendí a cortar ladrillos, a trabajar en el pisadero con los caballos. Hice de todo un poco”, concluye.

Elocuente. Hizo de todo un poco, nunca claudicó. Jamás le tuvo miedo al trabajo y jamás perdió la actitud y la voluntad. Demostró que la superación está al alcance de todos, pero la decisión siempre es personal y todos los sueños se hacen realidad.

Y finalmente otra particularidad, en las buenas y en las malas, nunca perdió la sonrisa.

PING PONG
-¿Un deseo?: “Ser siempre leal a Dios y a mi familia”.
-¿Un recuerdo?: “Pasear en bici con mi viejo, cuando era pequeño”.
-¿Un rencor?: “No tengo”.
-¿Un amigo?: “Tengo varios”.
-¿Un enemigo?: “El tiempo”.
-¿Una gratitud?: “La familia”.
-¿Una ingratitud?: “No tengo”.
-¿Una esperanza?: “Ver cumplidas las promesas de Dios para el futuro”.
-¿Un amor?: “Mi esposa e hija”.
-¿Una frustración?: “Trato de no sentir ninguna”.
-¿Un libro?: “La Biblia”.
-¿Un ídolo?: “No tengo”.
-¿Nueve de Julio?: “Mi infancia”.
-¿Pehuajó?: “El lugar donde formé toda mi vida”.
-¿Dios?: “Mi fuerza y sostén”.
-¿José Mesías?: “Un hombre común, que se esfuerza cada día por ser mejor persona, esposo y padre”.


MOMENTOS

“Cuando entré en la Municipalidad, estaba Julio Rodríguez de Intendente, quien fue muy amable con los nuevos empleados. Nos reunió en una oficina, éramos unos quince más o menos, y nos dijo que el trabajo de barrendero y recolector de residuos, era un trabajo digno, que no nos avergonzáramos y que lo disfrutemos”.

-El recuerdo de los tiempos de barrendero y recolector es bueno. “Tuve la oportunidad de trabajar con mi papá. Él también fue recolector unos cuantos años, mientras le respondieron las piernas, pero los dos fuimos recolectores de residuos y en un tiempo anduvimos juntos”, rememora con placentera sonrisa.

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