Oídos sordos

El viejo refrán popular “a palabras necias, oídos sordos”, afianzado en todo el mundo, tiene la particularidad de representar un consejo o una advertencia, a la hora de hacer comentarios inconvenientes o imprudentes sobre hechos, cosas o personas. En todos los casos estimula a generar una actitud de sincera indiferencia.
Las palabras, a veces agresivas con mala intención, suelen ser dichas desde la ignorancia y se traducen en comentarios negativos o críticas destructivas. Y aquí es importante recoger y poner en práctica el refrán como consejo. No permitir que las expresiones nos afecten, nos perturben.
Más que hacer «oídos sordos» proceder con «oídos inteligentes. Ahí radica la clave para evitar inútiles confrontaciones. Las malas intenciones no son otra cosa que reflejos de pobreza emocional, actitudes egoístas que no conducen a nada.
Que mejor entonces, honrando las enseñanzas de nuestros abuelos, que predicar con el ejemplo. Todos debemos respetar y ser respetados. Es importante pensar antes de hablar. Muchas veces es preferible el silencio respetuoso como sentencia aquel refrán “en boca cerrada no entran moscas”.
Siempre tengamos en cuenta, además, que es muy fácil mover la lengua y si bien no tiene huesos muchas veces los hace romper.
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