Cada día es un nuevo amanecer en la vida

No es pehuajense, pero tiene conocidos aquí y familiares en Mones Cazón. Fue camionero y tractorista. Hace más de una década que se moviliza en silla de ruedas. Si bien cambió de oficio, la discapacidad no le impide trabajar y disfrutar lo que hace. Sostiene que la vida es “improvisación” y pase lo que pase hay que aprovecharla.



La inquietud llegó a nuestra mesa de trabajo a través de una convecina pehuajense, lectora de Mirá. Identificada con las historias de vida que se publican, aportó la data sobre un vecino de la localidad de Salazar, con familiares radicados en Mones Cazón y conocidos en nuestro medio.

Manuel Eduardo Porris, tiene 60 años y, desde hace doce calendarios, se moviliza en sillas de ruedas. La discapacidad no le impide afrontar tareas y es común verlo arreglar bicicletas, motoguadañas, autos, motos, por citar algunas. Nació en Salazar, partido de Daireaux. Fue alumno de la escuela nº 12 del paraje “La Carreta”.

“A raíz de una minusvalía (pérdida de fuerza) me hicieron una serie de estudios. Recorrí varios caminos hasta llegar a la conclusión: había un tumor benigno comprimiendo la medula espinal”, explica y agrega: “Realizaron una cirugía la cual deja como resultado una hemiplejía y como consecuencia la discapacidad. Desde entonces, debo movilizarme en silla de ruedas”.

ACTITUD PARA EL CAMBIO DE VIDA



El cambio de vida fue contundente, pero su actitud ante la realidad también fue categórica. “Fue difícil superar este trance, pero con ayuda del equipo médico, el apoyo incondicional de la familia y tener un proyecto de vida, fueron herramientas para llevar adelante la discapacidad”.

Y la realización de diversos trabajos fue y es la mejor terapia de superación para Manuel. Entre otros, arregla bicicletas, motos y autos; repara cadenas de motosierras y el funcionamiento de motoguadañas; y agujerea varillas para alambrado. Todo lo hace con placer y con la ayuda de su esposa Sandra Castillo, quien en forma incansable trabaja siempre a su lado.

APROVECHAR LA VIDA
Manuel se siente satisfecho. “La mayor parte del día la ocupo en mis trabajos, y otra parte charlando con vecinos y realizando ejercicios, como caminar en paralelas, que también la construí yo”.

Sus palabras y sus acciones eximen mayores comentarios. Nadie sabe qué puede pasar en la vida, lo importante es tener la firme convicción de asumir situaciones y seguir adelante pase lo que pase. No todos somos capaces, pero Manuel Porris en un ejemplo de que “se puede”.

Sus horas son compartidas y sus manos inquietas las hacen productivas. Está convencido que “la vida es una improvisación, es larga y corta. Debemos aprovecharla y saber resolver lo que surge”.

Allí está Manuel Porris, por las calles de la progresista Salazar, con sus afectos, sus amigos y una actitud que enaltece y nos sirve de ejemplo a tener en cuenta: “Hay que agradecer, cada día, el nuevo amanecer”.
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