“Para cambiar la vida, lo mejor es acercarse a Dios”

Los personajes son una especie de íconos vivientes en los pueblos. No quedan muchos. Todos, en mayor o menor medida, cumplen roles muy particulares. Son protagonistas permanentes en la vida comunitaria. Hace dos años y medio, rendimos homenaje a “Juancito”, el botellero o “el Mana Villavicencio”, para otros. En forma permanente nos acerca inquietudes y preocupaciones, fruto de su andar callejero donde ve y vive, como pocos, la vida de los pehuajenses.





El pasado 29 de abril, día del animal, nos visitó con “Croto” su fiel perro compañero de todas las horas. Simplemente quería insertar a su amigo en Internet, y a través de él, rendir tributo a la especie animal. Lo hicimos, cumplimos con Juancito, pero el encuentro dio lugar a otros temas. Por eso, hoy es nuevamente protagonista de mirá.

Luego de su recuperación, después de mucho tiempo de internación, Juancito encontró afecto y contención en la Iglesia Evangélica Menonita de nuestra ciudad. Sin fanatismo, pero con nobles sentimientos, nos dijo: “para cambiar la vida, los mejor es acercarse a Dios. De esa manera, llegará la felicidad y la libertad dada por el creador del universo”.

De acuerdo a las normativas del citado culto, Juancito recibió el bautismo en el viejo templo de calle Rivarola, acontecimiento más que significativo, que tuvo a cargo del pastor Rául García, por quien siente especial afecto y admiración.

A su manera, más que con palabras con gestos y actitudes, predica la sagrada palabra. De noche o de día, al amanecer o al atardecer, en un barrio, en una plaza, en una esquina cualquiera, junto a su pintoresca y no menos sofisticada bicicleta, con la cual junta botellas y otros elementos. Constituyen su medio de vida y el sustento para hacer realidad los sueños que por encima de necesidades personales los cultiva pensando en los demás, en los niños y en los más necesitados.

Él mismo se ocupa de promocionar las ventas. De boca en boca, con la ayuda de emisoras radiales y un teléfono celular donde sólo se atienden llamados. A pesar de no haber cursado estudios, maneja muy bien los números. Es que desde chico le tentaron los negocios. “A los seis meses me echaron de la escuela. No me gustaba estudiar. Lo que me gustaba era sacar cuentas”, afirma.

Conserva gratos recuerdos de su paso por la Escuela Especial, donde si bien “lo único que quería era sacar cuentas”, aprendió a fabricar cepillos y compartir su elaboración con los compañeros.

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