Plegaria













Por Esteban Fauret

¡Madre tierra !
atosigada de fusiles,
necesito el verdor de tu simiente
para seguir creyendo que la semilla
no es incapaz de crecer.
Que en los surcos que abre la metralla,
la muerte toca a retirada
cuando la fuerza de la vida
trepa entre las ruinas hacia el sol.
¡Madre tierra !
En ti dejo mis sueños;
en las horas aciagas en que el fragor
abre brechas entre la carne y la esperanza.
Y en la desesperanza encuentro mis ansias.
El futuro incierto en el que creo.
Porque aún necesito de la vida;
no he saldado cuentas y no quiero
partir sin haberlo hecho.
¡Madre tierra !
Los antihéroes de la existencia vienen marchando.
Los jinetes cabalgan en corceles de acero;
cabalgan sobre muertos en los surcos
que no florecerán en pan ningún enero.
y los aromos de septiembre serán solo
en mi infancia recuerdos.
Por eso en tu regazo dejo el tiempo,
en el que creo.
Y al estrépito de la trompeta de los ángeles
de cara al sol espero,
con la esperanza al viento que nos trae
lejanos lamentos,
arrullando el descanso de los sueños.
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