La ostentación, mala consejera

“El que gana su comida
bueno es que en silencio coma.
Ansina, vos, ni por broma
quieras llamar la atención.
NUNCA ESCAPA EL CIMARRÓN
SI DISPARA POR LA LOMA”.
(2371) (Canto XV)


El hijo segundo de Martín Fierro, con estos consejos del Viejo Viscacha, va aprendiendo a vivir. La lección que se desprende del contexto de esta estrofa, no pierde con el tiempo ni fuerza ni actualidad.

Hace una antítesis entre la modestia y la ostentación, entre la humildad y el alarde. Comer en silencio lo que uno gana, es la actitud correcta de todo ser humano. La otra, la de llamar la atención se explica con el refrán.

Justamente el cimarrón del refrán, es una imagen del hombre, y la loma, una imagen de la vida. Hay animales mansos y hay animales potros, salvajotes. El hombre imita al cimarrón, es el que quiere vivir a todo trance en la loma de la ostentación, de la fastuosidad, es el que busca honores, aplausos y todo cuando sugiere la vanidad. Le gusta estar en la boca de todos, llamar siempre la atención, estar en la loma, que es lo mismo que estar en exposición.

Los gauchos saben que si el potro dispara por la loma, es fácilmente capturado, porque es visto de todos los lados. Esta verdad la ignoran los trepadores, aquellos que no han llegado a la loma por sus virtudes personales, sino por simple afán de ostentación. Olvidan que cuando suena el grito de escapar, están a la vista de todos y se convierten en el “hazme reír”.

La ostentación siempre ha sido mala consejera. Y cuando se cae desde muy alto, más fuerte suele ser el golpe.

“Los pocos sabios que el mundo han sido”, como escribió fray Luis de León, han elegido siempre el camino de la simplicidad y de la modestia, en armonía con su propio entorno. El equilibrio, la templanza y la modestia son virtudes de hombres cuerdos que “saben comer en silencio el pan que ganan”.
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