El aprendizaje en el adulto

Caminar, correr, hablar, leer y escribir, sumar, andar en bicicleta.... la lista de cosas que hemos aprendido de chicos podría seguir hasta el cansancio. Es por esto que resulta muy común pensar que la niñez es el momento de la vida más apto para aprender.

Puede que haya algo de verdad en esto, pero también puede que este pensamiento se convierta en una pequeña trampa si pensamos que la niñez es el único momento de la vida en el que podemos aprender. Y, aunque no caigamos en esta trampa, bien vale la pena preguntarnos por qué a los niños les resulta tan fácil aprender.

Llevo ya varios años de labor docente, por mí han pasado alumnos de todas las edades y debo decir que la principal diferencia que encuentro entre un alumno niño y uno adulto no tiene tanto que ver con una mayor o menor facilidad “natural” a la hora de aprender, sino con la confianza, y casi podríamos decir con la osadía.

El niño explora, investiga, curiosea, hace y deshace, se equivoca, se corrige, prueba todo, intenta todo, se asombra ante las pequeñas cosas....y en ese juego interminable construye aprendizajes de forma absolutamente natural, en un tiempo que parece detenerse y ponerse a su servicio.

Los adultos, muy por el contrario, nos auto-censuramos todo el tiempo... sobredimensionamos tanto el error que a veces ni siquiera nos animamos a intentar algo por temor a equivocarnos o hacer el ridículo. Hemos perdido la capacidad de explorar libremente, de jugar sin censuras ni barreras, de tomar el tiempo y hacerlo nuestro, obligándolo a que marche de acuerdo a nuestros deseos, gustos y necesidades....Esto, a menudo, es el mayor impedimento para que el aprendizaje se produzca en el adulto.

Mientras escribo estas líneas me vienen recuerdos de alumnos, aquellos que, tras toda una vida de postergar, por motivos diversos, el deseo de aprender a tocar un instrumento, finalmente se animaron a hacerlo. Pienso en sus temores iniciales, en lo mucho o poco que les costó flexibilizar algunas de sus estructuras..... y pienso también en la felicidad que los invadió cuando descubrieron que también ellos podían tocar un instrumento y hacer música, que la oportunidad no estaba aún perdida.

El aprendizaje no tiene edad, cualquier momento de la vida es propicio para comenzar a tocar un instrumento musical.... simplemente hay que desenterrar y desempolvar ese niño que alguna vez fuimos, y que aún vive en nosotros, y dejarnos invadir por su curiosidad, sus ganas de conocer, su despreocupación frente al error o la censura, su libertad y su no-tiempo.... y sobretodo, su capacidad de jugar.

Ariadna Cinel / Carlos Otero
Taller Musical “Manos a la obra”

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