La práctica del amor a la manera de Jesús

Por Raúl García (Iglesia Evangélica Menonita) - Dijo Jesús a sus discípulos en el Capítulo 7, versículo 12, del Evangelio según San Mateo: “Traten a los demás , como quieran que los traten. En esto consiste la ley y los profetas”. La convivencia humana no se puede eludir. Es el lugar de la realización humana. Se lleva a cabo en la familia, en el lugar de trabajo, en la escuela, en la comunidad, en todas partes y actividades. El cristiano no es alguien que vive aislado, sino que convive y eso no es naturalmente una tarea sencilla.

Dijo Jesús en San Juan l3, versos 33 y 34: “Les doy un mandamiento nuevo: Ámense unos a otros. Ustedes deben amarse de la misma manera que yo los amo. Si se aman de verdad, entonces todos sabrán que ustedes son mis seguidores”. Esto nos obliga a pensar que el termómetro de la madurez humana y cristiana está en el ejercicio del amor. Tenemos que ver a Jesús en el otro, aún cuando opinemos que no lo merece… Llego a pensar que todavía nos hace falta un nuevo Pentecostés del corazón -venida del Espíritu Santo a nuestras vidas- para obtener un cambio de mentalidad.

El Saulo de Tarso, que era perseguidor de los cristianos en la primera etapa del cristianismo, tuvo una experiencia de conversión mientras iba en la búsqueda de más seguidores de Cristo para ajusticiarlos. Jesús se le apareció en el camino a Damasco y allí se inicio una transformación que lo llevo a ser el San Pablo que conocemos como el gran imitador de Cristo. Así lo afirma en la carta que escribe a la Iglesia de Galacia, capítulo 2, versículo 20: “En realidad también yo he muerto en la cruz junto con Jesucristo. Y ya no soy yo el que vive, sino que es Jesucristo que vive en mí. Y ahora vivo gracias a mi confianza en el Hijo de Dios porque El me amo y quiso morir para salvarme”.

La segunda carta de Pedro cierra su discurso diciéndonos “dejen que el amor y el conocimiento que nos da nuestro Señor y Salvador Jesucristo los ayude a ser cada vez mejores cristianos”.

La práctica del amor a la manera de Jesús, incluye el arrepentimiento y el perdón.
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