Silencios de guerra y de pandemia

Al celebrarse el Día de los veteranos y caídos en Malvinas, nuestro humilde homenaje y expresiones de deseos cuando la incertidumbre embarga al mundo.


Se cumplen 38 años de la guerra de Malvinas. El silencio domina todo. El mundo en guerra contra un enemigo invisible y cruel. Invade a todos y genera sentimientos diversos y movilizantes.

El episodio bélico de 1982 motiva ineludibles recuerdos. No es lo mismo aquella guerra que esta pandemia. Son diferentes pero hay sensaciones coincidentes. Ayer, si bien las sorpresas eran constantes, al menos se conocía el enemigo. Hoy se sabe su nombre, sus características, pero se ignora punto de combate.

El silencio es común. Ayer en los tiempos de guerra, hoy en tiempos de pandemia. Ayer, después de una euforia compartida vino la incertidumbre, el silencio preocupante y luego el dolor bañado de sangre y muerte. Hoy, exenta de euforia, prevalece una creciente incertidumbre y un profundo silencio sacude interiormente a todos por igual.

Ayer seducidos, primero por la algarabía que causó la recuperación de las islas y luego por el dolor y desconsuelo de la trágica derrota, todos estuvimos unidos y solidarios. Cadenas de oración, campañas de ayuda, algunas con destinos indeseados y frustrados. Y después, el retorno de sobrevivientes y el el dolor infinito por aquellos que no volvieron, quedaron en fondo del mar o en la tierra malvinera.

Lentamente se fue disipando el espíritu de unidad y solidaridad, el espíritu de cuerpo. Cada 2 de abril se renueva el reconocimiento a los ex combatientes y el emocionado tributo a los muertos en combate.

Hoy, conmovidos por una inesperada amenaza de subsistencia, ante el avance del desconocido coronavirus, nuevamente todos unidos y solidarios. Raramente, juntos pero separados. Unidos pero aislados. Todo jamás imaginado pero real. Y el silencio una vez más, nuestro aliado para meditar, pensar en el pasado y rezar, rogar, como quizás nunca lo hicimos.

Hace 38 años se ignoraba cómo sería el final. Se pensaba que las secuelas de la guerra nos mantendrían siempre unidos y solidarios. Algo cambió, se recuperó la democracia y un tiempo nuevo se puso en marcha. Pero el anhelado y soñado nuevo ser nacional, humano y desinteresado, que estimuló la unión y la solidaridad, no fue posible.

Hoy, ante un drama mucho más temeroso, el silencio domina y los sentimientos de unidad y solidaridad renacen con mayor fuerza. La vida de todos está en riesgo. El final de la pandemia es imprevisible. Las secuelas ya se evidencian. Preocupa imaginar el tiempo que vendrá.

Será acaso el momento definitivo para sostener la unidad, el espíritu de cuerpo, de comunidad, en las buenas como en las malas, exento de soberbia, egoísmos, ambiciones, oportunismos, especulaciones, individualismos, fanatismos ideológicos. Nacerá realmente el nuevo ser argentino.

Al recordar a los héroes y las victimas de Malvinas, es justo aprovechar el silencio que nos invade, para pedir y rogar al Supremo Hacedor que ésta vez el “siempre unidos”, “todos juntos”, “siempre solidarios”, sean palpable realidad y podamos construir “entre todos” un venturoso futuro.

De nosotros depende. Que así sea.

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