El padre Vicario, predicador del bien común

Fue un impulsor de la promoción humana en el ámbito rural e incansable predicador del bien común. Soñaba con un Pehuajó unido.Su obra alcanzó matices y connotaciones muy especiales. A una década de su partida, evocamos su accionar.


Se cumplen 10 años del fallecimiento del convecino Julio Emilio Vicario, educador, periodista y sacerdote, pehuajense que cumpliera destacados roles comunitarios durante más de 60 años. A modo de recordación y homenaje nos place revindicar aspectos salientes de su intensa labor en distintos ámbitos de acción.


QUEHACER PERIODÍSTICO
Desde muy joven incursionó en el periodismo. Sus primeros aportes fueron el diario “El Debate”, entre 1937 y 1942. Años después, a cargo del Instituto de Capacitación Rural “Santa María” de Guanaco editó “INCAGUA”, publicación dedicada a reflejar todas las actividades referidas a la promoción humana.

 Concibió trabajos de alto nivel teológico y filosófico, haciendo hincapié en sus firmes convicciones acerca del bien común y la promoción humana. Cultivó la poesía con contenido filosófico y religioso. Ahondó en tareas investigativas sobre el pasado pehuajense y remarcó vivencias propias de profunda significación reflexiva y valor testimonial.

Deseaba y oraba constantemente por un Pehuajó unido. Afirmaba que era el único camino para consolidar un desarrollo sostenido y coherente. Hizo aportes en tal sentido que no prosperaron y dejó mensajes muy claros cuando analizó el por qué y el para qué Pehuajó, haciendo hincapié en la persistencia de los desencuentros.


LABOR EDUCATIVA
Fue alumno de la escuela Sarmiento y luego egresó como maestro en la Escuela Normal de Pehuajó. Se desempeñó como maestro rural en la localidad de Chiclana y fue Ayudante de Gabinete en la Escuela Normal. Además, fue Profesor de Gramática en el Seminario Pio XII de Mercedes, Profesor de Religión en el Colegio Nacional de Trenque Lauquen, Profesor de Ciencia y Filosofía de la Educación en el Instituto de Perfeccionamiento Docente de Trenque Lauquen y Profesor de Pedagogía, Psicopedagogía, Psicología y Filosofía en el Instituto Estrada de Pellegrini.

Dedicó muchos años, con notorio entusiasmo y énfasis, a la educación rural. Fue Secretario General de la Universidad Católica Argentina y Director del Departamento de Teología y de la Escuela de Filosofía de la Universidad Católica de La Plata.

Entre otras actividades, durante varios años fue Asesor del Ministerio de Educación de la Provincia de Buenos Aires en todo lo referente a la problemática educativa rural. También acompañó al ex Intendente Pablo J. Landa como Director de Vivienda de la Municipalidad de Pehuajó, cuando se produjeron los primeros efectos causados por inundaciones en el distrito.

Más tarde integró la Comisión de Promoción del Agua Potable en el Noroeste de la Provincia de Buenos Aires y fue inspirador y Vicepresidente de la Fundación San Bernardo para la promoción humana.


Al priorizar su labor en el ámbito rural, desde 1964 hasta su fallecimiento se radicó en Guanaco, desestimando ofrecimientos hasta del exterior. El entonces Obispo de la Diócesis de Nueve de Julio, monseñor Antonio Quarracino le confió la conducción del Instituto de Capacitación Rural “Santa María” de Guanaco.

La tarea lo sedujo y trabajó intensamente. El compromiso inicial era por tres meses pero no se fue nunca más. La transformación del ex Preseminario de Guanaco se tradujo en una herramienta de vital importancia para hacer realidad la promoción humana en beneficio de las familias rurales. El quehacer del Instituto logró trascendencia nacional y satisfizo todas las expectativas.

MISIÓN ECLESIASTICA
El presbitero Julio Vicario fue cura párroco las iglesias Nuestra Señora de los Dolores de Trenque Lauquen y Nuestra Señora del Carmen de Pellegrini, Vicario Cooperador en la parroquia de Bragado y Vicario Perpetuo en la Iglesia San Bernardo de Guanaco. Se desempeñó como capellán de la Unidad Regional X de la Policía de la Provincia de Buenos Aires y cumplió tareas sacerdotales en las parroquias “San José” de Mones Cazón y en “Santa Rosa” de la localidad de Magdala.


También fue Juez Prosinodal y Examinador Prosinodal en la Diócesis de Nueve de Julio, Asesor Diocesano del Movimiento Rural de la Diócesis de Nueve de Julio y Asesor del Ateneo de la Juventud de Buenos Aires.

En más de una oportunidad dando respuesta a puntuales requerimientos, aportó precisiones al Vaticano sobre determinados temas y asuntos de profunda raíz religiosa y cristiana.


Sus homilías tenían características muy particulares. Abordaba el evangelio del día de una manera especial, connotando las sagradas escrituras con el presente. Solía descender del púlpito y recorrer todo el templo. Su voz, clara y potente, ponía énfasis en los aspectos esenciales que alimentaban la comprensión y reflexión de los fieles. Muchos peregrinos concurrían a los oficios religiosos atraídos por esa condición del predicador, en el templo San Bernardo de su amado Guanaco, donde centralizó su labor desestimando avanzar en la carrera eclesiástica. "El destino señalado por Dios es este", afirmaba con vehemencia.

COMUNIDAD Y ACCIÓN INTERINSTITUCIONAL
Tanto desde el Instituto Santa María como por accionar sacerdotal puso en práctica la coparticipación interinstitucional que durante más de tres décadas facilitó la intervención de entidades de todos los ámbitos comunitarios para llevar a cabo emprendimientos de capacitación.


El trabajo en comunidad y la acción cooperativa interinstitucional fue una de las iniciativas impulsadas por el padre Vicario, que se tradujo en una efectiva y eficiente metodología, motivadora y generadora de importantes logros.

En síntesis, fue un brillante ciudadano pehuajense, intelectual destacado, teólogo y filósofo contemporáneo, calificado educador, periodista talentoso y un sacerdote de firmes convicciones. A una década de su retorno a la Casa del Señor, nuestro homenaje y reconocimiento.

Había nacido un 4 de agosto, día del cura párroco. Y su partida se produjo el 15 de agosto, día de la asunción de la Santísima Virgen



PASTOR DE LA ESPERANZA

(Homenaje realizado en vida por el periodista de Carlos Casares, Juan Domingo Ondano)

Por la vieja arboleda, camina lento,
disfrutando su sombra y sus silencios...
Lleva sobre su espalda cientos de sueños
y un Rosario Bendito entre sus dedos...
El Soldado de Cristo de San Bernardo,
Pastor de la Esperanza, Padre Vicario...


Van mirando el camino, que es ancho y largo,
con pupila tranquila, sus ojos mansos...
En el centro del pecho, crucificado,
quien le marca la senda, su apostolado,
mientras aroma el aire de San Bernardo
el perfume silvestre de los naranjos...

Muchas veces lo he visto andar cantando,
con los grillos del campo de bastoneros,
mientras las mariposas de los recuerdos
una "ronda de sueños" le van formando
para que juegue en ella, como en los tiempos de la lejana infancia, Julio Vicario...


La vida, luego, tuvo caminos nuevos,
con silencios de claustros y seminarios,
donde la voz del Padre se hizo campana
para que su vocación de Cura fuera abrevando,
y encontró en los escritos de los Profetas
un sentido cierto al Abecedario...

Pero el niño que había en sus adentros,
su corazón de tiempo siguió marchando
para que viva siempre en la sonrisa
que le dibuja estrellas sobre sus labios,
mientras sigue bebiendo sombras tranquilas
de la vieja arboleda de San Bernardo.

...Y un Rosario Bendito juega en los dedos
del Pastor de la Esperanza, Julio Vicario.

JUAN DOMINGO ONDANO

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