Con un pentagrama en el alma

Hay maneras de ser y de actuar que enaltecen. Compartir y ayudar son verbos cuya práctica no se agota cuando prevalece una actitud positiva. Así lo asume la convecina Clotilde Medel a través de la música, como lo hicieron sus padres. Nuestro homenaje a la música y a la familia Medel que tanto hizo por la cultura pehuajense.



Encuentro con Clotilde “Tile” Medel (94) y el recuerdo a sus padres, cultores brillantes de la música instrumental y coral en Pehuajó. La casa de Tile tiene características muy especiales, es lugar de encuentro de coreutas, un ámbito de puertas abiertas donde se respira música en forma constante.

La buena costumbre viene de lejos. Su padre, el talentoso músico español radicado en Argentina en 1910, la inculcó junto a su madre, Clotilde Jové, hija del virtuoso violinista Juan José Jové. Clotilde y Joaquín, contrajeron matrimonio en 1920 y condujeron los destinos del Instituto Musical que estaba ubicado en calle Yrigoyen 441. Ambos tenían marcado un pentagrama musical en el alma.

En 1946 fallece don Joaquín Medel y Clotilde continuó con la enseñanza musical. En 1951 se perpetuó el nombre de su esposo con la creación del Coro Municipal Joaquín Medel, que hoy sigue vigente y es una de las agrupaciones culturales brillantes de la ciudad.

SIEMPRE PRESENTE

“Tile” Medel ha sido y es una perseverante colaboradora del coro. Así se autodefine. Siempre estuvo presente honrando a sus padres y ratificando la presencia de los Medel. Observa el living y afirma: “Siempre estuve en el coro Medel y en este lugar está siempre en coro presente. Aquí están los pianos y este ámbito está a disposición de ellos a la hora que quieran”.

Y es común, en los atardeceres, pasar por calle Del Valle, ver gran parte del Coro Medel ensayando en la casa de Tile. “La música hace bien, es como una terapia. Cuando ensayan acá me siento bien. Me siento en una silla y canto con ellos”, acota sonriente.



Tile desde niña estuvo relacionada con el arte de combinar los sonidos. Y los cuadros, fotos y ornamentos del confortable living dan fe de esa particularidad. Es la historia de los Medel, es la historia del coro, uno de los más antiguos del suelo bonaerense. “La obra musical la inició mi padre, pero mamá siempre estuvo a su lado y fue la impulsora del Coro Medel. Cuando el coro tenía altibajos mi madre los reanimaba. Le encantaba la música, nunca bajaba los brazos. Era una luchadora”.

La participación de Tile en el coro ha sido una constante. “Siempre estuve en coro, como un integrante más, dirigir no me atreví ni me gustó nunca. Sí estar dentro del coro y ayudar en todo lo que se pueda”.

No cree ser heredera del quehacer musical. “No me considero haber tomado la posta de mi madre. Apenas he ayudado. Soy una chiquita de la música, me gusta mucho”, sostiene y remarca: “En mi familia no hay ahora herencia musical. Soy la última que siguió el camino abierto por Medel. Me crié y viví donde funcionaba el conservatorio Fontova y ensayaba el coro”.

UNA LINDA COSTUMBRE
Simple, serena y pausada en sus afirmaciones, como manejando tiempos y silencios, aferrada a los lindos recuerdos y las costumbres aún latentes. “En los grupos corales se genera una linda amistad. Por este lugar ha pasado mucha gente. Y me gusta que vengan, me siento bien. Me encanta que vengan, les doy la casa, el piano, todo”.

Es una costumbre que se heredó. Don Joaquín y Clotilde procedían de la misma manera. Su casa, era la casa de la música. “Yo aprendí de ellos. Se cantaba a cualquier hora, hasta después de cenar, se reunían”.

Y además de cultivar música, en la casa de Tile los “tiempos idos” están presentes, laten, se sienten. No se guardan las fotos en cajones de recuerdos ni en álbumes amarillentos. Son parte del entorno ambiental. Allí se sintetiza la historia de la familia Medel y la historia del coro que en siglo pasado formó mamá Clotilde, y ya tiene apenas 64 años de trayectoria. “Es una costumbre nuestra tener las fotos a la vista, no guardadas. Me encanta mirarlas”, dice.

Nos vamos, agradecidos, regocijados por el grato encuentro. Y un pentagrama de placer se dibuja en el rostro de Tile Medel al preguntarse si después de tantos años de intensa vida musical, se sentía feliz: “Pero sí hombre, me siento feliz. Donde haya canto, coro y me necesiten para ayudar, estoy...”.
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