La música y los niños… ¿Ruido o expresión?

¿Qué hacer cuando nuestro hijo demuestra interés por la música? El descubrimiento de la música es un fenómeno que sorprende y atrae a personas de todas las edades, y, como todo aprendizaje, puede ser llevado a cabo en cualquier momento de la vida, siempre y cuando exista el verdadero deseo de hacerlo.

Sin embargo, el aprendizaje no se da de igual forma en la niñez que en la adultez, en tanto cada etapa se caracteriza por una forma particular de abordar las experiencias de la vida.

En lo que respecta al niño, su vida está regida por lo que podríamos llamar una “actitud de juego”. Jugar, en este sentido, va más allá de la búsqueda de diversión: el niño explora el mundo jugando. Pero, ¿a qué nos referimos con jugar? El juego es, en primera instancia, una actividad satisfactoria en sí misma, que no busca una meta externa: jugar es el objetivo mismo del juego. Y es por esto que una de sus características es la repetición: si jugar es el objetivo y es lo que genera satisfacción y placer, el juego ha de repetirse hasta el cansancio, unas veces de igual forma que al comenzar, otras veces incluyendo variantes y explorando posibilidades nuevas.

Esta actitud de juego, cuando se orienta al aprendizaje de la música, lleva a que el niño explore el o los instrumentos de su predilección (o tal vez el único que tenga a mano), una y otra vez, de forma efusiva y con insistencia. Y esto, lógicamente, no siempre es bien recibido y apoyado por el grupo familiar cercano a él.

Digo “lógicamente” porque a todos nos sucede que, al culminar la jornada laboral, todo lo que queremos es llegar a casa y descansar del ruido de la ciudad, del estrés y las presiones, y si en ese momento nuestro hijo se acerca a nosotros con una flauta dulce pretendiendo hacernos escuchar esa melodía que aprendió a tocar en la hora de música del colegio, o el ritmo de la canción que le gusta con una olla y un cucharón, bien puede suceder que nos sintamos inclinados a hacerlo callar.

Pero sucede que, al hacerlo, no sólo estaremos interrumpiendo la exploración que esté llevando a cabo en ese momento, sino que, lo que resulta más grave aún, lo estaremos coartando en su libertad de expresión y exteriorización de su propio ser y sentir, desvalorizando además una producción musical que es única y original.

Cuando un niño se inclina por la música, deseando tocar uno o más instrumentos, resulta indispensable la aceptación, el acompañamiento y el apoyo de los adultos que conforman su círculo familiar. Por supuesto, no se trata de dejarlo tocar en todo momento y lugar, sino simplemente de generar momentos y espacios en los que esta exploración pueda llevarse a cabo libremente. Y cuando desea mostrarnos lo que descubrió, intentar hacernos un pequeño espacio para escucharlo. Y digo “pequeño” porque el niño insiste cuando no es escuchado, pero si lo es, dice lo que tiene para decir y luego continúa con su actividad...

Estas breves líneas constituyen, pues, una invitación a respetar los espacios de exploración musical de nuestros niños, ayudándolos a generarlos y ordenarlos...Y, por qué no, dejar salir a ese niño que todos llevamos dentro, y acoplarnos por un rato a la exploración musical de nuestros hijos, permitiendo que sea la música el común denominador de un precioso e irrepetible momento compartido.

(Aporte de Taller Musical “Manos a la obra”, Lavardén 793)
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1 comentarios:

  1. Dejemos que los niños promuevan su expresion, su entusiasmo e interes por la musica, que no es un fenomeno sino un arte...
    No hay nada mas importante que tener la facultad desde muy temprana edad de poder expresar nuestro arte.
    Como se conoce el concepto pitagorico, La armonia es la proporcion de las partes de un todo.
    Los niños deben tener la posibilidad de descubrir su propio arte.

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