Juancito, el botellero

De madrugada, durante el día y hasta al anochecer, “Juancito” el botellero o “el Mana” para otros, recorre las calles de la ciudad en su bicicleta de trabajo, adaptada para apilar la mayor cantidad posible de botellas.

Cada recorrida tiene su punto de partida y de llegada en Del Valle 1250, frente al barrio Banco Provincia, donde almacena las botellas y diversos elementos que comercializa, de boca en boca, entre los conocidos, y recurriendo a la gentileza de las emisoras radiales haciendo uso de un teléfono celular, donde tiene vedados los mensajitos de textos.

Y así transita por la vida, el conocido Juancito que desde la niñez tiene una especial inclinación por “las cuentas o los negocios” pese a que nunca quiso estudiar. “A los seis meses me echaron de la escuela. No me gustaba estudiar. Lo que me gustaba era sacar cuentas, sabiendo más yo que la maestra”, comenta entre otros recuerdos de un tiempo ya lejano.

Después –recuerda- lo mandaron a la Escuela Especial, “pero tampoco fui. Lo único que quería era sacar cuentas”. De todas maneras, Juancito concurrió a ese establecimiento educativo y rememora: “me lo pasaba enseñando a los demás chicos a hacer cepillos. Estaba como en mi casa, entraba y salía cuando quería”.
Juan Pedro Villavicencio, hoy tiene 58 años de edad, y luego de superar múltiples dificultades ha retomado su actividad. Trabaja con el entusiasmo de siempre, el mismo que desde muy chico ponía en práctica. “Mi padre me hace un carro con cajones de manzanas, con cuatro ruedas, y empiezo a trabajar en una carnicería donde hacía mandados y me pagaban con tres cabezas de vacas. Vendía la lengua y los sesos, y el resto me lo quedaba”.

También hizo mandados en el secadero de manzanilla de Atún. Recuerda además que al no poder pronunciar la palabra manzanilla “me apodaron “manani” y es el sobrenombre con el que se me conoce actualmente, si bien la mayoría lo minimiza aún más y los llaman “Mana”.

Siempre le gustó estar informado de los temas de actualidad. Cuenta que en la niñez, cuando empezó a hacer mandados “fui ahorrando y a los tres meses me compro una radio y me iba enterando lo que pasaba en el país”. Ese interés, despertó y puso en práctica sentimientos solidarios, generando campañas de ayuda a favor de necesidades del hospital o de escuelas, ámbitos donde Juancito se manifiesta agradecido y predispuesto a extender una mano.

En apretada síntesis de su vida, entre otras cosas, remarca que “a los 13 años, las malas juntas hacen que mi padre y mi madre me pongan en vereda, por orden del comisario. Me querían mandar 8 meses a un colegio”. Más tarde vendría un cambio de barrio y la decisión de trabajar, y entonces, afirma Juancito, “empiezo a rodar por las calles de Pehuajó, hasta la actualidad, trabajando por mi cuenta de peón de albañil y lustrador de muebles y de la venta de botellas”.

Y en la vida del “Mana” o “Juancito, el botellero”, como él mismo se define, hay una pasión que lo halaga y reconforta. Su amor por Boca Juniors. Si hasta en su casa flamea, además de la celeste y blanca, la azul y oro del club de la Rivera y en su bici callejera también se manifiesta su sentimiento “bostero”.

A propósito, nos dijo: “Tuve problemas en esa época cuando me toca ir a la escuela, porque como me gustaba jugar, iba vestido de jugador de fútbol y de botines sacachispa, con la pelota y la camiseta de Boca”.

Juancito sigue su ritmo, rodando de la mejor manera por las calles pehuajenses, sacando cuentas para definir sus ofertas y hacerlas conocer gracias a las gauchadas de las radios; pensando en extender una mano, soñando con grandes proyectos y por estos días, pensando en un festejo fuerte, pleno de azul y oro, porque según dicen, antes de navidad, su amado Boquita puede agregar otra estrella a su bandera.

Que así sea.
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1 comentarios:

  1. Gran tipo el "Mananilla". Hemos compartido muchas horas en la vieja sede de Estudiantes (calle Rivarola) jugando al billar francés. Tenía una habilidad envidiable en este juego, muy certero en sus tiros y muy inteligente preparando la próxima jugada. Guardo un gran recuerdo de él.
    Hermosa esta nota.

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