Después de la tormenta sale el sol

Hay expresiones populares que proliferan en las buenas y en las malas. Ayudan a enfrentar situaciones y alimentan la esperanza. No hay mal que por bien no venga y cuando una puerta se cierra hay otra que se abre.


Al transitar "Por la huella", sección de nuestro portal que estimula el cultivo de buenos sentimientos y actitudes positivas, nos detenemos en la expresión popular o refrán histórico "No hay mal que por bien no venga", bastante reivindicado en este inesperado tiempo de incertidumbres como consecuencia del invisible enemigo llamado "corona virus".

El viejo refrán ha sido y es de uso frecuente en todos los ambientes. Siempre es bienvenido porque transmite una visión optimista al sostener que de una adversidad se puede extraer o puede surgir algo bueno. Huele a sinsabor, pero abre la esperanza de una consecuencia favorable, dichosa, feliz.

La expresión viene de lejos. Su origen es español, época del clasicismo. Hay quienes afirman que es una derivación de la sentencia de Platón: “Nada de cuanto sucede es malo para el hombre bueno”. Otros la consideran como una adecuación de fragmentos de la filosofía presocrática (Aristóteles o Heráclito) cuando afirma que “el conflicto es el promotor del cambio y a su vez es consecuencia de este...”.

Otros analistas le adjudican origen cristiano al sostener que “todo lo malo que nos acontezca en la vida será recompensado”. Ahora bien, cualquiera sea el origen, coinciden en señalar que es uno de los refranes más antiguos. Ya en el año 1627 aparece en un libro, pero con versiones dispares: “No hay mal que no venga por bien” y “Mirad para quién, no hay mal sin bien: cata para quién”.

Más allá de tantas derivaciones y connotaciones, es importante priorizar siempre la necesidad de ver el lado bueno de las cosas. Todo mal puede deparar cosas buenas, se afirma desde tiempos inmemoriales.

Bien es cierto que cuando alguien se propone hay una forma -un tanto positiva- para afrontar una adversidad. Por ello, en las actuales circunstancias, el viejo refrán es bienvenido. Alimenta la autoestima. Evidencia cierta carga de resignación y de consuelo ante las adversidades. Pero al mismo tiempo tiene una fuerte carga de esperanza.

Es prudente no incurrir en confusión interpretativa, si se considera que todo mal se ha originado en un bien o que de todo mal surge algo bueno. El añejo refrán es práctico, reflexivo y optimista. Escritores y compositores de todos los tiempos, lo han tenido en cuenta.

En definitiva, sigamos por la huella de la vida. Pensemos que lo malo que suceda puede deparar cosas buenas. Después de la tormenta sale el sol o siempre que llovió paró. Cuando una puerta se cierra hay otra que se abre...

¡Bendiciones para todos!


- Ilustración: Bochy Lo, colección de cielos pehuajenses
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