“Nunca tuve dudas que quería ser periodista”

Francisco “Pancho” Arri (29) desde muy pequeño exteriorizó su vocación periodística. La tarea le fascinaba y en nuestra ciudad realizó las primeras experiencias. Hoy es Licenciado y profesor en periodismo, egresado de la Universidad del Salvador, donde fue Coordinador Académico e integra el equipo de investigación aplicada en comunicación. Dicta clases en dos universidades y en dos colegios secundarios en Buenos Aires. Es locutor nacional egresado del ISER y cursa la última etapa de especialización radiofónica en la Universidad de La Plata. Se desempeña como locutor-redactor del Mitre Informa Primero, emisora donde también es columnista del programa “De la noche a la mañana”, que conduce Juan Carlos Del Missier, habiendo realizado también coberturas especiales. Mirá lo eligió para significar el Día del Periodista.


-¿Cuándo se manifestó tu vocación periodística?
Creo que desde siempre. Cuando era bebé, mi mamá me contaba que tenía una radio azul en la que me sintonizaban radio Nacional, que por esa época transmitía mucha música clásica. También tenía fascinación por jugar con cables de teléfonos. Pero creo que el click se me hizo cuando tenía 5 años. Me llevaron a la primera FM que hubo en Pehuajó, la antecesora de Mágica, que se llamaba FM Diamante. Juan Diedrichs me llevaba los sábados a la tarde y me quedaba un rato viendo el programa que conducía un muy joven Mario Quiroga y que se llamaba “Juntos en Estéreo”. Cada tanto, me hacían decir algo.

Todavía conservo una grabación de esa época y creo que hasta llegué a presentar algún tema y todo jaja… pero más allá de la anécdota, creo que con la radio, y luego por ende con el periodismo, surgió una especie de amor a primera vista.

Después ya cuando sabía leer, agarraba una máquina de escribir que había en casa y “editaba” un pequeño diario con figuras, fotos y algunas noticias; inclusive me acuerdo que a los 10 años tenía un grabador, lo acercaba a la tele o grababa los boletines de la radio y después los transcribía en mi diario.

Por esa época, principios de los 90 y pleno auge de la importación, mi mamá me había comprado un micrófono tipo inalámbrico, entonces yo lo usaba para hacer programas de radio en mi casa, ponía música, leía las publicidades de la guía telefónica, leía el diario Noticias y tenía una especie de grilla con toda la programación de mi radio. Entonces, a la hora en la que me ponía a jugar a la radio, hacía el programa que correspondía. Si era a la mañana, noticias, si era a la tarde música, etc.

Y cuando era chico, además, era un gran consumidor de medios: me encantaba leer el diario (lo primero que leía era la sección de policiales) y escuchaba radio mucho tiempo, Continental, Mitre, Rivadavia, Nacional.

Imagínate que hoy en día, el ringtone de mi celular es la entrañable cortina del Rapidísimo de Larrea… vos me llamás y el teléfono canta “en la mañana, fresca y temprana como una rosa/un duendecito, frágil, chiquito, sale a pasear…”

Con lo cual, mi vocación fue algo que comenzó con una pequeña semillita y que rápidamente se hizo un bosque muy frondoso: nunca tuve dudas de que yo quería ser periodista.

Por eso a mí a veces me cuesta llegar a entender las crisis vocacionales, yo eso nunca lo sentí. Aunque me interesan también otras áreas del conocimiento (la literatura, la filosofía, la historia, la sociología y la política) nunca dudé de lo que tenía que hacer.

- ¿Cuáles son tus recuerdos en la actividad periodística en Pehuajó?
Muchísimos y muy gratos. Arranqué “oficialmente” en julio de 1996, cuando iba a primer año del colegio secundario. Aunque un antecedente importante para mí fue que estando en cuarto grado, le hice una pequeña entrevista a mi maestra, Betty Castiglia, y me la publicaron en una revista que se llamaba Mes a Mes, que la hacía Pía Biafore.

En el 96, a mí me seguía encantando lo de la radio y en las clases de educación física, yo relataba los partidos de handball. Una vez me escuchó mi profesor, Walter Acosta, y se le ocurrió ponerme en contacto con la gente que hacía Depormágica (Julio César Páez, Daniel Del Arco, el “Negro” Bannó, Oscar Trozzi) para ver si yo no podía hacer algo en las transmisiones de la liga pehuajense.

Y efectivamente, así empecé. Haciendo el banco de suplentes y vestuarios de las transmisiones. Para mí fue importantísimo porque le empecé a perder el miedo al micrófono, tenía que salir a buscar datos de los jugadores, la recaudación, las formaciones. Además, cuando hacés banco de suplentes en el fútbol, tenés que estar muy atento porque el relator (que era Julio Páez) te sorprendía en cualquier momento con una pregunta y no podías titubear. Por ejemplo informar si vienen cambios, qué jugadores están calentando, qué indicaciones da el técnico, qué pasa con el árbitro o con la tribuna. Para mí fue una gran escuela ese comienzo. No es casual que muchos periodistas hayamos comenzado así, en el fútbol.

Después, en la escuela Normal hay un proyecto interesantísimo y pionero, que es “Toque Invisible” un programa de radio que está cumpliendo los 20 años en el aire y que está hecho por alumnos de la escuela, con la coordinación de Patricia Arce, otra de mis profes.

La verdad es que tengo que agradecerles mucho a mis docentes de Pehuajó porque siempre me incentivaron a hacer lo que me gusta, me ayudaron y me tendieron muchos puentes.

Y obviamente a mi mamá, Susana Tettamanti, que me impulsó y me sostuvo muchísimo (y lo sigue haciendo) para que hiciera lo que a mí realmente me gustaba.
Mis dos padres son médicos, pero nunca tuve ese mandato para estudiar medicina.

Por esa época también surgió la posibilidad de estar un tiempito al aire en la reciente FM Del Sol, que había inaugurado Carlos Oyhanarte, en un programa por la tarde que conducía Jorgelina Weber y contaba con la presencia de Roberto Mansilla. Y por esas casualidades, quedó una vacante a la mañana y los dueños de la radio me preguntaron a mí si quería conducir ese espacio.

Imaginate…tenía 15 años e hice, en un verano, 5 horas de aire diarios. Además, con un perfil periodístico porque hacía notas, se hablaba de cuestiones políticas, se leía el diario. Ahí mi mamá oficiaba de productora y me daba ideas para hacer las entrevistas. Era como tocar el cielo con las manos. Ahí mi operador era Andrés “Conejo” Bordoy, con quien actualmente somos amigos, y nos conocemos desde esa experiencia radial.

También estuve en FM Recuperación (con Juan Carlos Mascheroni, lo reencontré a Julio Páez y trabajé con Eduardo Castaño), en la FM Delta de Cristian “Colorado” Castro, en donde hice un programa de fútbol en el año 2000 con Juan Martín Franco, que se llamaba “tercer tiempo”.

Para mí cada uno de esos lugares son muy importantes y la gente con la que trabajé también. Seguramente, en nombres, hay gente a la que no he mencionado, ya que fueron varios años intensos de hacer radio, pero de la que no me olvido.

Igual hay una materia que nunca rendí: me hubiera gustado hacer AM en LT22. Me gusta la FM, pero para mí, radio es igual a AM, más allá de que ahora, en ciertos horarios, hay una especie de hibridación.

Hay FMs que se parecen a las AMs y AMs temáticas o musicales, como si fueran frecuencia modulada.

- ¿Tenés preferencia por la tarea docente o por la periodística?
En realidad, son tareas que se complementan. La docencia llegó a mí casi por casualidad y empecé a dar clases en el taller de periodismo del Colegio San José de Buenos Aires hace casi 9 años.

Me gustó la experiencia, después arranqué a dar clases en la facultad. Pero en un momento se me ocurrió que eso tenía que dejar de ser una especie de hobby, porque no tenía tantas horas de clase al principio, y decidí que debía perfeccionarme. Por eso es que cursé el profesorado y me recibí de profesor, para poder entender la dinámica del proceso de enseñanza-aprendizaje y también perfeccionarme como docente.

La tarea docente me reconforta, me divierte, me alimenta, porque sigo estudiando, preparando clases, aprendiendo de mis alumnos. Y el periodismo es mi gran vocación.

- ¿Qué tan importante es el periodismo para comunidad? ¿Cuánto y cómo influye la labor periodística en una ciudad como Pehuajó?
El periodismo es importantísimo en comunidades como la nuestra. Yo recuerdo a mi abuelo escuchando a la mañana LT22, cuando el Ingeniero Negreira leía, del diario Noticias, los avisos fúnebres. Mi abuelo siempre me decía que esa información él lo tenía que saber porque si no, no se enteraba si se había muerto un amigo o un conocido.

Creo que ese ejemplo pinta de cuerpo entero lo que significa el periodismo para las ciudades del interior: es una especie de nexo social, es una fuente de referencia, de consulta.

Yo destaco mucho la labor que hacen ustedes, y cuando digo ustedes también digo todos mis colegas de Pehuajó, difundiendo mensajes, datos, porque además, todo eso implica y hace a la identidad de una comunidad, a sus lazos de pertenencia. Y también, obviamente, investigando, y preguntándose siempre el por qué de los acontecimientos.

- ¿Cómo definís al ‘buen periodismo’?
A mí me gustaría definir al periodismo, entendiendo que en su propia definición, está inserto el hecho de que debe ser bueno. Si el periodismo no es bueno, no es periodismo, es propaganda, es publicidad, son relaciones públicas. No digo que esto esté ni mal ni bien, pero afirmo que no es periodismo.

Creo que el periodismo siempre debe decir desde qué lugar habla, debe dar lugar a todas las voces y debe ser riguroso y profesional en sus procedimientos (chequeo de fuentes, datos, respeto por la función social que se cumple).

A mí me gusta mucho la definición de periodismo que alguna vez dio Horacio Verbitsky: ”Difundir aquello que no quiere que se sepa. El resto es propaganda. Su función es poner a la vista lo que está oculto, dar testimonio, y por lo tanto, molestar. Tiene fuentes, pero no amigos. Lo que los periodistas pueden ejercer, y a través de ellos la sociedad, es el mero derecho al pataleo, lo más equitativa y documentadamente posible. Criticar todo y a todos. Echar sal en la herida y guijarros en el zapato. Ver y decidir el lado malo de cada cosa, que del lado bueno se encarga la oficina de prensa; de la neutralidad, los suizos; del justo medio, los filósofos y de la justicia, los jueces. Y si no se encargan ¿qué culpa tiene el periodismo?”

Me quedo, sobre todo con la parte del pataleo, del pedir que se hagan más cosas, de no conformarse con lo que hay y decir que otros lo hicieron peor, de criticar y de echar sal en las heridas.

- ¿Qué objetivos tenés en materia periodística?
Crecer y aprender más todos los días, no conformarme con lo que hice sino pensar en que siempre se puede hacer un poco más.


PING PONG
¿Un deseo?: “Seguir haciendo lo que me gusta”.
¿Un deporte?: “el fútbol”.
¿Un hobby?: “leer”.
¿Una frustración?: “creo que por ahora ninguna. La vida es muy generosa conmigo y estoy agradecido por eso”.
¿Un ídolo?: “persona o cosa amada o admirada con exaltación”. Creo que no tengo ídolos en el sentido de la Real Academia.
¿Un dolor?: “en realidad son dos: la muerte de mi abuelo Pocho Tettamanti y de mi madrina Ticky Erostegui”.
¿Un rencor?: “los tuve, pero creo que no conducen a nada y no me ayudaron como persona”.
¿Un amor?: “la radio, un amor a primera vista”.
¿Un amigo?: “varios. A los que adoro con toda mi alma. Es injusto nombrar sólo a uno. En esta instancia, necesitaría varias raquetas y varias pelotas para “devolver” la pregunta”.
¿Dios?: “una presencia que sé que está, pero que debería recordar o hacer consciente más seguido”.
¿Pehuajó?: “uno de mis lugares en el mundo en que fui muy feliz, que tengo en mi corazón y al que siempre me gusta volver”.
¿Radio Mitre?: “futbolísticamente hablando, es como jugar todos los días la final de la Libertadores”.
¿El Martín Fierro obtenido?: “una linda caricia al alma y un estímulo para seguir trabajando más duro”.
¿Un periodista?: “Mario Mactas. Por su buen decir, su palabra justa, su español profundo y amplio y sus observaciones agudas. Lo rescato en momentos en donde lamentablemente en los medios, muchas veces abunda lo chato”.
¿Un libro?: “el extranjero, de Albert Camus, y si es posible, en francés. Creo, una novela que hay que leer”.
¿Un escritor?: “José Saramago, por su manera de pintar el mundo, su simpleza, su minuciosidad exquisita en las descripciones y su compromiso”.
¿Nostalgias?: “salir a caminar por el centro de Pehuajó a la mañana y tomar un café en Torra; los viejos bares de Buenos Aires que me gusta visitar; las calles apacibles de Montevideo; mi época de estudiante universitario”.
¿Pancho Arri?: “un buen tipo”.
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