“Estar dispuesto a ayudar al prójimo sin esperar nada a cambio"

Hace un año, también limitados por la pandemia, optamos por “nuestros bomberos” para cerrar calendario. Ellos que dan todo sin pedir nada, inyectan buenos sentimientos y ejemplares actitudes.  Hoy, una experiencia de vida y servicio que emociona y alienta, junto a Alejandra Ruiz.
 
 

Siempre ha sido muy reconfortante para “mirá” destacar la misión de los bomberos voluntarios, fieles y sacrificados servidores de la comunidad. Cerrando el año 2021 en esta sección específica, un encuentro con Alejandra Jimena Ruiz (33), quien además de integrar el cuerpo bomberil, es Protesista dental y se desempeña en nuestra ciudad como acompañante terapéutico y comerciante.

“De chiquita tenía curiosidad por el trabajo de los bomberos y de grande esa curiosidad fue creciendo”, expresa Ale al recordar su llegada a la entidad. Y agrega: “Decidí indagar más. Me costó tomar la decisión de inscribirme, por miedo a no poder cumplir. El día de la inscripción tenía muchos nervios y no me animaba, pero un amigo me ayudó a tomar la decisión y básicamente él me inscribió y también me llevo a la primera charla.

Para ser sincera le debo a él, ser hoy bombero. En ese momento él era parte del cuerpo activo, hoy por diferentes razones no está, pero siempre le estaré agradecida. Soy bombero gracias a Guillermo Blanco, que me habló, me ayudó a inscribirme y comenzar esté nuevo camino”.

Superada la capacitación llegó el ansiado ingreso. “El día de la incorporación fue más que especial, orgullosa de mí misma. Ver a mi hijo ahí esperándome, mi mamá del corazón, Ester Nievas, más que especial. Ya formaba parte del cuerpo activo y podía servirle a la comunidad”, exclama sin poder obviar la emoción que la invade.

“FUE ALGO HERMOSO, MI CORAZÓN A MIL”

Al preguntarle ¿cómo fue y que sentiste cuando fuiste al primer servicio?, Alejandra es clara y explicita: “Mi primer servicio fue algo hermoso. Estábamos en el cuartel llenando los equipos de autónomos que recién llegaban de un servicio. En eso suena el teléfono, incendio de malezas y Luis Gamizo, quien era el superior a cargo comenzó a llamar a todos los nuevos que estábamos presentes y nos llevó con más personal del cuerpo activo. Mi corazón a mil desde que me llama Luis hasta el fin del servicio. Gamizo nos fue hablando, me dio la la oportunidad de ser pistonera, la que maneja la lanza en la punta de la línea de manguera, que es lo que queremos todos. Fue inolvidable... Fuimos en el móvil 11 y también estaba Guillermo, el responsable de que hoy sea bombero. También mi pareja Francisco. Imposible olvidar mi primer servicio, la adrenalina que por si solo implica, más mis afectos en el cuartel”.

Todo bombero vive emociones múltiples y el incremento de adrenalina en una constante. Ruiz, al recordar intervenciones realizadas, remarca una que ha quedado puntualmente grabada en su memoria. “Diarco, 10 de diciembre de 2020. Llegué en la primera dotación y fue mi servicio más grande en todas las dimensiones. Un día inolvidable de calor, viento nada favorable y ahí terminé de convencerme de que ser bombero era lo que quiero ser en la vida.

Ese mismo día nos llaman por una cosechadora que se había incendiado en el campo. Ahí fuimos, corrimos a la par de la autobomba, terminamos el servicio y volvimos a Diarco. No me puedo olvidar la gente colaborando, fueron nuestros pilares. Para mí una gran experiencia.
Cuando volví a la noche al cuartel y agarré mi celular, tenía mil llamadas de mis familiares y amigos… Siempre recordaré ese 10 de diciembre”.

CUMPLIR Y AGRADECER A DIOS
La fe en Dios es una constante actitud en la vida de Alejandra. A propósito, afirma: “Cuándo terminamos un servicio y podemos cumplir con nuestra labor, lo primero que hago es agradecer a Dios, por cuidarme, cuidar a mis compañeros y por haber podido ayudar en ese servicio. Saber que ayudamos y acompañamos a alguien en una situación difícil, es muy satisfactorio. No sabría como explicar esa hermosa sensación, esté presente o no en el servicio”.

Y hablando de sensaciones, adquieren especial gravitación en el accionar de un bombero cuando siente la convocante sirena. “Cuando escucho la sirena solo quiero correr al cuartel. Es una adrenalina única, inexplicable, aunque  sabemos que detrás de ese llamado hay alguien que no la está pasando bien, puede ser una tragedia, pero para mí  no deja de ser emocionante.

Solo un bombero lo entiende. Sin ir más lejos, el otro día me sonó el alertor (aplicación que se usa en el celular), decía auxilio. Estaba con mi hijo, en un laboratorio de análisis clínicos. Lo dejé con su acompañante. No dudé salir corriendo, luego le pedí perdón a mi hijo, y le expliqué que en ese momento alguien más me necesitaba y estaba en peligro. Gracias a Dios lo entendió muy bien”.

CUANDO SE COMPARTE LA MISMA PASIÓN

Lo expuesto exime de mayores comentarios con relación a la pasión que caracteriza a los voluntarios bomberos pehuajenses, quienes además cuentan con el apoyo de su entorno familiar. “En mi familia –acota- hay sentimientos desencontrados. Mi hijo lo sufre un poco, ya que, por un lado, le gusta mi labor, pero le genera miedo, mi pareja por suerte me apoya al 100 % porque él también es bombero y compartimos la misma pasión. Es hermoso tener ese apoyo. Juntos nos alentamos y nos acompañamos en esta hermosa carrera.  Mis padres y hermanos están orgullosos, porque soy el primer bombero de la familia. Y la familia lo es todo”.
 
Al solicitarle sugerencia y consejo para quienes, eventualmente, tengas deseos de ingresar al Cuerpo de Bomberos, señala: “Les diría que se animen, que se acerque al cuartel, que hablé con nosotros, del cuerpo activo, que encontraran alguien como yo que me ayudaron  a sacar los miedos y dudas. Algunos necesitamos ese empujón. Ser bombero voluntario es una gran responsabilidad, no hay días, ni horarios, siempre al servicio de nuestra comunidad, pero es muy reconfortante”.

Finalmente, a modo de anécdota hace mención a visitas realizadas a jardines de infantes, y acota: “Tuve el agrado de estar presente en el cumpleaños de un niño que anhela ser bombero cuando sea grande. Y todas esas cosas nos llenan el alma y nos hacen mejor persona”.

Fin del encuentro, pleno de hermosos matices y colmando de buenas ondas y sentimientos que solo servidores de la comunidad, como los bomberos voluntarios, transmiten con sinceridad y responsabilidad. “Para ser un buen bombero –sostiene– como en cualquier profesión u oficio que uno desee”.
 

 
PING PONG 

 

- ¿Un recuerdo?: “El nacimiento de mi hijo”.
- ¿Un deseo?: “Que mi hijo llegue más lejos que yo”.
- ¿Una ingratitud?: “No recuerdo”.
- ¿Una gratitud?: “Tener a mi familia”.
- ¿Un amigo/a?: “Ester Nievas”.
- ¿Un rencor?: “No tengo”.
- ¿Un amor?: “Mi hijo”.
- ¿Una esperanza?: “Que ningún niño sufra en el mundo, y que pongamos en práctica la inclusión de la que tanto hablamos pero poco se ve”.
- ¿Dios?: “Todo”.
- ¿Un ídolo?: “Mi hijo Tobías, mi papá Rubén y René Favaloro”.
- ¿Pehuajó?: “Un nuevo lugar en mi vida”.
- ¿Bomberos Voluntarios?: “Una elección de vida”.
- ¿Alejandra Ruíz?: “Madre, amiga, hija, hermana, tía, pareja, una mujer con valores y principios”.


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