Inventor de Curarú, hoy radicado en Pehuajó, hizo una arenadora artesanal con material reciclado

Apasionado de los inventos artesanales generó elementos de suma utilidad. Detalles de una de sus creaciones en los pagos de Curarú donde desarrolló sus actividades con responsabilidad y dedicación.


 

En los pueblos pequeños y principalmente en zonas rurales, se producen hechos y logros que no siempre trascienden y muchas veces hasta suelen ser ignorados. Gracias a la gentileza de Gustavo Rovira (GR video grabaciones) accedemos a un interesante material, vinculado con la fabricación de una arenadora artesanal de particulares características.

El mencionado elemento fue fabricado por el convecino Enrique Monasterio (72), oriundo de Curarú, actualmente radicado en nuestra ciudad.  La arenadora artesanal fue construida en su totalidad con material reciclado, proceder que incrementa aún más el valor del invento.

Enrique, a través de un video producido por Gustavo Rovira, explica en forma detallada la creación de la arenadora:


 

¿QUIÉN ES ENRIQUE MONASTERIO?

Nacido y criado en la zona de Curarú, se dedicó siempre a las actividades del campo, especialmente agricultura y ganadería. Es hijo de Francisco Monasterio  y  Hortensia Gutiérrez, está casado con Cecilia López y es padre de Elenita.

Estudioso, buen lector, conocedor de diversidad de temas, siempre sintió atracción por la atrapante tarea de "inventar". Es sin duda una verdadera pasión. Además de construir la arenadora de referencia, entre otras cosas, diseñó e inventó una prensa hidráulica casera y un carro para juntar rollos de pastos, articulado sin sistema hidráulico, limitando su funcionamiento a palancas y cuerdas.

Enrique desarrolló sus actividades en Curarú hasta el año pasado. Habiendo obtenido el beneficio de la jubilación optó por residir en Pehuajó, donde disfruta de su familia, aunque seguramente sigue ligado a los atractivos del campo y al cultivo de sus inquietudes creativas que tantas satisfacciones le han deparado.

 

UNA ANÉCDOTA

Al decir de Gustavo Rovira, "El flaco bigote", como cariñosamente lo apodan, además de matizar charlas con chistes de buen humor, ha cultivado algunas "travesuras" campesinas.  En sus años juveniles tenía una coupé Torino, y era común verlo en la calle frente a su campo, entrenando habilidades conductivas. Colocaba latas a pocos metros entre sí y las encaraba a gran velocidad, haciendo zig zag.

 

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