La flor nacional embellece paseos, calles y viviendas pehuajenses

Un regalo de la naturaleza, pleno de belleza, preferido de colibríes y picaflores que se regodean con su néctar. Rafael Obligado lo hizo poesía: Mi amor de poeta / Le dije al oído / ¡Mi amor, más hermoso / Que flor de ceibo!. Los pehuajenses disfrutan de su encanto y atracción.



El 22 de noviembre, además de ser el día de la música en honor de Santa Cecilia, es el día nacional del ceibo, instituido en el año 2008, y anteriormente, en el año 1942, la aludida especie fue declarada flor nacional e la República Argentina y también de la hermana República Oriental de Uruguay.

Tradicionalmente, en Pehuajó puede apreciarse en el parque General San Martín o en plaza Dardo Rocha, pero en los últimos años se ha expandido por distintos lugares y muchos vecinos tienen en sus casas el hermoso árbol de flores rojas.



En junio de 2019, en este portal, nuestro colaborador Luciano Echeto, hizo referencia a las características de la flor nacional. Indica que “su nombre científico (Erythrina crista-galli) significa “roja cresta de gallo”, debido a sus flores. También llamado: bucaré, pico de gallo, árbol del coral, cachimbo, flor de coral, gallito, etc. Tiene un crecimiento erguido, de hasta 12 metros de altura, corteza resquebrajada, gruesa, color marrón claro. Posee aguijones similares a los de una rosa, dispersos en las ramas. Las hojas son grandes y compuestas, que se caen en invierno.

Se reproduce fácilmente por semillas. Las flores son rojas intensas, de 4 a 7 cm de largo, muy vistosas, dispuestas en grupos. Florece de noviembre a abril. El fruto es una legumbre o chaucha. La distribución abarca a Brasil, Uruguay, Paraguay, norte y nordeste de Argentina, hasta las riberas del Río de la Plata. En Buenos Aires podemos encontrarlo formando parte del arbolado urbano, ya que presenta gran belleza para plazas y parques.

Posee diferentes usos: se produce pastas celulósicas, es melífero, gran valor medicinal, ornamental (cultivándose en muchos países tropicales) y cultural.


MANOJO DE HERMOSAS FLORES ROJAS



Según cuenta la leyenda, la flor del ceibo nació cuando la indiecita Anahí fue condenada a morir, tras participar en un cruento combate entre su tribu guaraní y el ejército invasor. Hasta ese momento, ella cantaba feliz en la selva, con una voz dulcísima, tanto, que se decía que los pájaros callaban para escucharla.

Pero un día resonó en la espesura el ruido de las armas: se cuenta que Anahí luchó a brazo partido como un hombre, pero que finalmente fue apresada y condenada a la hoguera. Los soldados la ataron a un tronco, amontonaron a sus pies pajas y ramas secas, y al rato una roja llamarada encendió tanto al árbol como a la indiecita.


Ante el asombro de los que contemplaban la escena, Anahí comenzó de pronto a cantar. Era como una invocación a su selva, a su tierra, a la que le entregaba su corazón antes de morir. Su voz estremeció a la noche, y la luz del nuevo día pareció responder a su llamado: consumido el fuego, los soldados se sorprendieron al ver que el cuerpo moreno de la indiecita se había transformado en un manojo de flores rojas como las llamas que la mataron, hermosas como ella misma no había sido nunca.





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