El placer de cultivar y honrar los valores inculcados por los padres

La entrevista se había pautado para el día del pediatra (20 de octubre) pero se concretó cuando expiraba octubre. Recuerdos y emociones de quien hace 37 años se dedica a asistir la niñez junto a su esposa. Infancia y juventud en Bolívar, formación universitaria en La Plata y la intensa tarea profesional en Pehuajó.



Los últimos rayos del sol iluminan tenuemente el consultorio. Marcelo Ravassi (66) concluye una jornada más. Escribe unas recetas, las captura con celular y las envía. Los tiempos han cambiado. Tanto el pediatra, con casi cuatro décadas de actividad, y el periodista con más de cinco décadas de labor, jamás imaginaron dialogar con tapa boca y nariz, atento al protocolo causado por la pandemia del coronavirus.

El sentimiento es el mismo de aquellos tiempos cuando el doctor de niños atendía hasta altas horas de la noche y el periodista concurría con sus hijos, cuando no acudía al domicilio para asistir algún malestar de los pequeños, hoy padres. El tiempo pasó, las vivencias no se olvidan y los recuerdos calan hondo.

Ravassi, nació en Bolívar, estudió en La Plata y hace 37 años se radicó en Pehuajó. Primera parte de la entrevista dedicada a rememorar la niñez y los años juveniles en su ciudad natal. Fue alumno del único Jardín de Infantes que había en esa época, luego cursó el ciclo primario en la Escuela n.º 1 “Domingo Faustino Sarmiento” y la etapa secundaria en el Nacional de Bolívar. Después vendría la carrera universitaria, en la Facultad de Medicina de La Plata y posteriormente la residencia como pediatra en el Hospital de Niños “Sor María Ludovica” de la capital provincial.


LINDA INFANCIA Y JUVENTUD

Jorge, Marcelo y Alejandro Ravassi

Retrocedemos en el tiempo. Dice Marcelo: “Me acuerdo muchísimo de mi infancia. Fue una infancia linda. Fue fabuloso lo que me han dado mis padres y lógicamente, mis hermanos. Pues nosotros, en Bolívar lo teníamos parientes. Era un núcleo familiar que nos llevábamos muy bien, y aparte se la pasaba bien en Bolívar”.

Vivíamos en un barrio lleno de chicos. Me acuerdo desde la época cuando aprendía a jugar la figurita, andar en carrito a bolillero. Más de un vecino se quejaba porque en aquella época las baldosas eran vainillas. Y con los carritos hacíamos ruido a la hora de la siesta y algún alpargatazo volaba”, acota entre sonrisas.

Y la adolescencia y juventud también fue placentera y dejó enseñanzas. “Teníamos preocupaciones a fin de colaborar con la gente. Me acuerdo que mi madre formaba parte de la comisión de esa la Liga Argentina de Lucha contra la Tuberculosis. Le tocó ser presidente y nosotros colaborábamos. Vendíamos entradas para el cine que era un recurso de esa Liga. Después estaba en Interac y hacíamos colectas de alimentos. Me acuerdo que en dos días de la semana le llenábamos una habitación.

La gente colaboraba mucho, era muy solidaria y también para poder comunicarnos, conseguíamos del cura párroco un mimeógrafo para hacer el boletín de Interac. El cura también nos pedía colaboración. Usaba un carrito bolillero como el que usaban las panaderías, con canastos de alambre, donde se metía la galleta debajo de alambre. Salíamos a pedir y era increíble como colaboraba la gente”.


EMPECÉ A ESTUDIAR Y ME DI CUENTA 

QUE ME FASCINABA”

Los ojos de Marcelo y sus gestos ponen en evidencia el gozo de aquellas solidarias actividades juveniles. Luego vendría la etapa de decisiones para afrontar ya en forma personal. Y surge una pregunta ineludible: ¿Por qué medicina y por qué pediatría?.

Y la respuesta es pormenorizada y elocuente: “Mi papá tenía el consultorio en la casa, entonces vivíamos todo lo que sucedía. Desde la época de la polio cuando venían los chicos jorobados. Mi padre nos mandó un mes a Mar del Plata en aislamiento, un poco como ocurre ahora con el corona virus. Todos los pacientes venían a casa, pero por suerte nunca enfermamos.

Yo atendía el teléfono, eran épocas donde no se tenía secretaria. Y bueno, convivía con mi padre y hacía domicilios con él. Le gustaba que lo acompañara a los domicilios y al hospital. A veces me aburría, una hora esperando y había pocas cosas para divertirte, ni radio tenían los autos.

Él era médico ferroviario. Iba con otros amigos en bicicleta a los talleres ferroviarios. Me acuerdo de la locomotora a vapor. Me fascinaba cómo le metían carbón a las locomotoras. Ese olor a petroleo o aceite quemado todavía lo tengo presente”.

Es evidente que desde niño fue mamando la profesión, aunque –acota– le gustaba leer y le gustaba la política. “Creía que podía ser abogado y empecé a estudiar. Di dos materias, Derecho Romano e Introducción al Derecho, pero me di cuenta de que no me gustaba. Me sirvió para hacer amigos y nada es desperdiciable en la vida. Y me sirvió para darme cuenta de que lo que me gustaba era la medicina. Empecé a estudiar medicina y me di cuenta que me fascinaba”, afirma complacido.


LA UNIVERSIDAD, EL SERVICIO MILITAR 

Y LA VIDA EN LA PLATA

Momento inolvidable. Su hermano Jorge le entrega el título de médico

Los años de estudiantes tuvieron sus vaivenes y representan recuerdos también imborrables. “Hice la carrera en poco tiempo, cinco años y pico. Me tocó una época muy dura, de los años 70. Viví varias historias, era una época muy triste del país. Me dediqué a estudiar, uno también tenía miedo que le pasara algo. Tuve un tío mío desaparecido, sin comerla ni beberla. Estuvo tres meses desaparecido y también tuve un cuñado que había desaparecido. Ese no volvió.

Salimos de esa y me toca hacer el servicio militar. Y mientras estaba en el servicio militar, se produce el conflicto con Chile. Me iban a destinar a Villa La Angostura desde el Batallón de Comunicaciones de City Bell donde estaba. Asique gracias a Samoré enviado por el Papa zafamos, sino hubiera ido a la guerra. Y salimos de esa y viene el conflicto Malvinas, donde a amigos míos les toca participar. Uno vio de todo. Es muy larga la historia. Vi explotar bombas en el edificio, entre tantas cosas”.

A fin de sustraerse de todos los ecos y entornos que deparaban las situaciones de esos años complicados, el mejor refugio era el estudio. Junto a un amigo, mientras estaba haciendo el servicio militar, se propusieron hacer la residencia sí o si. “Y nos pusimos a estudiar muchísimo, pero muchísimo. Nos presentamos en distintos exámenes que tomaban para entrar a la residencia. Y por suerte me dieron la baja y enseguida pude entrar”.

He aquí aparece en su decisión la opción que abrazó con verdadera entrega y pasión. “Papá hacía clínica y pediatría. Y tenia mi hermano que era médico residente en el hospital. Una vez me llamó un oficial para que le atendiera los chicos, y me dice la verdad que vos servís más para pediatra que para otra cosa. Algo me vio, era la primera vez que me lo decían.

Y bueno me metí el Hospital de Niños. Uno va encontrando el camino y la pasión. Y así fue. Me marcó para siempre, es interminable y cada vez que aparecen cosas te das cuenta que cada vez sabes menos. Lo que no cambia es la clínica, la sintomatología que viene de años. Uno lo que tiene que encontrar, es tener el ojo, el olfato de cuando un paciente puede estar comprometido o no, y saber que análisis pedir, estudiarlo, saber que interconsulta hay que hacer. Y tratar de brindarle lo mejor”.

Haber estado en el Hospital de Niños fue muy importante sin lugar a dudas. Al respecto, Ravassi sostiene: “Favorece mucho, primero que es uno de los hospitales más grandes del país, junto con el Garraham. Son hospitales que son escuelas y teníamos profesores que eran maestros, recuerdo tres o cuatro de esos que dejan huellas y uno está agradecido. Y después el nivel académico que tenia el hospital en las distintas especialidades a uno lo marca”.


UN LUGAR PARA EJERCER LA PROFESIÓN Y VIVIR


Cumplida la capacitación en la capital bonaerense llegó la hora de elegir donde radicarse. “Pensaba ir a Bolívar. Ya se había ido mi hermano y queríamos estar equidistantes de Santa Rosa, de donde es mi señora, y de Bolívar. Me atraía una ciudad como Bolívar o Pehuajó, que no son chicas y tampoco son grandes. Había visto la experiencia de mi papá, el modo de vida, el trato con la gente. Todo eso me atraía muchísimo y así como mi padre nos pudo criar en un pueblo alejado de la inseguridad, elegí con mi mujer un pueblo donde pudiéramos criar nuestros hijos. Así optamos por Pehuajó”.

Suena el teléfono celular. La charla se interrumpe. Su hija Vicky llama desde Suiza donde reside. Breve pausa y se reanuda el diálogo, evocando los primeros tiempos en Pehuajó, que tuvieron características muy particulares con sabor a desafío pero con el ímpetu natural que impulsaba ese momento de la vida en busca de un futuro.

Llegamos en 1983. Vinimos en enero. No conocía a casi nadie. Solo dos amigos pero era época de vacaciones. Los primeros tiempos estuvimos viviendo en el Hospital, en la habitación 4. No nos olvidamos más, comíamos ahí. Fue un desafío”.

La verdad que el recibimiento que tuvimos por parte del personal del Hospital y amigos que se acercaron fue muy positivo. No me puedo quejar. Soy un eterno agradecido.

Si bien el trabajo nuestro es un medio de vida, también brinda un servicio y el objetivo nuestro era brindarlo lo mejor posible”, señala y reafirma:

Jamás, jamás, nunca se me oyó renegar de Pehuajó. A Pehuajó le debo parte de mi vida y mi hijos que viven enamorados. Si bien a Bolívar la quiero, es una hermosa ciudad, a Pehuajó lo quiero. He vivido en Bolívar, La Plata y Pehuajó. Tengo mis afectos repartidos y siempre soy un agradecido de la vida”.

A partir de allí el quehacer de Marcelo Ravassi junto a su esposa, María Angélica Uriarte, que lo secundó en todo momento como neonatologa y ha desarrollado una intensa tarea en nuestro medio, no se interrumpió jamás. Instalaron su consultorio en distintos lugares hasta lograr la ubicación definitiva. Y son innumerables la cantidad de niños asistidos.

Cuando llegué a Pehuajó había muy pocos pediatras. Había hecho una residencia que me brindó una formación que me permitió desarrollar ciertas cosas. Por ejemplo, nosotros empezamos a usar las sales de re hidratación oral. En la hidratación de un chico no usábamos el suerito que implicaba hacer un pinchacito, sino que hidratábamos por boca. Eso fue muy efectivo en su momento. Yo, en el Hospital de Niños el primer año era todo suerito, el segundo y tercero era por boca. Así como me impactó a mi que podía hidratar un niño sin invadirlo, empezamos a usarlo acá. No internábamos las diarreas. La mamá lo podía atender en la casa. Se evitaba una internación que es dolorosa tanto para el chico como para la familia”.


TRES GENERACIONES DE PACIENTES

En tantos años de trabajo habría anécdotas para llenar muchas páginas. “Ya he atendido casi tres generaciones en Pehuajó. Hace 37 años que estoy, esos chicos de 7 u 8 años que atendía, fueron padres a los 20 y ahora ya son abuelos. Algún nieto de aquellos paciente llega al consultorio”, acota y exterioriza la felicidad que se experimenta:

Y es lo que te llevas puesto. Hay cosas que me llenan de satisfacción, Me he encontrado en algún evento con gente que me dice “no te acordás de mi, vos me atendiste”. Me pasó en Trenque Lauquen, cuando me tocó ir como médico a una instancia judicial por un caso de violación de una niña. Era la primera vez que iba a un Juicio y había gente de la zona, de Salazar, de Henderson, y me decía Dr. usted me atendió los chicos, ¿no se acuerda de nosotros?. Es muy gratificante”.

Y como todo médico, ha vivido situaciones indeseadas, dolorosas, que marcan muy profundo. En tal sentido, sostiene: Son las situaciones que no quisiéramos vivir nunca. Siempre digo que lo más lindo de la pediatría, es cuando salimos con la sonrisa por haber recibido un niño. Ahí vemos la felicidad, pero es muy doloroso cuando un chico sufre o cuando no se puede hacer nada. Es terrible”.


LA FAMILIA, LOS HIJOS, LOS NIETOS


Como expresó anteriormente, se siente agradecido a nuestra ciudad, que eligió para desarrollar su profesión y formar su familia. No fue fácil para los cuatro hijos de un matrimonio dedicado integralmente a la medicina. En este tramo de la entrevista, la respuesta es más pausada y no exenta de emoción: “A veces, los chicos no la pasaban bien. Muchas veces hubo que decir no puedo, por este o por otro motivo. Pero también comprendieron en el tiempo, más cuando llegan a ser papás. Ellos me lo han hecho saber, y es bueno que lo digan en vida, que se sienten orgullosos de tener la familia que tienen”.

Ninguno de los cuatro hijos (tres mujeres y un varón) siguieron la carrera de sus padres. He aquí no hay herencia generacional. Marcelo es claro y señala: “Siempre traté de ser amplio y nunca les dije lo que tenían que hacer. Siempre les dije que estaba dispuesto a darles lo que mi padre me dio a mi. Que ellos eligieran. Y fui feliz ver que ellos eligieran y se abrieran camino. Jamás le di un mandato”.

Hoy Marcelo y María Angélica tienen 6 nietos. “Hasta el año pasado eran 3 –dice– y ahora en el 2020 tres más y no los puedo ver. Nacieron en el año del Covic y jocosamente los tilda como “los covicitos”, que no puede disfrutar como tantos otros abuelos que viven situaciones similares, solo a través de recursos tecnológicos que no es lo mismo.

Intentando una mirada hacia el tiempo que vendrá, reflexiona el experimentado pediatra: “En lo personal el hecho de haber formado una familia, es lo que uno tiene al lado para refugiarse y disfrutar. Quizás el tiempo que le quité a mis hijos se lo daré y me desquitaré con mis nietos. Teniendo salud y viéndolos crecer bien, me imagino años felices”.

El camino recorrido hasta el momento lo muestra contento y feliz. “Mi balance – afirma - es de total satisfacción, tuve la suerte de tener mis padres que nos transmitieron valores que supimos cultivar”.

Las primeras sombras de la noche se divisan por la ventana. Finaliza la entrevista. Agradecimiento reciproco, toquecito de codos en reemplazo del apretón de manos. El pediatra retoma la comunicación con su hija desde la lejana Suiza y el periodista, a paso cansino, se va por la calle Artigas. Se avecina procesar una entrevista más y otro homenaje más pleno de nostalgia y ternura.


PING PONG


- ¿Un deseo?: “Que le vaya bien a la Argentina”.

- ¿Un recuerdo?: “Muchos, pero si tengo que elegir, el nacimiento de mis hijos”.

- ¿Una gratitud?: “A toda la gente”.

- ¿Una ingratitud?: “No recuerdo. Siempre pienso en positivo y olvido lo malo”.

- ¿Un rencor?: “No soy rencoroso para nada”.

- ¿Un amor?: “La familia”.

- ¿Una frustración?: “No haber podido darle un país mejor a mis hijos”.

- ¿Una esperanza?: “Creo en aquellos hombres que forjaron nuestra Patria. Estuve leyendo a Belgrano, para mi el prócer más grande. Sarmiento también. Tenía una virtud muy grande, se dedicaban a la educación, con la cual tenemos igualdad y equidad”.

- ¿Una ilusión?: “Ver crecer bien a mis nietos”.

- ¿Un libro?: “Tengo 4 en mi mesa de luz, sobre Belgrano”

- ¿Un amigo?: “Un montón”.

- ¿Un pediatra?: “Mi padre y mi hermano”.

- ¿Dios?: “No soy practicante. Creo que tiene que haber un ser superior”.

- ¿Bolívar?: “Junto a Pehuajó, un gran amor”.

- ¿Marcelo Ravassi?: “Un pediatra de pueblo”.


UNA PANDEMIA QUE SORPRENDIÓ


El tema de la pandemia del coronavirus formó parte del encuentro con Ravassi. “Me sorprendió la pandemia. No la esperaba con esta magnitud. Uno vivió la pandemia de la gripe y la viví intensamente porque llegué a ver 60 pacientes por día. Prácticamente no dormíamos.

Esta pandemia nos sorprendió sin conocimientos. El virus de la gripe lo teníamos estudiado y había vacunas. Esto es todo nuevo y todos los días cambia. Se ven cosas nuevas. Entonces uno al principio no sabe con que se va encontrar. Yo tengo una edad de riesgo, y me tengo que enfrentar la situación. Con el tiempo uno fue acostumbrando.

Nos tenemos que cuidar, pero vamos perdiendo miedo e imponiendo mas respeto para no caer. Muchas veces, sin darse cuenta, hay un momento donde uno se distrae y es ahí donde puede contagiarse”.

Enseguida acotó que “este ha sido un año de menos movimiento. Hay muchos chicos que no he visto, la gente tiene miedo de ir a consultorios, y el hecho del aislamiento redujo enfermedades. No hemos tenido prácticamente broncolitis”.


POLÍTICA CON VALORES Y RESPETO

1968. El ex presidente Illia visitó a su padre en Bolívar. Ese abrazo del Dr. Illia encendió su pasión por la política

Cuando hablaba de su adolescencia, se refirió a su interés por la política. Si bien, nuestro portal no trata específicamente temas referidos al quehacer político, la referencia de Ravassi deja mensaje y es oportuno reflejarlo.

Al valorar las enseñanzas de su padre, manifestó: “Él nos transmitió muchos valores, era amigo de Illia y Alfonsín, que dejaron un legado de honestidad y patriotismo, de caballeros, de demócratas cabales. Haber compartido momentos con ellos, a uno lo van formando”.

Y al recordar su rol de concejal municipal por la UCR (1991/1995 - 1997/2001), expresó: “Si bien la política me gusta, meterse de concejal era devolver un poco al pueblo lo que había recibido. No tomé la función pública para enriquecer ni muchos menos. Es tiempo, esfuerzo, y mi profesión es muy demandante. Lo hice con el sumo placer de poder brindar a esta sociedad lo que a mi me brindó”.

Finalmente, consideró: “Forme parte de una generación y a esto lo sigo hablando con correligionarios, donde existía la palabra y el respeto. Jamás me han escuchado rezongar o criticar. Al revés, tengo un profundo cariño a quienes fueron mis compañeros de banca y un profundo respeto a quienes fueron mis adversarios en esa época. Me encuentro con ellos y nos abrazamos. Tengo muchas anécdotas muy positivas.

Por ejemplo mi admiración con el profesor Julio Rodríguez, en aquella época de respeto mutuo. Eso si me lo llevo puesto . Era una época linda para hacer política, yo sabia las ideas que defendía y sabia las ideas que defendían los otros. Con el tiempo esto se ha ido diluyendo. No me arrepiento y siento agradecimiento por el respeto que recibí de mis correligionarios y sobre todo de los adversarios”, afirma quien además presidió el comité UCR Pehuajó entre 1993 y 1995.

Cabe acotar que el Dr. Ravassi ocupó el cargo en Zona Sanitaria II, área de inmunizaciones, desde 1985 hasta 2019, tarea que solo interrumpió -por incompatibilidad- cuando fue concejal municipal, ámbito donde presidió la Comisión de Salud.

También se desempeñó como Director de Medicina Preventiva de la Municipalidad de Pehuajó, entre 1995 y 1997, un área nueva en esos tiempos cuando el Intendente Peña quiso dar una impronta a lo que es la prevención. Al respecto, manifestó: “Un poco lo que uno apunta fundamentalmente como pediatra. Tenemos nuestro ADN metido en la prevención, por eso somos muy fomentadores de la lactancia materna, la solicitud estudios de recién nacido para detectar a tiempo enfermedades que después tener que resolverlas cuesta mucho más”.



HOMENAJE DE SU FAMILIA

Junto a su familia. Ausentes en la foto, los nietos nacidos este año


Tus brazos, el refugio”

Por suerte tengo la oportunidad de decírselo todos los días .

Tus abrazos siguen siendo el refugio donde encuentro el consuelo, cariño y los sigo eligiendo porque son mi lugar favorito.

Gracias por ser tan inmenso.

Te quiero muchísimo y te extraño más aún...

Que disfrutes de este homenaje tan merecido por la persona que sos pá”.

"Agus" Ravassi


EL”

Él se brinda al otro sin pretender nada a cambio.

El honra su profesión como médico hasta el día de hoy.

El, siempre inquieto, cálido, sensible y afectuoso. Positivo y optimista al extremo.

El, buena persona y de gran calidad humana.

El, es mi amigo cuando lo necesito.

El, es un abuelo ejemplar, una persona feliz y con un gran corazón!

Para muchos EL es el doctor Ravassi, yo tengo el privilegio de decir que EL es mi "papá".

Desde Suiza y extrañándote te envío besos y nuestro saludo cómplice "LCFDG”

Te amamos tu yerno Miró, tus nietas Mia y Alma, y tu hija Vicky.

¡Gracias por este homenaje!



Positivo, optimista, cariñoso, expresivo, empático

Cuando habló de mi papá es difícil que no me brillen y se me iluminen los ojos…

Me siento tan orgullosa de él…Una de las personas más positivas y optimistas que conozco, que supo enseñarnos a disfrutar de las cosas simples y sencillas de la vida. Él siempre nos manda fotos del jacarandá de enfrente cuando está en su esplendor, o de las hojas caídas del otoño en Pehuajó en algunas de sus caminatas.

Un apasionado por lo que hace, con gran vocación de servicio y siempre pensando en sus pacientes y en hacer su aporte para una sociedad mejor.

Él brinda momentos de calidad. De chicos nos llevaba mucho a la plaza, y hoy de grandes, una caminata con charlas de las más profundas. Siempre poniéndonos la oreja para lo que necesitemos y con la palabra justa. Disfruto mucho escucharlo cuando me cuenta sobre su infancia o su etapa de estudiante o sobre algún libro que leyó.

Cariñoso, expresivo, empático, bueno, honesto y con gran escucha.

La verdad es que para mí, es un grande.

Siempre le digo, que lo bueno de tenerlo como papá, es que mis hijos lo tengan como abuelo. Sus nietos lo aman: comen naranjas igual que él, escuchan Submarino Amarillo de “The Beatles” y su cuento preferido es el de ¡Los Tres Chanchitos!

¡Te amamos viejo! Y tenemos ganas de darte un abrazo pronto y del mas apretado!”

Desde San Rafael: tus nietos Gregorio, Ignacio y Julia, tu yerno Ale y tu hija Flor.


Justo y honesto

- “Después de las palabras de mis hermanas, que decir. De palabras justas y sencillo son cosas que siempre lo han destacado. Ni hablar de su honestidad. Siempre lo he admirado y querido como a pocos.

Agradecido y orgulloso de tenerlo como padre y cómo guía. !Te queremos viejo!.

Facu, Flor y tu nieto Fran


Amante de la familia y cultor de la amistad

Que puedo decir... él y mi otro querido hermano mayor fueron los referentes que me guiaron siendo yo el menor de los tres.

Los dos a su manera y estilo me transmitieron valores, y con las charlas que mantengo con Marcelo son la prueba de que el tiempo no hace mella en el vívido interés por escucharnos y seguir aprendiendo cosas de la vida...las mas esenciales.

De Marcelo siempre admiré su capacidad de gestión y esfuerzo permanente en las cosas que se propone en las diferentes facetas de la vida cotidiana y lo social. Amante de su familia y permanente cultivador de la amistad era el Norte a seguir en esos valores que lo destacan desde siempre. Siempre volqué mi admiración y cariño, lo mismo que sentí por Jorge.

Lo interesante es que los tres nos parecíamos en muchas cosas por las enseñanzas de vida de nuestros queridos padres, pero a la vez, los tres somos distintos en algunos matices acorde a nuestras personalidades. Y es precisamente ahí donde radica el verdadero valor de cada uno: ser sinceros y honestos.

Marcelo por ser la persona que es, puedo asegurar que siempre es y será esa persona que jamás traicionará su esencia, la que lo define como persona de bien. Abrazo a la distancia a mi querido hermano!

Alejandro Ravassi






 

Compartir en Google Plus

0 comentarios:

Publicar un comentario