“Agradezco a Dios haber podido cumplir con esta hermosa misión de educar al soberano”

En el día del profesor nuestro homenaje a través de una conocida educadora. Testimonio de fe en su quehacer y en su manera de ser. Emotivos recuerdos de su infancia y adolescencia. El vínculo con los alumnos, los vaivenes vocacionales, el cultivo de amistades que perduran luego de 36 años en las aulas.


Su primera inclinación vocacional fue el arte. Intentó y no pudo ser. Optó por el profesorado de historia que igualmente le permitió incursionar en el atrapante mundo de arte. María Rosa Brun Palacio (69), nuestra elegida para conmemorar el “Día del Profesor”, se recibió de maestra en la Escuela Normal donde además cursó preescolar, primaria y secundaria. Es Profesora Nacional de Historia, egresada del Instituto Nacional Superior de Profesorado "Joaquín V. González" de Capital Federal.

Actualmente pese al retiro de las aulas no está inactiva. La docente jubilada, estudia italiano, integra entidades como la Sociedad Española, es catequista y además ama de casa, madre, abuela y niñera. La conocida “Profe” hace un alto en los menesteres hogareños y comparte un grato encuentro con “Mirá”.

Para alimentar la nostalgia evoca los tiempos de niñez y adolescencia, por cierto muy felices. “Transcurrieron en un barrio tranquilo de Pehuajó de la zona de la estación de trenes, por lo tanto durante la infancia jugábamos con mis hermanos y los chicos del barrio, que eran muchos, tanto varones con mujeres, en las vías del ferrocarril. Andábamos en la zorra, a veces nos subíamos a los trenes que hacían maniobras, andábamos en patines de bolilleros y estrenando el asfalto de la avenida Lavardén y de mi calle Del Valle al 33. Andábamos en bicicleta y en patines, y los varones en los carritos a bolilleros. Jugábamos tanto juegos de niñas cómo de varones. Recuerdo que nos visitábamos los que vivíamos en la misma manzana, por los techos y no por la vereda, pegándonos bastantes golpes”.


Y al evocar la adolescencia, María Rosa luego de acotar que su casa siempre era lugar lugar de reunión, con sus amigos y los amigos de sus hermanos, rememora: “Hacíamos reuniones, como las de antes, que consistían en escuchar música con un grabador y o en pasadisco Winco. En mis quince años el recuerdo que tengo, que me marco más fue el regalo que me hicieron de un tocadiscos Ranser, que era todo una novedad”.

adres Junto a su familia al celebrar la primera comunión de una hermana

Y enseguida añade: “Fuimos muy felices con mis padres, con mis cuatro hermanos, con mis tíos y dieciséis primos, con mi abuela materna Rosa que vivió siempre con nosotros hasta su muerte: Ella nos enseñó, a las mujeres, a coser en la máquina Singer, a bordar y tejer. No teníamos televisión, escuchábamos radio y los juegos se realizaban en la vereda a veces hasta altas horas de la tarde”, para finalmente recordar los festejos de carnaval que “eran la guerra campal de globazos y baldazos. Todavía me suelo encontrar con algunos amigos del barrio y de la niñez, con los cuales tengo una hermosa amistad en vivo en directo y también ahora por whatsapp y Facebook”.


AIRES DE AMOR POR LA LECTURA Y EL SABER

Inolvidable. El egreso como maestra en la Escuela Normal

Quisimos indagar acerca de su vocación por la docencia o enseñanza y el relato de Rosita es claro y preciso: “Mi mamá, mi tía materna, una de mis tías paternas y el marido de mi tía materna, fueron maestros, y siempre en mi casa se respiró un aire de amor por la lectura, por el saber. Tuvimos la suerte de que nos compraran para muchos libros, enciclopedias. En casa siempre se nos fomento de la lectura ya que no teníamos televisión. Y leíamos también muchas revistas de las llamadas mexicanas, recuerdo a Archie y sus amigos, la pequeña Lulú, el gato Félix. Y mi papá compraba D´Artagnan, El Toni, y mi mamá la revista Para ti, Intervalo.

Leíamos mucho y teníamos real siente pasión por la lectura de acuerdo a la edad. En la escuela se estudiaba con libros, en la primaria recuerdo los manuales de editorial Kapeluz, y en el secundario cada materia su libro y que leíamos, estudiábamos y a veces yo adelantaba lo que teníamos que estudiar porque siempre tuve gran curiosidad por el saber”.

Su vocación por la docencia y la elección del profesorado de historia tuvo sus matices. “Siempre me gustó mucho el arte, tenía cierta habilidad para trabajar con mi mano, si bien era zurda contrariada, lo cual dificultaba bastante mi escritura que nunca fue de una letra entendible, inteligible y linda.

Amaba las clases de plástica con la profesora Hilda Riscino. Y eso hizo que cuando egresé de maestra decidiera y con autorización de mis padres, ir con mi hermano mayor Luis María, a La Plata para estudiar diseño en comunicación visual en la Facultad que en esa época era Escuela de Bellas Artes. Tiempos muy difíciles políticamente, año 1969, gobierno militar de Juan Carlos Onganía. Había ocurrido el año anterior el cordobazo, la noche de los bastones largos, sucesos que fueron anticipando lo que vendría después. Todo eso hizo que no me sintiera cómoda en La Plata, y además yo nunca supe bien hacia dónde iba a con la carrera, porque no teníamos clase casi nunca, ya que la policía intervenía constantemente a los centros de estudiantes y las revueltas estudiantiles eran muy frecuentes”.


UN PARÉNTESIS, UNA DECISIÓN Y UN COMPROMISO

En la Residencia Universitaria del Buen Aire. Festejo del egreso como Profesora de Historia.
En la Residencia Universitaria del Buen Aire. Festejo del egreso como 
Profesora de Historia.

Por esos motivos, en septiembre de1969 regresa a Pehuajó. “Mi madre sobre todo se oponía a que se volviera a salir de mi casa para intentar otra carrera. Siempre me gustó la historia además de la plástica. Tenía mucha facilidad para la lectura y esos meses de 1969 que estuve en mi casa leí mucha historia y logré que me permitieran ir a estudiar a Buenos Aires el Profesorado de Historia”, acota y destaca:

La influencia que tuvo la profesora de historia Benilde Lluch. Todos nuestros profesores de historia en la época del secundario eran profesores que enseñaban con una metodología academicista y memorística, pero a mí me encantaban las clases de Benilde no solo por lo que sabía sino cómo lo explicaba. Muchas veces iba a su domicilio particular para que me prestara libros y profundizar el tema que debíamos estudiar. Algunos compañeros decían era chupamedias pero no me importaba”.

Definida la carrera a seguir vino la decisión de ir a Buenos Aires. “Hice un ingreso exitoso al Instituto del Profesorado y los 5 años que duró la carrera viví en la Residencia Universitaria del Buen Ayre, que pertenecía a la institución teresiana, institución religiosa dirigida por mujeres laicas dedicadas a la difusión del evangelio a través de la educación, con una mente muy abierta, con un espíritu crítico notable para entonces.

Mi desempeño como alumno fue bueno pero no brillante. Disfruté mucho de mi vida en Buenos Aires, saliendo con amigos, con mi novio, haciendo capacitaciones aún siendo estudiante. Teníamos mucha actividad en la residencia donde vivía. Empezamos a conectarnos con sacerdotes de todo tipo. Todos los días había misa, que no era obligatoria ya que la residencia era laica, pero había misa diaria. Iba a dar misa el padre Manuel Entraiga de la congregación salesiana, un historiador que dedicó su vida a estudiar la vida y obra de Ceferino Namuncurá. Con él tenía largas charlas sobre historia. En la residencia había una biblioteca pública y eso hizo que yo no tuviera que comprar demasiados libros para mi formación como profesora, porque gracias a Dios la mayoría estaban ahí”.

Las relaciones en ese ámbito también definieron un compromiso del que jamás de apartó. “Yo atendía los sábados a la mañana. Era la época que se conseguía trabajo y ayudé a mis padres a mí mantención atendiendo el teléfono en la residencia, de lunes a viernes en las horas de la tarde y los sábados atendiendo la biblioteca. En una de esas charlas que teníamos con sacerdotes, conocí al padre Carlos Mugica y a su grupo de colaboradores de la teoría de la liberación, de los curas tercermundistas

que me marcaron también notablemente. Hice catequesis en la parroquia de Montserrat, cercana al pensionado de la residencia. Me dedicaba a la pastoral de la enseñanza de los niños de primaria. Ahí comenzó mi compromiso evangelizador y empecé a pensar que podía unirlo a mi deseo de poder transmitir la historia con una visión diferente”.


INTENSA LABOR Y CULTIVO DE EXPERIENCIAS

 Con los compañeros de la secundaria en ocasión de cumplir 50 años de egresados.

Desde 1975 a 1980, dio clases en el bachillerato para adultos que funcionó en la Escuela 9 y dependía de la Escuela de Enseñanza Media de Madero. Desde 1975 a 1979 viajó a Henderson y dictó clases en el Colegio Santa Teresita. Desde 1976 a 1980 realizó suplencias en la Escuela Normal y al mismo tiempo ejerció en el Colegio Nacional y en el Comercial Nocturno. Desde 1981 a 2010, fue protagonista del Proyecto 13, profesor de tiempo completo. Su labor también se desarrolló hasta el año 1990 en los Institutos de Profesorado 147 y 148 y en la Escuela de Arte “Carlos Torrallardona” desde su fundación en 1990, hasta jubilarse en el 2010.

Y al hablar de la experiencias adquiridas, señala: “En 36 años de labor fueron muchísimas, imposible de poder sintetizarlas en breve espacio. Han quedado grabados momentos y anécdotas que han calado muy hondo en mi alma. En todos los lugares donde di clase quedó algún recuerdo destacable”.

Tal vez el menos conocido de los establecimientos sea el lugar donde me inicié en el CEMA 36, la primera experiencia que se hizo en la Provincia, de bachillerato para verdaderamente adultos. Era gente mayor no adolescentes, que por diferentes circunstancias no habían terminado el secundario. Ahí, yo recién recibida, me encontré con alumnos mucho más grandes que yo. Mi susto fue inmenso, estaba realmente aterrada porque al no tener experiencia no sabía cómo encarar la enseñanza de la historia y de la formación cívica en adultos. Pero fue una experiencia muy enriquecedora porque aprendí a no tener miedo de dar clase”.

Y en la Escuela de Educación Media de Francisco Madero la experiencia también fue maravillosa, “porque Madero es la localidad dónde nació mi abuela materna y mi madre, ósea que esta localidad es muy caro a mis sentimientos, la mitad de la población eran parientes míos. Eran chicos tan maravillosos que fue realmente un placer dar clases en este lugar, en momentos en que los chicos eran tan respetuosos hacia los docentes, los preceptores, los ordenanzas, las autoridades. Fue realmente una experiencia maravillosa. Acompañé a su viaje de egresados a Bariloche, eran 12 chicos nada más, seis mujeres y seis varones, que hasta el día de hoy, la mayoría son mis amigos de vida y charlamos de igual a igual.

      En Bariloche con egresados de la Escuela Media de Francisco Madero, año 1979.

Era muy jovencita cuando empecé a trabajar y realmente la vida después nos acercó desde otros puntos de vista. A Madero fui con las dos panzas de mis hijos y recuerdo los divertidas que eran las clases y los cursos de capacitación que teníamos que hacer, que eran los días sábados para no perder días de clase. Terminaban siempre con asados hechos por el compañero y colega Luis Irastorza. Realmente eran una fiesta donde participábamos todos los integrantes del establecimiento”.


AMISTADES CONQUISTADAS 

Y MOMENTOS IMBORRABLES 

Con alumnos del Instituto Santa Teresita de Henderson

En el Instituto Santa Teresita de Henderson mi experiencia fue muy breve. Llegué a Henderson porque necesitaban profesores de historia en secundario y de historia de la educación en magisterio. Lo destacable de esta experiencia fue que yo tenía concentrada las horas los días jueves y viernes y me quedaba a dormir el jueves en Henderson. Dormía con las pupilas de esta institución privada y religiosa. Eran de Magdala, de Mones Cazón, de localidades cercanas a Henderson y del campo. Con este grupo de jovencitas hasta el día de hoy tengo una amistad maravillosa, reconociendo el cariño que nos teníamos mutuamente: Fue una experiencia muy gratificante”.

En la Escuela Normal donde cursé toda mi escolaridad preescolar, primaria y secundaria, mi experiencia como docente fue también breve. Hice suplencias de historia a Marta Baliani que estaba a cargo de la vicedirección de la escuela y entonces no podía hacerse cargo de las horas de historia. Recuerdo que daba clase en primer año y en cuarto año. En ese tiempo recuerdo mi casamiento, mi despedida de soltera. Los alumnos de cuarto año también me hicieron una despedida de soltera. Fue algo curioso y todos esos alumnos fueron a verme a la iglesia cuando me casé. Fue fue una experiencia muy emocionante. Con muchos de los alumnos que tuve en los pocos años que ejercí, tengo una maravillosa relación de amistad”.

Todos los años iba a Bariloche de viaje de egresados con los chicos. Recuerdo especialmente a la promoción de 1977, que hoy día la tengo como colega a Adriana Domenge y como amigos a casi todos los egresados. Fue una promoción muy curiosa porque casi todos ellos son profesionales y tienen un grupo de whatsapp al cual me invitaron a participar y es el único grupo de ex alumnos que acepté formar parte porque me resultó muy grato que me hayan invitado a compartir”.


 DOS GRANDES AMORES

Su amada promoción 1992 del Colegio Nacional. Junto a María Rosa su hijo Martín que siempre la acompañó a las fiestas de egresados.

Mis dos grandes amores son el Colegio Nacional y la Escuela de Arte. En el Nacional transcurrió casi toda mi actividad docente. Fui profesora de diferentes cursos, ocurrieron hechos muy gratos y otros muy tristes, como la pérdida de los compañeros en ese accidente de auto en que perdieron la vida mi colega Jorge Calvo y Mario Mateucci, mi amiga compañera Boyi Torra y Eleonora Rocha y que salvara su vida Huche Ferreira. No podría enumerar la cantidad de anécdotas que tengo del Colegio Nacional. Agradezco a la vida la libertad con que pude actuar en el Colegio Nacional, con los dos rectores que tuve al comienzo de mí carrera, maravillosos, que nos dejaban en total libertad de acción dentro del aula y cada uno podía dar clase como mejor le pareciera, con la capacitación permanente que teníamos y las ganas de que nuestros alumnos aprendieran no solamente para el saber científico sino que aprendieran para la vida.

 En un acto de fin de curso de la Escuela de Arte Carlos Torrallardona

Y la Escuela de Arte es mi tesoro más grande como educadora. La vi nacer, me convocaron para dar historia del arte y estuve veinte años dando esta materia en los diferentes cursos, desde el preparatorio hasta el último año de formación, en la carrera de artes visuales y diseño gráfico. Esto llevó a que tuviera que capacitarme en arte y recuerdo los viajes a la Facultad de Bellas Artes de La Plata, para poder capacitarme en esta materia y lograr la titularidad.

Por eso yo digo que en la vida nada ocurre al azar. En el año 69 después de recibirme en el secundario, fui a Bellas Artes en La Plata y no resultó. Luego de tantos años volví y fue realmente apasionante. Y recuerdo en este momento nuevamente a Hilda Riscino y le agradezco porque sin saberlo, inconscientemente, ella me inclinó hacia la actividad artística, pero en Teoría del Arte, no en la creatividad que no sirvo realmente. Cuando veía las bellezas que mis colegas hacían en esta escuela y la producción de sus alumnos, realmente no me equivoqué en dar Teoría del arte”.


LA FAMILIA Y UNA DOCENTE DE TIEMPO COMPLETO

           María Rosa junto a sus hijos Ileana y Martín, y su hija política Milagros.

Al hablar del entorno familiar, María Rosa expone con absoluta sinceridad las etapas vividas y su rol como madre. “Mi familia era la que formé junto al que fue mi esposo del cual estoy divorciada y que es el padre de mis dos hijos, Ileana y Martín. Pobres queridos mis hijos, hijos de docente de tiempo completo. Cuando estaba trabajando a full, trabajaba de mañana, de tarde y de noche, a veces hasta las once”.

Luego de señalar que sus hijos se criaron en guarderías y con sus abuelos paternos, expresa: “Para mí fue muy difícil poder conciliar la familia con el trabajo, a mis hijos nunca les di cantidad de tiempo pero sí logré darle calidad de tiempo. A ellos les dedicaba los fines de semana, si hacíamos actividades las hacíamos juntos.

Descuidé bastante sus tareas, mi hija Iliana no tuvo problema porque era una alumna muy buena que se arreglaba sola, pero Martín me dio bastante trabajo en cuanto a sus actividades como estudiante. Le costaba y como mamá me he sentido a veces mal porque llegué a pensar que no hacía nada bien en cuanto a que era mama media, docente media, que no les dediqué el tiempo necesario, pero con los años transcurridos ellos se dieron cuenta de por qué mamá estaba tanto tiempo fuera de su casa, porque a mí me tocó ser sostén de hogar”.


CATEQUISTA, CONCEJAL, SINDICALISTA 

Y DIRIGENTE COOPERATIVISTA


Además de la labor docente, cumplió diversas actividades comunitarias. Al respecto, sintetiza: “Ya lo expresé, que cuando estaba estudiando en Buenos Aires comencé a ser catequista con algunas interrupciones debido fundamentalmente a los tiempos históricos políticos que se estaban viviendo cuando yo fui estudiante universitario. Fue la época cuando yo me recibí de la muerte del padre Mugica, la muerte de Perón, la tripe A, el comienzo de las persecuciones políticas, la caída del gobierno democrático de Isabel Martínez de Perón, y toda la etapa del proceso”.

Yo me inicié con él el gobierno de Isabel Perón y empalmé con el proceso. Era todavía muy joven y éramos inconscientes de un montón de acontecimientos, hasta que con los compañeros docentes que vivimos todo esto que culminó con la guerra de Malvinas, comenzó a prepararse la vuelta a la democracia y aquí empecé a trabajar como sindicalista siendo una de las fundadoras del CEDON Regional, Centro de Educadores Docentes Nacionales del SUTEN (Sindicato Unificado de Trabajadores de Educación Nacionales) y que luego cuando provincializaron la educación nacional integramos el SUTEBA, algunos integraron la FEB, el otro sindicato docente”.

Es decir que también fui sindicalista e interviene en política partidaria. Fui elegida concejal en Pehuajó por el recientemente creado partido ARI entre los años 2001 y 2005. También integré el Consejo de Administración de la Cooperativa Eléctrica de Pehuajó entre los años 2010 a 2012, pero siempre en todas estas actividades y también en la educación, por supuesto, hubo una coherencia de criterios y una convicción de que todo esto en mi vida era un servicio que hacía la comunidad y que era un mandato divino”.


DAR TESTIMONIO DE FE

  La abuela María Rosa y su nieto Lorenzo, en la capilla de Luján

Ejemplificando su concepción de mandato divino, María Rosa afirma: “Cuando el Señor Dios me llamó a su servicio, tantas veces le había dicho que no, que cuando le dije que sí, yo creo para mis adentros que el Señor se sorprendió de mi decisión, porque si algo estoy convencida es que el hombre es un ser libre por naturaleza en todo sentido y que el hecho de aceptar o no una religión implica un compromiso pero basado en la libertad”.

A mí me marcó notablemente las cartas de San Pablo. En todos los lugares donde él estuvo, la frase no que creo la dijo por primera vez en Éfeso: “Ay de mí si no predicó el evangelio”, que él lo tomo como una obligación desde su conversión y yo también lo tomé como un eje en mi vida: “Ay de mí si no predicó el evangelio”…Y dando, como di clase en casi todos los establecimientos públicos, yo no podía inculcar una religión pero si di testimonio de mi fe en las obras, en mi manera de ser y de actuar”.

Ampliando sus convicciones, sostiene: “Mi postura ante los demás siempre fue el servicio y siempre puse pasión en esta misión de educar, de formar, de instruir, de abrirle los ojos a los jóvenes, porque más que vomitar conocimientos de historia a mis alumnos siempre les enseñe a pensar, a discernir, a comparar, les enseñé que la historia no es una ciencia exacta sino que es una ciencia humana y que depende el contar la historia de los ojos de quien la cuenta. Que no se queden con una sola opinión, sino que aprendan a comparar y a sacar sus propias conclusiones”.

Muchos de mis alumnos que hasta el día de hoy son mis amigos en diferentes lugares, hoy día en los medios de comunicación, mis médicas son ex alumnas, mi odontólogo es ex alumno, hay gente en mi barrio que fue ex alumna. Te imaginas en 36 años de docente me dan las gracias porque les enseñé a estudiar. Mi odontólogo me dice “Rosita, gracias a todos los mapas conceptuales y esquemas de contenido que vos nos dabas, a mí me sirvió para estudiar odontología”. Me daba risa que me dijera eso, pero qué bueno y logré algo, no digo con todos los alumnos, pero al ver el cariño que me brindan en diferentes situaciones de mi vida, le agradezco a Dios que haya podido cumplir con esta misión tan hermosa que nos dijo el viejo Sarmiento de educar al soberano”.


HACER Y TRASMITIR LO QUE SE APRENDE

        En la sala de profesores del Colegio Nacional.

Finalmente, echamos una mirada al tiempo recorrido y a modo de balance, manifiesta: “Es totalmente positivo. No fui nunca la mujer maravilla, pero sí sé que hice lo mejor que pude y que actúe con una gran alegría y convicción. Recuerdo a un compañero que tuve en política partidaria, peronista el hombre, que siempre decía que hay que militar con alegría. Y sí, si no tenemos alegría interna no podemos transmitir la alegría eternamente hacia quien nos escucha y quién está esperando una respuesta de nosotros. Que bárbaro poder hacer y transmitir a los demás todo lo que uno aprendió de otras personas y saber que lo que uno está haciendo es bueno para los demás. Por eso como el balance no va a ser positivo, es súper positivo”.


ESTUDIAR POR CONVICCIÓN Y VOCACIÓN

       Fiesta de fin de curso en el Colegio Nacional y un regalo muy especial: un banquito                                             para  llegar al pizarrón en alusión a su estatura.

Por último, como mensaje a las nuevas generaciones, indica: “Hoy la educación ha cambiado muchísimo con respecto a la época que me tocó a mí estudiar, educar y formar. Los tiempos políticos dentro del devenir histórico son otros, los tiempos económicos son otros y los acontecimientos que nos tocan vivir son otros, pero a los alumnos que por ahí me vienen a consultar o a pedir ayuda, que a mí me gratifica que vengan a solicitar ayuda para realizar algún trabajo en particular sobre todo los del profesorado de historia del Instituto 148, siempre les digo que no estudien porque no les queda otra salida que hacer una carrera docente, que realmente estudien por convicción y verdadera vocación, porque sino nunca van a ser felices y eso es lo principal poder hacer una actividad que nos gratifique y encima que nos paguen por eso”.

Hoy el chico aprende que el docente no trabaja casi ningún día porque está siempre de paro por cuestiones políticas de los dirigentes sindicales. Este año la situación es otra por la pandemia que estamos viviendo pero igual tienen que tomar clases y dar clases utilizando los medios de comunicación virtual, que yo no los viví, me considero un analfabeta en todo lo que es informática y computación, pero que todo esto lo hagan por una convicción sino que aprendan un oficio y se dediquen a otra cosa”.

Pienso que en el país y en el mundo, hay que fomentar más los oficios pero con una categoría universitaria o terciaria al menos, que se le forme a los alumnos con los medios de comunicación virtual que tenemos, pero que si los perfeccione y capaciten un oficio determinado que vale tanto como una carrera tradicional y convencional en la Universidad”.


UN PRESENTE RARO Y PREOCUPANTE

                                             Con su hija Ileana y su sobrina Ana Brun

Al concluir el prolongado pero sin duda enriquecedor encuentro, Brun nos habla de este raro presente que nos toca afrontar. Sus días ya no son los mismos de otros tiempos. “Con la pandemia cambió todo, las cosas que hacía habitualmente ya no las puedo hacer, cómo viajar mucho a Buenos Aires principalmente donde vive mi hija Ileana, viajar dentro y fuera del país dentro de mis posibilidades, visitar a mis hermanos que no viven en Pehuajó, hacer algún tipo de actividad cultural como ir a una exposición, a un foro determinado fundamentalmente en Buenos Aires”.

Me tengo que conformar como todos -concluye- cuidándonos mucho y usando el tapaboca, quedarme en casa porque soy una persona mayor, estudio por whatsapp italiano, hago yoga también por facebook, camino un poco cuando se puede caminar, tomó un poquito de sol, extraño muchísimo a mi hija que desde febrero no la veo, veo películas, cuando puedo leo libros ya leídos, no tengo muchas ganas de leer cosas diferentes nuevas, cuido a mi nietito Lorenzo que es un solcito y que me dedica los fines de semana. Y también hasta ahora pasó tiempo con mi hijo Martín y mi nuera Milagros que va a ser mamá y me hará abuela nuevamente para los primeros días de enero”.

Es probable que muchos lectores hayan vivido experiencias similares en las distintas etapas de la vida. Las vivencias de la “profe” María Rosa Brun, dejan un claro mensaje de perseverancia, firmes convicciones y enseñanzas para tener en cuenta. Terminó el encuentro, Rosita retoma la hermosa rutina de jugar y disfrutar su amado nieto, una tarea que carece de manuales instructivos, porque se rige por el encanto de la ternura y el amor en toda su dimensión.


                                       PING PONG


-¿Un deseo?: “Que mi nieta Josefina nazca bien”.

-¿Un recuerdo?: “Los domingos en familia”.

-¿Una gratitud?: ”A mis padres por darme la vida hermosa que tuve”.

-¿Una ingratitud?: “Ya fue olvidada y perdonada”.

-¿Un rencor?: “Nunca fui rencorosa, si memoriosa”.

-¿Un amor?: “La vida que me ha dado tanto”.

-¿Una frustración?: “No saber casi nada de computación”.

-¿Una esperanza?: “Que se termine la pandemia y podamos contarlo”.

-¿Un reproche?: “No haber sido mas valiente”.

-¿Un ídolo?: “Manuel Belgrano”.

-?Un libro?: “Los Santos Evangelios”.

-¿Un amigo/a?: “Tener amigos es un regalo valioso. Por suerte los tengo”.

-¿Dios?: “Es mi TODO”.

-¿La historia?: “Sigue siendo mi pasión”.

-¿Pehuajó?: “Donde nací y quiero morir”.

-¿María Rosa Brun?: “Una mujer apasionada y fiel, incapaz de una traición” 


RECUERDOS

"El Coliseo" en Roma, ratificando su pasión por la historia

En Sorrento, Italia. Año 2019


Junto a su tío, Pedro Denda, recordado maestro pehuajense




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