Último adiós al rey de la gambeta azul

Este 21 de mayo nos dejó Tomasito Arive, a los 80 años de edad. Uno de los ídolos máximos del Club Deportivo Argentino. También fue dirigente de la entidad azul y fiel hincha. Brillante goleador y gambeteador. Sus inicios, su amor por Depo y su encendida defensa del potrero.


Tomasito Arive fue protagonista de"Mirá" en su edición de junio de 1914, en adhesión al 95° aniversario de Deportivo Argentino. A modo de despedida reproducimos textualmente aquella nota.


Es el mayor de los Arive. Ese pibito que realizó sus primeros quiebres de cintura en Francisco Madero “contra los del otro lado de la vía”. Es Tomás, que a los 74 años, todavía se emociona al revivir aquellos momentos donde todo era fantástico. “Yo soy primo de los Cumba, y el Bocha, era de mi edad; entonces vivíamos todo el día juntos e íbamos a patear. Pateábamos todo el día”, relata, y describe los picados que se armaban en la localidad pehuajense: “hicimos un equipo de fútbol que se llamaba Maderense Infantil y todos los sábados jugábamos contra los del otro lado de la vía. Y la madre del Bocha cuando terminaba el partidos nos hacía un chocolate para todos. Todo era hermoso”.

Entre partido y partido, Tomás asistía a la Escuela 24, al lado de la cancha del club Atlético Maderense. Pero su estadía en Madero un día llegó a su fin. Transitaba el año 1955 cuando, junto a Tito, su hermano, tuvo que trasladarse a Buenos Aires para estudiar en un colegio salesiano. Allí estuvo durante cuatro años hasta que arribó nuevamente a Pehuajó en el desenlace de 1959. La situación económica de su padre no era buena y debió regresar a su ciudad para aportar, junto a sus hermanos, en la mantención familiar.

En ese momento Tomás Arive tenía casi veinte años y comenzaba a trabajar con Constante Polverini, el vendedor de muebles. Allí dio sus primeros pasos en el mundo de la carpintería, mientras continuaba con su historia futbolera, la que había comenzado de pequeño en Francisco Madero, rompiendo redes en Maderense Infantil. “Nos vinimos a Madero porque mi viejo nos necesitaba. Éramos doce hijos y él había vendido el negocio, por eso nos vinimos a Pehuajó a trabajar todos”.

A pesar de las idas y venidas, el amor por el fútbol no claudicó. Y junto con la pasión por la redonda nacería una nueva relación futbolera: una pasión azul. Tomás y Tito vivían en una pieza que su familia alquilaba detrás de la fábrica Belchita. Cada día, todas las mañanas, iban caminando hasta sus trabajos: Tomás hasta lo de Polverini y Tito hasta lo de Aballay “que era el capo de Planeadores”. Y en esas caminatas tenían un sitio por donde no podían dejar de pasar: la vieja cancha de Deportivo Argentino. Siempre, y todo, sin saber que en ese lugar, en ese verde césped, se consagraría como goleador, campeón e ídolo de la institución pehuajense.


DE MADERENSE A DEPORTIVO ARGENTINO
Al llegar a Pehuajó, Tomás y Tito formaban parte del plantel de Atlético Maderense. Pero al estar radicados en tierras pehuajense, lo mejor iba a ser optar por un club en la ciudad cabecera. Y fue el conjunto azul el que fue en busca de los hermanos Arive: pagó 10.000 pesos por la ficha de ambos, y así, se convirtieron en futbolistas de Deportivo Argentino. “Nosotros siempre tuvimos debilidad por Deportivo”, afirma Tomás, e inmediatamente destaca que “Maderense se portó muy bien y nos dio el pase. Mi viejo manejó la transferencia”.

Tito jugó de cuatro y Tomás de nueve. “Mi hermano jugaba muy bien, llegó a jugar en la selección y fue capitán durante mucho tiempo”, señala el mayor de los Arive, quien a la hora de describirse dijo: “No era tan goleador como por ejemplo Manolo Hernández, el Peca Hernández, ellos eran más goleadores. En cambio yo si bien hacía goles hacía muchas habilitaciones a los compañeros, era hábil. Yo era gambeteador”.

DE DEPORTIVO ARGENTINO A MADERENSE
Antes de triunfar en el azul, Tomás volvió a Maderense y fue campeón. Arive formó parte del plantel que logró el primer campeonato del conjunto de Francisco Madero de la Liga Pehuajense de Fútbol. Fue en 1965. “Yo estaba en Deportivo, y en el 65, mientras trabajaba en el taller con Tito, vino Santiago Curuchet y me dijo: ‘¿no querés venir a jugar a Maderense?’. ‘Sí’, le dije”.

Tras la propuesta del Maderense de Roberto Dirassar, Arive alertó: ‘Pero yo estoy jugando en Deportivo’. “Sí” -le contestan- “pero me dieron el pase tuyo”. Recién ahí Tomás se enteró que ya era jugador de Maderense. El campeonato había empezado pero como durante ese tiempo el libro de pases cerraba treinta días después de empezado el torneo, Tomás pudo retornar a su primer club: “Y bueno, volví y salí campeón, que no había salido nunca”.


OTRA VEZ CON LA CASACA AZUL
“Tuve la suerte de salir campeón en dos equipos, dos años seguidos, en dos clubes que nunca habían salido campeón”, comenta Tomás. ¿Por qué? Porque en 1966, Arive volvió a Deportivo Argentino, y como le había pasado en Maderense, consiguió dar la primera vuelta olímpica de la institución. Fue goleador y figura del equipo que dirigieron Mario Dubra y Cacho Garré, reemplazados a pocas fechas del final por el Negro Basigalup.

Arive se convirtió en uno de lo máximos ídolos del club, siendo más adelante entrenador de inferiores, técnico del Deportivo campeón de 1984 y del equipo que enfrentó a Olimpo de Bahía Blanca, a los conjuntos de Bolívar y Bragado, entre otros, en el torneo regional, donde compartió banco con Raúl Gróttoli.

Tomás práctico fútbol hasta 1974, cuando tenía 34 años. “Podría haber jugado dos o tres años más en primera, no tenía problemas físicos ni lesión, pero como dirigía inferiores y muchos de los pibes empezaban a llegar a primera no podía sacarle el lugar a ellos”, expresa, y agrega: “estoy muy contento, y costó dejar de jugar al fútbol pero es un ciclo y cuando se acaba tenés que ser consciente”.

EL SECRETO ESTÁ EN EL POTRERO
Tras alejarse del campo de juego como futbolista, el exgoleador se dedicó a la formación de jugadores. Al respecto, Arive destaca que hay cosas que solamente se aprenden en un potrero pateando la
pelota. Para hacerlo descriptivo, el pehuajense nos ubica en una situación de juego.

“¿Qué pasa si dos jugadores traban y la pelota sale para arriba con efecto? En aquel entonces todos sabíamos para qué lado picaba por el efecto de la pelota. Ahora vos ves que el pibe va a buscarla ‘para acá’ y la pelota pica ‘para allá’, Cuando dirigí inferiores yo les decía muchas veces esas cosas, Y a todo esto lo aprendés por estar pateando todo el día. Nosotros puteábamos cuando se entraba el sol porque se terminaba el picado”.

Tomás asegura que “dirigir inferiores es hermoso” y no puede olvidar a todos los cracks que le tocó dirigir. Entre tantos, señala a “Omar Antonio que era un Maradona, hasta nació el mismo día que el Diego, tienen la misma edad. Él y Guillermo Martínez, que son dos que tuve en inferiores, eran buenísimos. No la tiraban para arriba”.

También recordó a “muchos de los chicos que salieron de Deportivo y jugaron en selecciones regionales, de Tejedor, de Trenque Laquen, de donde fueron a jugar. Recuerdo a los dos Martínez (Guillermo y Raúl), a Omar Antonio, a Tatín Zemma, Horacio Maceda, Cartucho Lambert, Daniel Tessa, son muchísimos”.



“EL FÚTBOL ES MARAVILLOSO”
El mayor de los hermanos Arive fue futbolista, entrenador de inferiores, técnico, dirigente e hincha. Pasó por las facetes del mundo futbolístico, pero no duda en afirmar que no nada mejor que “patear una pelota”. “Jugar es maravilloso, dirigir tiene su importancia pero es otra cosa, vos sufrís de afuera pero estando en la cancha no sufrís, por más que estés perdiendo sos parte y podés contribuir a revertir el resultado. Y lo lindo que es el juego…. De delantero te comés alguna patada pero salís a festejar el gol…”, afirma, y sentencia: “Es maravilloso el fútbol”.

A la hora de las comparaciones, Tomás sostiene que existen “diferencias con el fútbol de antes”. Indica que “la diferencia está en que las escuelitas de fútbol suplantaron a los potreros que había antes, y es distinto. Cambió la vida, hay un montón de cosas que cambiaron, entonces hoy no sé por qué pero han desaparecido los potreros. Ahí se aprendía todo, no sólo la belleza del juego, el manejo de la pelota sino el hecho de cómo caer, todo aprendés. Hoy veo pibes que van a trabar una pelota y decís ‘le arrancan la pata’ y por eso hay tantos lesionados. En el potrero aprendías de chico todo lo que tenía que hacer en la cancha para no joderte físicamente”.

DON TOMÁS ARIVE Y EL FÚTBOL
Al papá de los Arive no le gustaba el fútbol. Según su hijo, fue un amante de la pelota a paleta. “Era bien vasco”, manifesta Tomás, al mismo tiempo que rememora cuando su padre jugaba en Madero. Para ilustrar la indiferencia de Don Tomás para con el fútbol, comparte una peculiar anécdota: “Cuando vino Boca Juniors a Deportivo le compramos una platea, ¿y sabés qué hacía mientras se jugaba el partido? Leía Paturuzú”.

SANTIAGO BACAS, EL CRACK
Actualmente, Tomás es un fiel seguidor del primer equipo de Deportivo Argentino en Liga Pehuajense de Fútbol. Domingo tras domingo, el Esteban Garré lo espera ansioso para alentar al azul. “Me gusta mucho ir a la cancha”, asegura sonriente.
Y entre tantos jugadores que pasaron por la institución, y tantos campeonatos observador, Arive brindó un capítulo aparte para el delantero oriundo de Pirovano, partido de Bolívar. “En este momento hay un crack de todos los tiempos en la Liga Pehuajense. Santiago Bacas hubiese sido crack en el 40, en el 50, en el año que quieras. Es un jugadorazo. Salió campeón en todos lados, es un crack. Qué bien juega al fútbol”.

 


LA OPINIÓN DE LA FAMILIA


-”Como hermano, 10 puntos. De chicos nos hacía hacer deportes a todos los hermanos menores, fundamentalmente atletismo y fútbol. Con respecto a Deportivo, de cuando vivíamos en Madero veníamos en bicicleta a ver a los azules en la vieja cancha de tribunas de madera. Ya en Pehuajó, vivió para Deportivo, ya sea como jugador, director técnico o dirigente. En verano, nos reúne en la quinta de los tradicionales asados de los domingos, pero cuando comienza el fútbol y Deportivo se lo lleva nuevamente. Tomasito no es complicado, es simple completamente, y fundamentalmente, es todo corazón”.
(Manuel Francisco Arive, hermano)

-“Tomasito, como lo llamamos en familia, además de tener la natural influencia en nosotros sus hermanos, al menos en mí, por ser el primogénito,si bien se ha destacado en el ámbito deportivo como futbolista por sus virtudes (quizás, no tantas como ha manifestado reiteradamente “Cacha” Rivello), ello queda reducido a la nada si se compara con el “partido” que ha jugado a lo largo de toda su vida como persona en el que brilló y sigue brillando cada vez con más esplendor”.
(Julio Arive, hermano)

-“Tomasito, lo quiero mucho como a todos mis hermanos. De él en particular, digo que es un santo. En la cancha de la vida merece el premio por el “fair play”. (Inés Arive, La Plata)

-Como jugador de fútbol Tomás, para mi, Carlos, que soy el menor, siempre tengo el recuerdo de niño de un partido en que jugaron en la cancha de Progreso, en el cual Deportivo ganó 4 a 1 y Tomás la “rompió”. Recuerdo patente una jugada por izquierda que fue gambeteando defensores dentro del área y se paró y le puso la pelota en la cabeza, no se si a Pedro Bernoldi o Guido Vitangeli, que solo la empujaron a la red. Jugué con él en campeonatos comerciales y siempre admire su habilidad. Como dirigente, cuando dejó de jugar se dedicó a las inferiores y junto a Edo Fusaro, su amigo, sacaron una camada de jugadores que fue la base de la primera muchos años. Pero lo más importante eran las enseñanzas que les daban. Como hermano tengo la dicha de tener en él un ejemplo de transparencia, de honradez, de justicia y también de fe. Como DT en Deportivo, salimos campeones en el 84. Lo que si no tengo dudas es de la lealtad al club y de su presencia siempre afectiva y efectiva”.
(Monseñor Carlos Arive, hermano, desde Tres Lomas)


-“Tomás como hermano fue un segundo padre por sus ejemplos y consejos, nos inició en el deporte y nos hizo fanáticos de Boca Juniors, y detrás de él y de Tito, llegamos a Deportivo. Él ha dejado una huella imborrable, como jugador, como entrenador de inferiores logró la camada más brillante de Deportivo Argentino; como técnico en primera, también fue campeón. Como dirigente, creo que los clubes necesitan muchos Tomasitos, por brindarse por completo y desinteresadamente por el amor que le prodiga a una institución. Actuó en el club como es en la vida. Es un ejemplo a seguir”.
(Santiago Arive, hermano y actual presidente de Deportivo)

-“Como tío, puedo decir que es una excelente persona. Fundó junto con Tito una carpintería, que este año cumple sus bodas de oro y la transformó en una empresa. Me enseñó lo que es el trabajo, que con dedicación y compromiso uno puede crecer, pero lo que más rescato es su humildad, ese es un don que no cualquiera lo tiene. De chiquito en la quinta, jugábamos al fútbol, y agradezco esa posibilidad, porque pude jugar varias veces con mi ídolo. En el 2004, lo tuve como técnico y esta vez fue diferente. Mi ídolo futbolístico renegaba por mis actitudes dentro de la cancha. Su frase era: “Poroto, a mí nunca me sacaron una tarjeta roja”, pero luego de un tiempo, me enteré que eso no era cierto, a lo que él respondió: “Esa vez el árbitro se equivocó”. Para mí es un excelente deportista, un gran fanático del Depo. Con orgullo llevo su nombre. ¡Grande, Tomaso!”
(Tomás Arive Santillán, sobrino y actual jugador)

“Como jugador fue muy habilidoso, esa condición lo destacaba. Jugamos juntos y fue muy lindo. Y como hermano, hemos tenido una relación muy particular. Fuimos juntos a la escuela, cuando nos mandó papá a un colegio salesiano, pero tuvimos que volver y acá en Pehuajó empezamos a trabajar juntos. Y así seguimos, si bien todos los hermanos tenemos buena relación, con Tomasito es muy particular, siempre juntos por la vida”.
(Tito Arive, hermano)






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