Arturo y yo


  Por Félix P. Peyrelongue / chicofeo52@hotmail.com

Nos conocimos en 1966. Dejó su Pehuajó natal y se radicó en Henderson. Él profesor de contabilidad; yo, alumno del nocturno en la Escuela Profesional Mixta. Nos superaba a todos en apenas una decena de años. Joven, serio, disciplinado, aquel “profe” que nos sorprendía porque se peinaba con la raya a la derecha. Nunca nos dijo el por qué de esa costumbre estética y jamás lo pudimos imitar.

Exigente pero comprensivo del esfuerzo que significaba para muchos trabajar de día y estudiar de noche. Se afianzó rápidamente en Henderson, fue administrativo en la Asociación Rural y luego incursionó en el periodismo sin desatender otras actividades y su apego por el deporte, especialmente el ajedrez que lo tuvo como destacado protagonista.

Si bien incursionó en otros medios, su accionar activo y responsable se centralizó en la corresponsalía del diario Noticias, siendo fiel a un estilo y modalidad propios del periodismo del interior. Buscar las notas, presenciar actividades, escribir y procesar el material, aguardar impaciente la llegada de los diarios y enseguida repartirlos casa por casa, con una aliada imprescindible, la bicicleta.

Fue un claro referente del llamado periodismo de campaña que tuvimos el inmenso placer de compartir y en algún momento competir, pero sumando voluntades, aprendiendo uno del otro y jamás confrontando. Él formó su familia y se afianzó como periodista en Henderson pero sin olvidar su Pehuajó natal. Yo, dejé el suelo hendersoniano y pude formar mi familia y afianzar la profesión en Pehuajó, sin olvidar jamás el solar que me vio nacer.


Alguna vez hablando de esta paradoja, coincidíamos en remarcar: “Si al final los dos nacimos en el partido de Pehuajó, él en la ciudad cabecera, yo en la localidad más grande del distrito, independizada en 1961”. Y parafraseando a Sarmiento: “Hendersonense en Henderson, pehuajense en Pehuajó, bonaerense en la provincia y argentino en todas partes”.

En julio pasado, autoridades y vecinos de Henderson le tributaron un merecido homenaje por su trayectoria periodística y su servicio a la comunidad. Ese día dijo, luego de agradecer el tributo: “Un hombre no envejece cuando se le arruga la piel, sino cuando se le arrugan los sueños y las esperanzas”.

Arturo Telémaco Pellegrini fue aliado de la esperanza y los buenos deseos. Cultivó una fe inquebrantable, con entereza y valentía. Fiel a los preceptos de Jesús, que inculcó y sustentó en la Iglesia Evangélica de Henderson, los practicó hasta el momento de su despedida, justo el día de su cumpleaños. Obviando los avatares de su dolencia, celebró sonriente y feliz. Horas después se produjo su tránsito a la inmortalidad. El Señor sabe lo que hace.

Su accionar, coherente y responsable, siempre estará presente. Quiera Dios sirva como ejemplo para las nuevas generaciones que incursionan en el zarandeado mundo de la comunicación social, con vocación de servicio, dignidad y humildad.

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