“Alguien me necesita, tengo que ayudar”

Escuchar la sirena bomberil y ver el cuartel lo movilizaba, lo iluminaba. Soñaba ser bombero, servir a sus semejantes. Sus vivencias en su corta trayectoria fortalecen la vocación. El llamado a servicio estimula y confirma su vocación.

Julián tiene 20 años y hace tres que se incorporó al cuerpo activo de bomberos voluntarios. Un anhelo se hizo realidad. “De chico sentía la sirena desde mi casa, la cual está ubicada a unas pocas cuadras del cuartel central, y como todo chico despertaba curiosidad y cuando a veces pasaba por el cuartel veía el camión y eso me hacía soñar que algún día sería unos de esos hombres que para mi eran héroes (lo son en la actualidad) y sentir la adrenalina al correr para salir y cambiarme para la ocasión”.

Claro y contundente, Julián habla y transmite sus sentimientos. Al recordar la etapa de capacitación, que seguramente confirmó su vocación, señala: “Entré a los 16 años como cadete, fueron años maravillosos donde conocí a mis compañeros y donde ellos volcaban sus conocimientos. Nos llevaban a capacitaciones y siempre con ganas de aprender y eso fue llevándome a confirmar mis ganas de seguir porque siempre se aprende algo nuevo. Fueron fueron 3 años hasta que cumplí los 18 y pasé al cuerpo activo el 3 de junio 2017”.

Como siempre sostenemos, hay momentos que quedan marcados en un bombero voluntario, como el día de la incorporación al cuerpo activo. “Fue muy emocionante después de estar esperando llegaba el momento de decir meta cumplida o sueño cumplido. Me acuerdo que una vez bajando el escenario, fueron aplausos, mis compañeros de pie y el abrazo hasta donde estaba mi familia. Se hizo eterno, no llegaba nunca a la mesa”.

También es relevante la primera salida a un servicio. “Fue un 16 de septiembre. Ese fin de semana había exposición rural. Yo una semana antes ya tenía el alta para poder salir a los servicios. Llego, me cambio y estaban formando y sacando personal. Yo ansioso por salir, me eligen, subo al móvil 14. Era un incendio de malezas, llegamos y trabajamos. Fue mi bautismo”, recuerda Julián con un gesto de satisfacción.

-¿Cuando escuchás sonar la sirena, ¿qué sentís?
-“Siento algo muy especial adentro mío, que no se puede explicar con palabras”.
-¿Y cuando asistís a un siniestro?
-“Siento que alguien me necesita, que no importa en qué situación esté, siento que lo tengo que ayudar”.

Y hablando de intervenciones en distintos siniestros, el joven bombero remarca uno a su criterio conmovedor. “Mi primera experiencia en un incendio de vivienda. La viví con nervios. Me acuerdo que salía humo por todos lados, trabajamos un buen rato tratando de apagarlo”.

Como siempre hacemos con “nuestros bomberos” solicitamos un consejo o sugerencia con destino a quienes deseen incorporarse a la benemérita institución. “Le diría -dice Ponce- que para ser bombero voluntario no hay que estar loco, solo tener ganas, amor al prójimo y vocación de servicio”.

Y hablar sobre la participación familiar ante su rol de bombero voluntario, afirma: “Sin la familia no se podría ser bombero. La familia es un pilar importante, siempre quiero que me vean regresar sin ninguna consecuencia a pesar de los riesgos que se pueden presentar”.

Las concretas respuestas de Julián Ponce nos eximen de mayores comentarios. Está seguro de su aporte solidario a la comunidad. Lo siente en el alma. Simplemente, rubrica al concluir el encuentro: “Amo esta profesión”.


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