Adiós doña Juana

  Por Félix P. Peyrelongue / chicofeo52@hotmail.com

En abril de 2013 fue tapa de “Mirá”. Junto a su hijo Sergio fue protagonista de una nota de homenaje cuando el Club Calaveras cumplía 80 años. El pasado 8 de septiembre, Doña Juana Sánchez de Jaime, falleció a los 92 años de edad.

Prácticamente vivió toda su vida en el mismo barrio,Calaveras, cuyo club conoció desde niña. Allá en la vieja cancha de Altés y Mitre donde brilló su esposo Antonio Jaime, el “rompe redes” de la década del 40. En aquellos tiempos, estaba la cancha cercada por ligustrines, había tres casas en la cuadra, las secuelas del viejo matadero y una laguna de la cual acarreaban agua.

Sus hijos Sergio y Nora nacieron y crecieron bajo el amparo de la divisa blanca y negra. Sergio vive para el “Cala”, como hincha, utilero y vecino. Nora, siempre con su corazón en el club, si hasta nació un 7 de abril como Calaveras.

Así comenzó la pasión fascinante. En los años juveniles no se perdía partido. Los Jaime siempre presentes dando su aliento y apoyando al club en todo lo que fuera posible. Y ni hablar de los bailes de Calaveras, donde Juana eran asidua habitué y donde conoció a su ídolo Hugo del Carril.

Mientras su salud lo permitió siempre dijo presente a Calaveras. Su hijo Sergio es un fiel seguidor de las enseñanzas de doña Juana. Inculcó no solo el amor por una divisa, sino el sentido de la responsabilidad, el trabajo, la honestidad y la humildad. Madre e hijo siempre unidos.

Recuerdo un día la angustia de Sergio porque se había terminado un contrato laboral. Angustia no por la pérdida del trabajo, sino por tener que limitar un aporte para su madre que luego supo suplir con esfuerzo propio realizando diversas tareas.

Hoy la ausencia de Juana duele. A sus familiares, sus amigos y a quienes la conocimos. Pero reflexión por medio, reconfortan sus enseñanzas, su ejemplo de vida, su lucha tenaz por sostener sus seres queridos. Y esas virtudes conceden la fortaleza necesaria.
La siembra de Doña Juana será dignamente cultivada por sus descendientes. Y estará presente en cada fiesta, en cada cena, en cada gol, en cada triunfo de su amado Calaveras. Dios la ampare.
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