Hacer música y disfrutarla siempre



El canto la fascinó desde niña. Se capacitó en Buenos Aires y actuó en varios ámbitos artísticos. Retorno a Pehuajó donde sigue el cultivo de la música y la docencia. Se siente feliz y rememora su apego al tango de la mano de su padre.Disfruta lo que hace y es fiel a sus objetivos y convicciones.

Oportunamente, en uno de los tributos al tango realizados en estas páginas, había quedado pendiente el encuentro con Analía. Hoy saldamos la deuda. Su afecto por el canto viene desde la niñez y muy feliz y sonriente lo rememora: “Canto desde que tengo memoria. Fue algo natural, espontáneo y llego a mi vida desde muy pequeña. Por dichos de mi madre sé que lo hice desde muy chica, ella me relata que así fue e incluso se ríe al recordarlo, dice que a veces debían pedirme que dejara de hacerlo, jajaja”.
Luego de una fructífera tarea en Buenos Aires, Analía optó por retornar al suelo natal. A propósito, sostiene: “En primer lugar Pehuajó es mi ciudad, yo nací aquí y si bien tenía una buena vida en Buenos Aires, el desarraigo es duro. Mi familia está aquí, mis afectos y es acá donde crecí feliz y me forme en primera instancia. En segundo lugar, me pregunto por qué no en Pehuajó?, uno puede realizar la actividad que lo hace feliz tanto en una ciudad, un pueblo o una gran capital, la diferencia solo pesa si uno es feliz o no al hacerlo, no donde lo haga”.
Firme en sus convicciones y objetivos, la ahora secretaria de la Escuela de Estética, exterioriza y transmite la felicidad que la embarga. “Si, estoy muy feliz. Pehuajó ha crecido mucho, tiene una gran oferta cultural y muchos grandes artistas. Desde hace unos años ya, han trabajado mucho en esto y creo que han despertado una llama cultural que seguirá creciendo. La docencia me encanta, y tanto el jardín como la escuela son lugares hermosos para desarrollarla”.

APEGO POR EL TANGO
Contundente afirmación que exime de acotaciones, pero volviendo al tango que originó la entrevista, Galiani explícita y revive el recuerdo de su padre. “Mi primer acercamiento al tango fue de la mano de mi padre, él me llevaba a la escuela y siempre me hacía escuchar alguna letra de tango que intentaba explicarme y yo, una niña escuchaba quizás esquiva. Con los años, cuando estaba por terminar mis estudios de canto lírico, Darío Sánchez, primo del corazón y ahijado de mi papá me pidió que cantara en uno de los espectáculos que estaba armando con Arrabal. Fue todo un desafió para mi, nunca había abordado repertorio tanguero, pero no podía decirle que no a alguien que quiero tanto. Y así, casi sin darme cuenta, comencé a encontrarme con el tango y poco a poco conocerlo más. Fue una experiencia muy emocionante desde lo afectivo y de mucho crecimiento en lo profesional”.
Y emociona escucharla y recordar a Arnol Galiani, quien partiera tempranamente y seguramente desde algún lugar comparte la felicidad de Analía. “Quizás en el tango encuentro a mi papá, a esas mañanas frías en que me llevaba a la escuela, y a la raíz cultural, que sin darse cuenta, mis padres inculcaron en mí”.


Los aplausos son la mejor caricia que recibe el cantante. “De ser sincera, -afirma Analía- aún no me acostumbro mucho a los aplausos, debo confesar que me da mas nervios recibirlos de pie, mirando al público, que cantar...quizás un poquito de vergüenza. Pero es bello escucharlos, gratificante”.
Al final del encuentro y al hablar de las aspiraciones que alienta, sostiene: “Mi deseo es seguir haciendo música, trabajar con todos mis colegas, y disfrutar siempre al hacerlo. En lo personal, más que un deseo, un agradecimiento, he sido muy afortunada en la vida, y no tengo más que agradecimientos. Agradecer a mi familia y amigos por su compañía siempre. A mis maestros que me han formado y han sido la familia artística más maravillosa que pude haber tenido y a ustedes por esta entrevista”.
Como corolario y a modo de conclusión, Analía Galiani, remarca una de sus convicciones absolutas: “Estoy convencida de que uno puede ser feliz siempre que elija lo que le gusta, lo haga con pasión, disciplina y respeto”.



PING PONG
-¿Un recuerdo?: “Mi infancia, mi familia”.
-¿Una gratitud?: “A todos los que formaron parte de mi educación. Familia y profesores”.
-¿Una ingratitud?: “No recuerdo ninguna”.
-¿Un deseo?: “Muchos, es imposible elegir uno solo”.
-¿Una esperanza?: “Los jóvenes”.
-¿Un amor?: «Eri».
-¿Una frustración?: «No tengo».
-¿Un músico?: “Todos lo que tienen pasión por lo que hacen”.
-¿Un libro?: “Los árboles mueren de pie”.
-¿Un ídolo?: “Tengo muchos en lo profesional, en lo personal mis viejos”
-¿Pehuajó?: «Mi esencia»
-¿Un rencor?: «Evito tenerlos».
-¿Un amigo?: “Mis amigas de la infancia. Hermanas de la vida”.
-¿Un enemigo?: “Mi autoexigencia”.
-¿Dios?: “Respeto, diversidad, creación”
-¿Analía Galiani?: “Una persona honesta y feliz con la vida que le toca transitar”.


Analia Galiani (38) es Profesora Superior de Canto (IUNA). Se presentó en diversos lugares de la Caputal Federal, tales como Museo de Bellas Artes, Centro Cultural Recoleta, Alianza Francesa, Fundación Fortabat y Estudio Giacomo Puccini.
En nuestra ciudad ha actuado en el Salón Blanco municipal, Teatro Español (cuando aún se presentaban obras), Club Atlético, Iglesia San Anselmo, Salón de actos de la Escuela Normal y Teatro Independiente Pehuajó.
Actualmente se desempeña como docente de música en el Jardín de Infantes n° 918 y como Secretaria de la Escuela de Estética Pehuajo (arte para niños).
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