“Se iban agarrados de la mano”


Durante muchos años, el Juzgado de Paz era una de las instituciones de singular notoriedad en los pueblos del interior bonaerense. La persona que ejercía esa función, conjuntamente con el Intendente y el comisario, eran las autoridades más significativas de la comunidad.
El Juez de Paz, en la actualidad transformado en Juzgado de Paz Letrado, era un vecino de reconocida trayectoria y comprobada honorabilidad en la población, por eso las personas que llegaban a ejercer esa función merecían el reconocimiento de sus conciudadanos. Su accionar estaba destinado a resolver conflictos y controversias suscitadas en la comunidad de la que formaban parte, dando prioridad al propósito de arribar a conciliaciones y evitar desencuentros mayores.
Entre otros pehuajenses que ejercieron la función de Juez de Paz, recordamos al Sr. Ernesto Rubens Farías, precisamente al realizar una entrevista a su hijo que se publica en esta misma edición y que consideramos oportuno resaltar en esta sección dedica a evocar los tiempos idos.
A propósito, Ernesto Farias hijo, entre otros recuerdos de su familia, puso especial énfasis en señalar: “Mi papá también atendía a las familias fuera del horario del Juzgado, en el comedor de mi casa, por problemas de divorcio o problemas económicos. Recuerdo que superada la controversia se iban de casa agarrados de la mano”.
Don Ernesto se desempeñó como Juez de Paz en Pehuajó durante siete años, como titular desde 1962 a 1969 y como suplente desde 1969 a 1976. Él, como otros convecinos que ejercieron la honorable función fueron protagonistas de una época donde la resolución de desencuentros y conflictos vecinales, en la mayoría de los casos, arribaban a un final feliz dejando de lado acciones judiciales mayores.
Prevalecía en sentido común y la sana convivencia por encima de situaciones confrontativas. El Juez de Paz de aquellos tiempos era parte activa de la comunidad y trabajaba por el bien común.
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