¡Gime bandoneón,grave y rezongón!

Talentoso bandoneonista y cantante que nos honra a nivel nacional e internacional. Las primeras enseñanzas, la primera actuación. Recuerdos, experiencias y convicciones de un embajador pehuajense que ama el bandoneón, el canto y la música.

La celebración del día del tango que rememora el nacimiento de Carlos Gardel, motivó el encuentro con Walter Hidalgo, cuyo accionar es silencioso pero permanente, inquieto, creativo y viajero incansable. Lo ubicamos en Lisboa, capital de Portugal, donde exhibe su arte y se capacita en piano. «Hoy me encuentro trabajando en Portugal, hago música, estudio piano, soy un músico, vuelvo a empezar, siempre vuelvo a empezar. Hasta el último día», afirma de manera contundente.

Pero el «volver a empezar» tuvo una manifestación inicial, lejana en el tiempo y llena de ternura. «Recuerdo a mi padre tocar el bandoneón en las fiestas. Lo recuerdo tocando, bailando con mi madre, y riendo. Debe ser por eso que amo las fiestas, que según decía mi abuelo Pelayo, se hacen con nada. De ahí que el bandoneón y la música son parte de mi vida desde niño».


«APRENDÍ EN LA CANCHA Y SIN ALMOHADA»

La capacitación de Hidalgo es una constante y sea donde sea no tiene punto final. «Mi formación es ecléctica; tuve tres grandes maestros y tuve mucha suerte, ya que cada uno llegó en el momento justo. Ellos fueron Francisco Lo Giocco, Domingo Mattío y Julio Panne. De ellos aprendí mucho , pero luego fue preciso ser obstinado y curioso, algo que por naturaleza soy. No tengo una fisiología muy compatible con los sistemas educativos en general. No creo en los títulos más que de modo formal. Tengo la sensación que la enseñanza tal como la conocemos, formatéa y quita frescura y libertad creativa…la música se alimenta de ellas, y esto es un facto.

Ahora bien, no quiero decir que no se deba estudiar claro, pero si creo que es menester una reestructuración importante en la forma y los contenidos que habitualmente se usan en la educación Sarmientina, digamos. Pero volviendo al punto, donde más aprendí fue en la cancha y sin almohada, tocando con otros músicos…y esa escuela no tiene fín».


RECUERDOS Y UNA JUGADA DE LA VIDA
Y al momento de amalgamar recuerdos, surge la evocación de la primera presentación ante público. «Sí, lo recuerdo muy bien. Yo tendría 10, 11 años. Fue en la escuela municipal y mi viejo me tenía el micrófono», imagen imborrable que seguramente late interiormente cada vez que sube a un escenario, como la presencia de un referente indiscutido, el maestro Rubén Juarez, aquel del blanco bandoneón. «Nos enseñó a todos que tocar el fueye y cantar a la vez era algo posible. Y eso fue solo para empezar. Uno de los más grandes que yo ya vi, y vi muchos. Lo recuerdo de “recalada” en algún bar, con su whisky y su don... UN MAESTRO»...

Hidalgo estuvo radicado en la ciudad de Buenos Aires donde profundizó estudios e incursionó en ámbitos tangueros por excelencia, pero un día decide radicarse nuevamente en el interior, en su Pehuajó natal. Al respecto, señala: «Mi relación con Buenos Aires es rara, es la Meca del tango, sin dudas. Allí hice toda mi experiencia inicial. Tuve la suerte de tocar con grandes músicos, gente que admiraba y admiro. Pero la vida también juega, por tanto debí sortear muchos escollos, y el último fue una lesión muy complicada en un hombro que me alejó del bandoneón por dos años. Por eso, volví a mi casa para curarme. Y en eso tuvo mucho que ver mi amigo Oscar Penedo, quien me sacó adelante», expresa reconfortado y feliz.

Indagar el repertorio de Walter Hidalgo implica acentuar algunas variantes pero sin desencajar en la esencia ni ceñirse a determinados esquemas. Por eso, sostiene que «el repertorio me elije a mi, un dia me encuentro con él». Y ese encuentro se traduce en su voz y en la habilidad de sus manos para plasmar creaciones muy bien logradas que han merecido reconocimientos y halagos.


UNA MIRADA A «LO QUE VENDRÁ»

Al requerirle su apreciación personal sobre el actual panorama de la música popular, manifesta: «Es una pregunta muy compleja. Por un lado hay una enorme energía creativa en los músicos en general, nuevos compositores, músicos, cantantes, etc. Y esto, en todo el mundo. Por otro lado, las grandes corporaciones han tomado el control casi absoluto de las obras de los músicos. Distribuyen lo que les conviene y ocultan lo demás. Los medios masivos forman parte de éste accionar.

Pero siempre hay formas de “insistir”. Hoy, las plataformas web, donde uno puede subir sus trabajos y videos y en tiempo real ser visto y escuchado en cualquier parte del globo están aventajando a los formatos tradicionales, como el cd, por ejemplo. En definitiva, es un enigma a punto de develarse».

Sobre el final del encuentro virtual, proponemos una mirada hacia al futuro en función de su actividad. Y en la noche de Lisboa, el pehuajense remarca con énfasis: «Siempre busco lo mismo, ser felíz. Dejar una obra, por pequeña que sea. Que mis hijos y la gente que quiere y me quiere sepa que no pasé por aquí dejando apenas un recuerdo fugaz. Y que a pesar de mis errores fui coherente».

Lo expuesto, aunque someramente, nos permite conocer sensaciones y sentimientos del músico pehuajense, el mismo que se sintió atrapado por el bandoneón cuando lo veía sonar en las manos de su padre, el mismo que un día enfrentó la consideración pública en una celebración de la Escuela Técnica, el mismo que impactó en reductos tangueros porteños y por esas horas en tierras portuguesas, con idéntica pasión y responsabilidad.
Un pehuajense, talentoso y soñador.


PING PONG

-¿Un deseo?: «Paz».
-¿Una esperanza?: «Paz».
-¿Una ingratitud?: «Un amor errado».
-¿Una gratitud?: «Mis padres».
-¿Un amor?: «El que tengo».
-¿Un rencor?: «Ya me olvidé».
-¿Un ídolo?: «Aníbal Troilo».
-¿Un tema musical?: «Golondrinas».
-¿Un recuerdo?: «María de Buenos Aires».
-¿Una alegría?: «El gol de “Dios” a los ingleses».
-¿Pehuajó?: «Mi casa»
-¿Dios?: «Una búsqueda constante».
-¿Walter Hidalgo?: «Un soñador».
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