Maestro rural, bancario y comerciante

Maestro que recorría tres leguas a caballo para llegar a la escuela. Enseñó a leer a compañeros de colimba en el sur. Empleado bancario durante 44 años. Comerciante, productor publicitario. Siempre activo y apegado al trabajo. Es de origen pampeano, vivió en Tres Lomas pero Pehuajó le dio todo. Emotivos recuerdos y vivencias.

La patria cumple 207 años. Oscar “Cacho” Arpigiani, junto a su esposa nos recibe en su casa. Luciendo la celeste y blanca sobre su pecho, en una fecha tan especial, rememora los tiempos vividos. Un relato que atrapa, por momentos emociona y enternece al entrevistado.

“Soy pampeano, nací en Winifreda, un 9 de julio del año 1939. Pasé un infancia extraordinaria, aún tengo amigos con los que me comunico y mantengo la amistad, uno de ellos el director de “Campeones” Carlos Alberto Legnani. Siempre nos vemos. Ya de chico le dije lo que iba a hacer. Nos hacía los autitos de carrera, se subía arriba de un árbol y con dos tarritos y un hilo y transmitía”, acota al recordar a su amigo de toda la vida.
Aún niño, por razones laborales tuvo que dejar Winifreda y radicarse en Pehuajó. Su padre era ferroviario y lo destinaron a la estación local. Oscar cursó sus estudios en la escuela Normal, donde se recibió de maestro.
A propósito de aquella época, relata: “Trabajé de cadete. Antes, en los tres meses de vacaciones había que hacer algo. Había que trabajar. Fui cadete de la tienda La Victoria, cuyos dueños eran Felipe Blanco y Antonio Garifo. Trabajé varias temporadas hasta que me recibí de maestro. ‘Hasta aquí llegó la historia –me dijo mi padre- así que a partir de ahora hace lo que vos quieras’”.

EL MAESTRO RURAL

Además, “Cacho” estudió libre Derecho pero no llegó a terminar. “Me faltan 8 materias para recibirme de escribano. Así que agarré el bolso y me fui de maestro a dar clases”. El desafío fue importante pero el compromiso y la responsabilidad, inculcada por su padres fue mayor.

“Cumplí una etapa hermosa de maestro. Primero fui a una escuela de campo donde hacía tres leguas a caballo, paraba en una casita de campo, cerquita de Bocayuva, partido de Pellegrini. Me iba con los alumnos a la escuela y volvía. Eso fue en el año 1958, en 1959 pido de vuelta en ese distrito. Había poquitos maestros, estaban Scotton, Jorge Grótoli. Me destinan a la escuela 7 de Tres Lomas, donde atendí un 5° grado y pasé un año espectacular”.

Corría el año 1960 y la convocatoria a realizar el servicio militar era inminente. Eran los tiempos de Frondizi, época de revoluciones y contradicciones. “Pedían voluntarios con profesión de maestro. Me anoté y me mandan a Comodoro Rivadavia. Ahí fui maestro de mis mismos compañeros de servicio militar, dado que la mayoría eran analfabetos. Estuve un año, fue muy bueno, espectacular. Había un capitán que me quiso mucho y hasta fui padrino de una hija de él”.

Hasta en la colimba fue feliz al poder ejercer su vocación de servicio a sus semejantes. “Al año siguiente, ya de baja del servicio militar, me presento otra vez como maestro para dar clases y otra vez me mandan a Tres Lomas”, pero se avecinaba un cambio en la actividad laboral.


DEL AULA AL BANCO

“En ese momento, mi padre era muy amigo de Don Pablo Landa y había que ubicar al hijo. Y Don Pablo, con esa amabilidad, esa franqueza, ese desinterés, lo llama al Dr. Posani, presidente del Banco Nación. Y me nombran en Tres Lomas, el mismo pueblo que daba clases, donde se inauguraba una sucursal del Banco Nación”.

Una nueva etapa comenzaba en la vida de Oscar. “Renuncié al magisterio después de 4 años donde la pasé muy bien y conocí mucha gente”, señala. Pero el vínculo con la escuela no murió, porque lo reemplaza una maestra en la escuela de Tres Lomas, que fue la mujer que eligió para seguir juntos por la vida. Fruto de ese amor, nacieron dos hijos que le dieron seis nietos. Imposible olvidar aquella escuela”.

En la sucursal del Nación, en Tres Lomas, estuvo hasta el año 1970 y pidió el traslado a Pehuajó. “Entré a la sucursal Pehuajó en 1971 y estuve 44 años. Me jubilé el 31 de diciembre de 2004. Ya pasaron 12 años. El Bancofue extraordinario”.

Cacho vivió todos los vaivenes gubernativos y políticos del país, y sintió el avance inexorable de la tecnología. “Yo empecé con un lápiz tinta, una hoja por duplicado y un papel carbónico. Ahí anotábamos las cuentas corrientes. Eso transcurrió hasta el año 86, con los balances a mano, las sumas a cabeza… y de repente avanzó la tecnología y había que integrarse a lo nuevo, las computadoras. Entonces el banco tomó la resolución de mandar a hacer cursos de computación a todos los empleados de las 700 sucursales que tenía. En ese momento yo ya era jefe, tenía empleados a cargo y los mandaron a Santa Fe. Yo solo había hecho cursos para jefe, pero no sabía nada de los otros, entonces por decisión propia hice cursos de computación para estar a la altura de ellos”.

HERMOSA VIDA DE BANCARIO


Remarca que “la vida bancaria fue muy linda” y entre tantos recuerdos o puntuales momentos, señala: “Me preocupaba mucho por los viejitos que iban a cobrar la jubilación. Hacían colas interminables, pero teníamos dos cajeros que fueron extraordinarios Binachi y el Tato Gromas, pagaban con muchas rapidez. Se pagaban en esa época 4.500 jubilaciones, había que moverse. Finalmente, todo cambió, los pagos se depositaron en los cajeros y había que enseñarles a los abuelos. Esa época también la viví”.

A modo de corolario y cuando la emoción domina sus sentimientos y se transmite en el brillo de sus ojos, conteniendo una lágrima de placer, sostiene: “Tanto la tarea docente como bancaria la disfrute. Siempre me gustó hacer el bien a la gente, atenderla bien. Es la recompensa que ahora siento cuando me saludan y me recuerdan. Creo que he cosechado lo que brinde”…

Y como siempre dice, como lo reafirmó con su amigo Legnani, en el reencuentro por el centenario de Winifreda: “En la estrella que hoy fulgura, sigamos nuestra vida tomados de la mano”.



Productor publicitario de LT22 Radio Nueva Era
Cacho Arpigiani estuvo entre los primeros promotores publicitarios de la ciudad cuando nació LT22 Radio Nueva Era: “Fue otra etapa hermosa. En junio de 1971, el ingeniero Negreira, que fue profesor mío, me fue a buscar a Banco y me dijo que necesitaba alguien para atender la parte publicitaria de la radio. Siempre me gustó el comercio y acepté. La radio empezó primero en forma precaria sin publicidad y cuando se autorizó se hizo la presentación desde el salón Blanco de la Municipalidad.

Estaban de productores conmigo, Mario Barrena y Roberto Guitard. Fue impresionante, hicimos más de mil avisos. Había que pasarlos todos esa noche. No me olvido más, eran las 2 y 3 de la madrugada y la gente daba vueltas por el pueblo escuchando la radio. Fue espectacular, era la radio de Pehuajó.

Salíamos a hacer transmisiones afuera y decíamos hasta acá llegamos. Era hermoso. Estuve 17 años con LT22. Me gustó siempre estar ahí. De lo que hacía en el Banco, eso era diferente, me gustaba. Era un escape a la rutina. Y lo hice por amor, me gustaba estar presente en todo”.

ACTIVIDAD COMERCIAL
Su inclinación por el rubro ha sido una constante. Entre otros emprendimientos remarca uno: “En otra etapa fui dueño de una librería en la calle Alsina al 400. Ahí nació Oficart, después nos trasladamos donde está ahora, en Yrigoyen y Mitre. Fernando Díaz y mi hija siguen los pasos que yo inicie. No somos profesionales, todos somos “bolicheros”, pero bien, es un oficio que mis hijos heredaron”, acota sonriente.

“CACHO”, MÚSICO
La vida social lo ha tenido como activo protagonista. Al revisar colección de fotos, descubrimos otro rol. “En un momento integré un grupo musical. Tocaba la armónica. Estaban Méndez, Tito González, dos chicos de Casares. Amenizábamos más que nada reuniones familiares. Hacíamos de todo un poco, pero más que nada “característica” como se llamaba en aquella época”.

PING PONG

-¿Un deseo?: “Que la gente viva bien. Que se termine la inseguridad”.
-¿Un rencor?: “No tengo. Jamás”.
-¿Una esperanza?: “Ver a mis hijos y nietos triunfar”.
-¿Una ingratitud?: “No tuve. Posiblemente malas interpretaciones”.
-¿Una gratitud?: “El pueblo, sin duda. Todos me saludan. He cumplido”.
-¿Un amor?: “Mi esposa”.
-¿Dios?: “Lo tengo siempre. El que me lleva adelante. El que me ayuda. Una línea de conducta que me enseñaron mis viejos”.
-¿Banco Nación?: “Institución maravillosa. Le debo todo”.
-¿La escuela?: “Aún hay chicos que cuando voy a Tres Lomas, me saludan, me recuerdan. Me llaman en los aniversarios de la escuela. Siempre presentes”.
-¿LT22?: “Un paso importantísimo. Y uno de mis hijos sigue mis pasos”.
-¿Pehuajó?: “Mi segunda vida. Me dio todo, me vio crecer, me dio mis hijos, mis nietos, mis amigos”.
-¿Winifreda?: “Pueblito que adoro muchísimo. Vuelvo siempre. Ahí están mis raíces”
-¿Oscar Arpigiani?: “No sé si habrá hecho bien o mal, pero entregue todo. No tengo maldad, todos son amigos. Quiero hacer siempre el bien sin mirar a quien. Si hay una persona que necesita, si puedo la voy a ayudar”.
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