Su corazón late en Pehuajó

Vive en Tierra del Fuego pero se crió en el barrio del parque. Vuelve siempre al pago que lo vio nacer. Desde chico cultivó la música y el canto. Integró varios grupos pehuajenses. Al radicarse en el sur priorizó el folklore. Se siente satisfecho y a pesar de la distancia siempre está en el pago hernandiano.

Aquellas vacaciones de hace 33 años tuvieron una motivación muy especial para Alejandro Badilla (58). Latía en su interior un propósito tan claro como aventurero. El descanso se tradujo en una licencia anual. El destino inicial era Australia pero el “colorado Badilla” se afincó en Río Grande donde hoy reside, aunque sus raíces están en Pehuajó, en el barrio del parque San Martín.

“Me fui en el año 1983, en las primeras vacaciones que tuve en el Hospital Regional “Dr. Juan Carlos Aramburu” donde trabajaba en el servicio de salud mental con el Dr. Simone, Salemme, Conce Agudo, Alicia Franco, Beto González, Susana Freije, Margarita Parra, la flaca Ledesma, Griselda Vachina, Eva Cavalaro y dos personas más que no recuerdo sus nombres y a quienes les pido disculpas”, rememora Alejandro y enseguida añade:

“Y luego de una licencia extraordinaria por un año de plazo mi destino final era Australia y el vuelo transpolar hacia Ezeiza - Rio Gallegos - Aukland Nueva Zelanda.
El camionero que me llevaba que era Carlitos Bordoy, un amigo de Pehuajó que trabajó mucho tiempo para los transportes fueguinos. Se le rompió el camión en Gallegos y estuvo 10 días esperando un repuesto. Yo en esos 10 días no encontré trabajo en Gallegos, que la idea de poder hacerlo y financiarme el pasaje en avión. Entonces este chico Bordoy me dice no te hagas problemas vamos para la isla amigo, allá te esperan los petrodólares, porque había empresas de petróleo que todavía pagaban en dólares. Y cuando llegué a Río Grande no pude trabajar nunca en relación con el petróleo, pero sí encontré trabajos muy buenos y me quede en Tierra del Fuego”.

REMISERO Y CANTOR POPULAR
Badilla lleva una vida simple y sencilla en el extremo sur argentino, rodeado de sus afectos y enriquecido por el canto y la música que abrazó desde chico en su amado Pehuajó. “Mi vida en el sur, ahora es muy sencilla, pues trabajo en forma independiente pero cuando llegué era muy distinto. Éramos 9000 habitantes y el clima era mucho más riguroso. Había días de 26 grados bajo cero con sensaciones térmicas, según sople el viento, de 34. No era pa’ cualquiera la bota e’ potro.... Hoy somos 150.000 en Río Grande y encima ha cambiado tanto el microclima que este año pasado la temperatura más baja ha sido de cero grados”.

A propósito, acota: “Es que le damos sin asco al planeta tierra este, que encima es el único que tenemos. Ya se están descongelando los glaciares y eso es muy alarmante pero nosotros no le damos bola. Es como si estuviéramos probando si es tan bueno como dicen y queremos verlo destruido. Es bravo el hombre idiota”.


AMBICIONAR FACILITA ADAPTARSE
Hay muchas maneras de asumir y sobrellevar el desarraigo. Alejandro así lo define: “La adaptación con ese espíritu aventurero que se tiene a los 20 años hace que no se sufra tanto el desarraigo. Además cuando las personas mueren pensamos que los que mueren son los padres de los demás y que los nuestros son eternos. Luego la adaptación fue bastante buena ya que en un mes se ganaba lo que en el hospital en Pehuajó ganaba en 11 meses, entonces la ambición acomoda la adaptación”.

Los vaivenes de la vida también inciden. “En el 1988 llegó mi hijo al mundo pero en el 1989 fallece mi padre y quería volverme a Pehuajó pero mi madre me decía que ellos se sentían orgullosos de mí y que me estuviera yendo bien que me convenció para seguir estando aquí en el sur. En 1995 fallece mamá y quedamos Azucena y yo solitos, aunque en mi vida privada con muchos cuestionamientos interiores como que hubiera pasado si hubiera estado viviendo con mamá y esas cosas, que me costaron muchísimo superar”.

Y es innegable que siempre se vuelve. “Espiritualmente nunca me fui y en la realidad jamás estuve más de 2 años sin venir de vacaciones a recorrer toda la familia, tías, tíos, primos. Vuelvo todos los años como la flor del calafate que entre muchas espinas se las arregla para nacer en tierras muy áridas para mostrar toda su belleza y esplendor, y entregar luego su fruto que sirve para el que come de ese calafate vuelva a Tierra del Fuego en algún momento de su vida”.


NIÑEZ FELIZ Y ADOLESCENCIA MUY MOVIDA
Al evocar la niñez, Alejandro sostiene: “Fue una niñez muy feliz pues era el menor de tres hermanos, mi hermano Juancito fallecido a los 20 años, Azucena y yo. Mamá que era el piloto de la casa y papá que salía con el camión y por ahí estaba 10 días fuera de casa. Él fue siempre un visitante de la casa pero el tipo que más amó a su familia. Mientras estaba en casa era el papá que todos en la vida desearían tener”.

Y enseguida rememora: “Luego en mi adolescencia se bancó muchas cosas mías. En la secundaria me echan dos veces de quinto año. La primera vez faltando una semana y la segunda faltando 15 días. Es que tenía una banda donde amenizábamos bailes y quede libre por faltas. El grupo “Los Dukes”, el actual concejal Jorge Más era el organista, el actual subdirector de canal 12 Trenque Lauquen, Daniel Del Arco, nuestro animador locutor; Horacio Más, hermano de Jorge, tocaba la batería. Pato Piñeiro tocaba el bajo y el Dipy García era el guitarrista. Y en los cantables -como se decía a principios de siglo- el que suscribe”.

“Ahh, el transporte y coautor de mil anécdotas y bromas muy gordas –resalta risueño- era el entrañable colorado Olivito, que conmigo era como el señor Barriga y el chavo del 8. Siempre por una u otra cosa andaba con ganas de matarme”.

Y los recuerdos de gratos momentos compartidos aparecen a flor de labios.

“Anteriormente estuve con el grupo Sarampión, legendaria banda de Pehuajó. Cantaba Calalo Amigo, el tapón Navarro en batería, Carlitos Riera en teclados, el “cuzco” Rosales en bajo y Pinocho Fernández en guitarra. Yo era el iluminador y Bocha Tettamanti el maestro de ceremonia, todos bajo la batuta del Puri Brachetti. Más tarde se va “Tapón” y entra Miguel Velázquez en batería. Luego de “Los Dukes” formamos el grupo musical más perfecto que tuve oportunidad de integrar, el grupo Kasandra y era Catulo Más en teclados, Juan Carlos Ternuchi en batería, Mario Lezcano en bajo y el “cuzco” Rosales en guitarra. Cantaba con una soltura con semejantes capos que me sentía Frank Sinatra”.


LA PRIMERA GUITARRA Y EL APRENDIZAJE
La identificación con el canto del ahora reconocido cantor en el extremo sur de la patria, tiene un origen muy especial. “Creo que mi inclinación por la música comienza cuando Juancito, mi hermano, estaba enfermo y para que su recuperación fuera más llevadera mis padres le compraron una guitarra hermosa en casa Gil, la marca era ‘El palenque’ de Industrias Musicales Martinelli, sonaba una barbaridad y venía a enseñarle guitarra a mi casa de Goyena 12, frente al parque, el profesor di Santo, tremendo profesor. Ahí nace mi atracción por la guitarra así que mi madre me comenzó a mandar a lo de la señorita Herminda Montovio que tenía un conservatorio tremendo. Enseñaba guitarra, piano, acordeón a piano, bandoneón, bombo. Estaba en calle Mitre antes de llegar a Varela, frente a Casa Fuster, una casa de repuestos que luego cerró”.

Y vivir frente al parque también gravitó en su apego al canto popular. “En ese tiempo -acota- Pehuajó tuvo para mi uno de los mejores intendentes que se llamó Carlos Raúl Crespo Montes que junto al tremendo empuje del profesor Osvaldo Guglielmino, se creó el Festival Nacional del Folklore Sureño. Se hacía por 4 días y era un festival muy importante y según algunos artistas el más bonito por el emplazamiento del escenario en un parque natural.

Pero además se promovía, de verdad, los nuevos valores de la zona y de otras provincias, donde había todos los años una Revelación y esa revelación del artista pesaba. Si habías salido revelación en el festival de Pehuajó que no era moco ´e pavo mi amigo… Se elegía la más linda del festival entre las chicas locales que se la conocía como “la flor del pago”, y la más hermosa de las delegaciones visitantes que se la denominaba “la forastera de mi flor”. Venían delegaciones de Punta Arenas (Chile) y de todo el sur”.

Y las imágenes reviven en el relato de Badilla. “Esos eran festivales. La capacidad hotelera y de alojamiento en casas de familia durante esos días estaba a full y los comercios trabajaban todos. Había 12 a 15 kioscos que hacían peñas afuera del festival. Por eso me cautiva el folclore querido amigo. Clubes, hospital, bomberos peñas, etc. etc. Un año se cortaron casi 25 mil entradas y todos pagaban. Nada era gratis, pero estaba lo mejor del folclore nacional, los que a la semana siguiente iban a actuar a Cosquín...”


CANTAR, HACER AMIGOS, DISFRUTAR Y AGRADECER
Alejandro lo puso en práctica siempre por encima de cualquier otra apetencia. Lo vive, lo transmite. “En esto de cantar a la gente lo que escribo me ha ido muy bien porque es muy reconfortante saber que a la gente le encanta lo que escribo y eso me hace muy, pero muy feliz, pues te llueven los amigos y esa calidez que tiene la amistad sincera y desinteresada no se compra con ninguna plata. Disfruto tanto lo que hago que si volviera a nacer volvería pretender ser un cantor popular de mi país que es lo que uno pretende como meta, aunque mi objetivo más próximo es que pueda grabar algún día y así mi gente me tiene, el que quiera, para siempre dentro de su hogar”.

Y al final de la charla exterioriza sentimientos de gratitud. “Quiero agradecer a mi hermana infinitamente por haber cuidado siempre toda la vida de mi familia, primero con mi hermano y luego con mis padres. A mi cuñado Carlitos Cipolat que resultó ser el mejor de todos los cuñados tanto que para papa era el hijo que la vida le había arrebatado a los 20 años. A mi hijo por haberme regalado el nieto más hermoso del mundo y por lo que pinta será guitarrero como yo… A mis tías y tíos, mis primas y primos, a mi sobrino Nicolás, por regalarme su amor cada vez que vuelvo a Pehuajó o Mar del Plata.

A mi gente de Río Grande por entender que está todo joya pero primero en mi vida esta Pehuajó, mi Pehuajó querido al cual le canto en más de diez temas que hago en distintos festivales del país y cada vez que me toca ir a cantar a algún festival internacional fuera de mi país. Y por último a toda mi gente de Pehuajó que cada vez que llego me invitan a un asado y a veces no voy porque me falta el tiempo pero nunca jamás por hacerme el raro.

A la gente de mi barrio que me aguantó tantas achurías de chico. A mi club querido, el Club Atlético General San Martín, los queridos rojos del parque que es mi gran amor en el deporte. A todos los medios gráficos y radiales de Pehuajó que me llaman y me hacen notas cuando estoy en Tierra del Fuego o la gente del canal que siempre me busca para hacer alguna nota cuando estoy en Pehuajó. A mis amigos del diario Noticias que siempre publican cuando gano en Río Grande para concurrir a Cosquín. Y a los de Cosquín que de tanto ir ya me tratan como un cordobés más. Gracias Cosquín por recibirme en 1988 y luego tres años consecutivos como lo fue en 2015, 2016 y 2017”.

Y para concluir, el colorao Badilla, es claro y contundente: “Perdón a quien por alguna razón le haya fallado alguna vez”.


LA VIDA EN RÍO GRANDE
“Un día mío en Río Grande es bastante sencillo. Trabajo de remisero desde las 6 de la tarde hasta las 6 de la mañana. Me tomo unos mates y me acuesto a dormir un rato. A la tarde me levanta mi nieto para que juegue con él. Tomo unos mates, contesto mensajes en la compu y me pego un baño. Luego almuerzo, duermo otro rato hasta que tengo que salir a trabajar”.

UN RECUERDO
“Elegir un recuerdo.... es medio difícil pues tengo miles. Pero ahora recuerdo la preocupación de mis padres aunque no me lo dijeron jamás cuando me llega el telegrama que me vuelven a convocar por el conflicto de Malvinas. Recuerdo como si fuera hoy que las mamás tejían todo tipo de prendas en una mesa en forma de ‘u’ que habían montado en el hall del Teatro Español y cada convocado mostraba el telegrama y le comenzaban a dar medias, pasamontañas, guantes camisetas, toallas, etc. Nunca pude olvidar los ojos vidriosos de todos los padres y las madres que acompañaban a sus hijos a los que para algunos sería el último saludo pensarían los viejos. Pero a su vez yo me enteraba por amigos a los que mi madre iba a comprar todos los días y le preguntaban por mí. Ella decía orgullosa lo llamaron del servicio militar para defender al país. Nunca se me borrara ese recuerdo”.

PING PONG
-¿Un deseo?: “Paz mundial”.
-¿Un recuerdo?: “Mi madre Aurora”.
-¿Una ingratitud?: “La indiferencia con los ex combatientes”.
-¿Una gratitud?: “Abrir los ojos cada día”.
-¿Un ídolo?: “Mi viejo Juan Bautista”.
-¿Un rencor?: “Soy capricorniano”.
-¿Un amor?: “Escuchen mi tema ‘Amor de duelo’”.
- ¿Una emoción?: “El nacimiento de mi nieto”.
-¿Un placer?: “Que mis amigos sigan recordándome”.
-¿Una canción?: “La que todavía no compuse”.
-¿Una esperanza?: “Un mundo que se ame”.
-¿Dios?: “Mi motor”.
-¿Pehuajó?: “Mi gran debilidad y mi gran amor”.
-¿Rio Grande?: “Mi segundo hogar”.
-¿Alejandro Badilla?: “Sencillo amigo de todos y enamorado de su Pehua querido”.

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