Boca cerrada

Desde niño, nuestras abuelas y madres, lo repetían con frecuencia a modo de enseñanza: “En boca cerrada no entran moscas”. Y muchas veces desoíamos el consejo e incurríamos en situaciones indeseadas siendo imposible el arrepentimiento.

Con toda claridad, el dicho popular alerta a ser discretos, prudentes. Única manera de evitar “la desagradable entrada de una mosca dentro de la boca”.

Como sucede con la mayoría de las expresiones populares de transmisión oral no es factible descubrir el origen exacto. “En boca cerrada no entran moscas”, de acuerdo a lo indagado, según registros de textos arábico-andaluces, ya se usaba en el siglo XIV.
La vigencia del refrán está intacta. Se manifiesta en todos los ámbitos de las relaciones humanas. Se ha popularizado en todos los países hispanohablantes. Es sencillo, práctico, atemporal.

Y si calamos más fino es reflexivo. Ponerlo en práctica hace bien. Claro que es preciso estar alerta para tenerlo en cuenta y callar a tiempo, más aún cuando nos referimos a nuestros semejantes.

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