Inculcar las cosas buenas

“Árbol que crece torcido no se endereza”, “Árbol que nace torcido, jamás su rama endereza” o “Árbol que nace torcido, jamás su tronco endereza”. El refrán es muy antiguo y siempre fue de uso frecuente en nuestro campo. Bisabuelas, abuelas y padres (para los más jóvenes) más de una vez lo han remarcado y en el seno de numerosas familias se pone en práctica.

Según definiciones de la Real Academia Española, el término torcido, raíz del refrán, tiene que ver con un dicho de la conducta “propia de una persona que no obra con rectitud”.

Imaginemos un árbol que nació torcido. Es imposible que enderece sus ramas. Ocurre los mismo, cuando un niño se niega a corregir sus defectos, defectos que pueden ser de distinta índole, pero que generalmente tienen que ver con la conducta, las buenas costumbres, los valores elementales.
Hay características que se manifiestan en la niñez y muchas veces no se logran modificar. No es fácil cambiar hábitos o determinadas costumbres, salvo cuando prevalece la responsable actitud y perseverancia de los padres. Educarlos para crecer y transitar por el buen camino. Inculcar los valores de las buenas costumbres.

Orientarlos para que puedan transitar por la huella de la vida de la mejor manera. Muchas veces las raíces de la educación suelen ser amargas, pero los frutos serán dulces. Quien está bien educado, sabe cómo aprender y cómo cambiar.

Si así se procede “el arbolito no crecerá torcido”. No se andará atravesado por la vida. Es necesario saber escuchar, descartar lo malo y asimilar lo bueno. José Hernández en los consejos de Martín Fierro a sus hijos, afirma: “Hay hombres que de su cencia / Tienen la cabeza llena; / Hay sabios de todas menas, / Mas digo, sin ser muy ducho: / Es mejor que aprender mucho / El aprender cosas buenas”.

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