Un camino de luchas, éxitos y aplausos

Oscar Pérez nació en Pehuajó, pero parte de su niñez vivió en Mones Cazón. Le costó estudiar, fue cadete de tiendas pehuajense y realizó diversas tareas, cantinero de clubes, vendedor de vinos. Vivió un tiempo en Buenos Aires pero Pehuajó es su lugar en el mundo. Siendo niño, en plaza Italia, lo picó “el bichito del Teatro”. Sabe del halago del aplauso y las vicisitudes del teatro vocacional independiente.



Lo sorprendimos en pleno proceso de creación. No actoral, más bien artesanal para realizar una tarea doméstica. Necesitaba una escalera, entonces recurrió a viejas maderas y la armó debajo del parral en el patio de su casa. Auténtico, convincente, bohemio, prepara el mate y comienza a rememorar el camino de su vida.

Oscar es hijo de pehuajenses y nieto de españoles. Vivió sus primeros años en Pehuajó y transitó gran parte de su infancia en Mones Cazón donde asistió a la escuela 19. El destino lo radicó nuevamente en la ciudad cabecera de partido donde pudo terminar sus estudios primeros -cuarto, quinto y sexto grado- en la Escuela Domingo Faustino Sarmiento.

“En la escuela yo era un desastre. Para colmo empecé a trabajar en la tienda ‘La Reina’, que estaba en Alsina y Alem, propiedad del señor Trezza, que más tarde junto a Rossi comprarían Rotre (ropa de trabajo). Iba medio día a la escuela y medio día era cadete en la tienda”, rememora. En ese momento, tenía apenas 11 años.

ESTUDIANTE Y CADETE DE TIENDA

El relato huele a monólogo, un género que conoce a la perfección, y como sucede en el escenario atrapa a quien escucha. Sigue evocando su niñez y adolescencia: “Yo era medio ejemplo en la escuela. La maestra de sexto era Consuelo Vaquero, una maestra bárbara, muy buena. Uno de los pocos chicos que trabajaba era yo, y nunca me tomaban una lección. Eso es malísimo y así me iba. Yo tenía un amigo, Beto Blanco, que murió muy joven (el taller actoral de Henderson lleva su nombre), y como yo iba a la escuela a la mañana, y a la tarde trabajaba, no tenía mucho tiempo para hacer las tareas, entonces al atardecer salía del trabajo, iba a lo Beto y me copiaba todo.

No sabía nada de nada y me daba cuenta, pero tenía la ventaja de que la maestra tenía como adoración conmigo. Mirá vos que locura. Lo tenía clarísimo y después no estaba preparado para la secundaria, a tal extremo que le dije a mi padre que no iría, más que al hermano mayor le había ido mal, solo fue 8 meses. Le dije, papá yo no quiero hacerte gastar plata como mi hermano mayor, yo voy a trabajar. En esa época era así, estudiabas o trabajabas. Y así fue”.

TRABAJAR O ESTUDIAR
Sus inicios en la vida laboral plena se dieron la tienda El Hogar, a los doce años. Su ingreso se dio por medio de una chica que vivía enfrente de su casa y que trabajaba en el mencionado comercio. “Un día de verano, esta chica de apellido Bolaños, viene y le pregunta a mi madre si yo no querría trabajar en El Hogar, donde necesitaban un cadete pero para todo el día. Fue mi salvación, tenía 12 años y empecé en la tienda, donde aprendía muchas cosas”.

“Los patrones Pedalino y Apestegui tenían un buen concepto de mí. Medio que me veía haciendo carrera”, asegura. Mientra trabajaba en El Hogar surgió la posibilidad de convertirse en cadete de El Gaucho, otra de las tradicionales y recordadas tiendas pehuajenses. Pero había un inconveniente: “había que tener 14 años porque entrabas a trabajar en blanco”. Entonces esperó seis meses, cumplió la edad solicitada y pidió el pase. “Y me acuerdo que mi vieja me dijo: ‘hijo, si cuidás el trabajo, tenés el futuro asegurado’. Mirá qué concepto, era así en ese tiempo, trabajar o estudiar, y en El Gaucho había gente que hizo carrera”.

Y LO PICA EL “BICHITO” DEL TEATRO
Al reflexionar sobre sus inicios en el teatro, Oscar vuelve a recordar a su maestra de sexto grado Consuelo Vaquero. “Un día nos explicó cómo funcionaba una máquina fotográfica. Nos enfocaba y nos decía ‘yo los veo a todos. Ahí está María, ahí está Luís, ahí está Jorge (así me decía) y está con una pose que parece un actor de cine’. No sé si ahí no me la empecé a creer. Algo tiene que ver”.

De chico comenzaba a sentirse actor, sin imaginar que redondearía una excelente carrera actoral con reconocimientos en su ciudad, la región y gran parte del país por sus participaciones en destacadas obras teatrales y diversas películas independientes.

Pero el real “bichito del teatro” le picó al ver una obra en Plaza Italia donde había un grupo de teatro en el que participaba José Pérez Gegena. “Vi la obra ‘Los chicos crecen’. Ahí descubrí lo del teatro y quise arrimarme. Invité a Beto Blanco y me dijo ‘no’. Me acerqué solo y me abrieron las puertas. Y ahí empecé. Ensayábamos dónde podíamos”.

“Después de ‘Los chicos crecen’ ensayaron ‘El Puente’ de Gorostiza, en el año 58, y ahí me dieron de apuntador, porque en esa época había apuntador y traspunte. Dirigían José Pérez Gegena y “Tito” Hernández. Había un personaje que lo hacía el Gallego Diez. Él hacía el personaje de Rodolfo, el hermano menor de la familia. Pero cuando faltaba poco para estrenar, renunció. Y Pérez Gegena me dice si no me animaba a hacer el personaje del pibe. ¡Cómo no me voy animar! Y cómo era apuntador sabía la letra de todos. Y así empecé”. Fue el 5 de octubre de 1958 en el teatro Español.

UN CAMINO
“Después hicimos ‘Bendita seas’, ‘Las de Barranco’. Muchos años después descubro que el 5 de octubre es el día del camino y yo conjeturé que era el día de mi camino en el teatro. Parece una pavada, pero creo que no. Y también Francia hace un comentario en el diario y dice que Pérez se mueve muy bien en el escenario. Ohhh, yo creía que era Alfredo Alcón. Que te digan eso, en esa edad difícil, es muy importante”.

Con el paso del tiempo, Oscar logró convencer a su amigo Beto, compañero de escuela que sí había empezado la secundaria, y lo sumó al mundo teatral. “Vino al teatro y se agarró un metejón tremendo. Hicimos junto ‘Las de Barranco’, en 1960. Ese año se juntaron integrantes de los cuatro grupos de teatro que había acá: el Mangrullo, el del Club San Martín, el Teatro Independiente Popular y La Llave”.

De esos grupos, Juan M. Francia sacó actores y armó un seleccionado para festejar los 150 años de la Revolución de Mayo. “Trabajaban Héctor Sáncho, Pepa Gómez, Clelia Farias, Quelo Quinteros, Palacios, Jorge Macías. Yo tenía un personaje muy chiquito pero Lalo Tejera, que hacía de Linares, el personaje protagonista, tuvo un problema y se fue. Me llamaron a mí. Estaba recontento”.

DE UN LADO PARA OTRO
En aquel momento, tenía sólo 16 años. Su recorrido siguió y nunca paró. En Pehuajó se formaron varios grupos que con el tiempo se desarmaron, pero la actividad teatral siempre seguía viva, y con Pérez siempre presente. “Nos habían dado para ensayar en la casa radical, que se había expropiado. Nos dieron lugar. Pérez Gegena era amigo del secretario de gobierno, Carlitos Bravo, y le cedió el espacio. Eran dos habitaciones grandes. Ahí hicimos el Teatrito de Bolsillo Roberto Payró. Teníamos la sala no propia pero nuestro espacio, porque hasta entonces íbamos a ensayar donde nos dejaban. También estuvimos en el club Atlético pero a determinada hora nos sacaban. ‘Vamos, basta –nos decían- estos vagos lo único que hacen es gastar luz, no toman ni un café’. Y era cierto, ja,ja. Nos echaban de todos lados. No vengan más a ensayar, cómo nos vamos a quedar hasta las dos de la mañana con ustedes que hablan pavadas. Éramos bohemios no teníamos apuro”.

En la sala hicieron un escenario y trajeron de todo: actores, grupos, un mimo e hicieron charlas. Pero a los seis meses tuvieron que desocuparla. “Sentimos mucho odio. Yo era muy jovencito y me acuerdo la rebelión, que bronca me causó. ‘Nosotros tenemos que tener una sala’, dije. Y bueno, con el tiempo, gracias a Dios pudimos comprar la sala del TIP, en la década del 80”.

UN PARATE Y DE NUEVO A LAS TABLAS

Si hablamos de Ángel Bustamante y José Pérez Gegena, nos referimos a dos históricos del mundo artístico regional, que también marcaron la vida teatral de Oscar Pérez. “Ángel aparece en la década del 60. Ya teníamos relación con él, porque Pérez Gegena y él eran amigos. En esa época en Casares estaba el CATI, era el mejor de la zona. Hizo varias obras de Guglielmino y formamos un grupo llamado Teatro Municipal e hicimos con Pérez Gegena y Norberto Lobato ‘El Prestamista’, que nos fue muy bien. Después Bustamante volvió en los años 78 y 79 e hizo asistencias técnicas”.

Fueron años de mucha actividad, y que para Oscar fueron muy significativos. Pero la situación cambió y desde 1970 a 1979, no hizo teatro. “Me casé en el 70, yo era mozo en La Bruja pero me surgió ser cantinero de Deportivo y me embarqué en eso. No hay más teatro, dije, a laburar. Después me pasé al club Estudiantes, donde viene Bustamante a invitarme. No quería saber nada. Me insistió, me convenció y empecé de nuevo”. El amor por el arte lo hizo cambiar de opinión. Reinició con ‘La Frontera’ y no paró más.

EL TIP, UNA HISTORIA APARTE



Oscar Pérez es sin duda generador del Teatro Independiente de Pehuajó. No se cansaba de remarcar la necesidad de un espacio propio. Y cuando surgió la posibilidad no fue fácil consolidarla. Le costó mucho, desde esfuerzos monetarios hasta desencuentros y conflictos muy fuertes. No claudicó, fiel a su carácter y sus principios, sustentó el proyecto y lo hizo realidad. Pero, dada las particularidades de esa historia que él mismo relató, es tema para explicitar en una próxima edición.

Volviendo a su trayectoria actoral, hoy trabaja de manera personal junto a amigos y seguidores del ambiente. Las últimas producciones “Potestad” y “Yepeto” se tradujeron en un éxito sobresaliente que, además de enaltecerlo, ratifica sus excelentes condiciones y el nivel alcanzado.

Seguramente, el futuro traerá nuevos aportes, a su manera pero con la responsabilidad y las convicciones de toda la vida. Se siente parte del TIP, es como un hijo. El teatro lo acompañará hasta el final de sus días. Si hasta en su casa tiene una sala de ensayos donde se dio el gusto de realizar funciones barriales. En cada lugar de su casa, se respira teatro, hay aromas artísticos que las vive y la siente.

FELIZ Y CONTENTO
A la hora de hacer balance, Oscar Pérez es claro y terminante. “Estoy contento de poder hacer lo que me gusta. Es un privilegio. He tenido suerte en algunas cosas, la vida me ha permitido poder hacer lo que me gusta. Suerte de encontrarme con la gente que encontré. He tenido maestros que te contagiaban: José Pérez Gegena un apasionado en todo; Pocho Bustamante, otro apasionado; Ignacio Alonso, Panchi Ananía, Fabiana Continanzia…”.

Vivió unos años en Buenos Aires pero no sintió la necesidad de quedarse en pos de nuevos horizontes. “No pensé quedarme. Cuando me fui, me dediqué a trabajar nada más. Era difícil. Acababa de separarme, tenía que pagar un alquiler compartido con Fabiana Continanzia. Ayudar algo acá. Tenía dos trabajos y no tenía tiempo para nada. Fabiana me decía que me metiera en algo, pero no, estaba agotado. Ella sí, hizo cosas, el solo hecho de trabajar en el Instituto Vocacional del Arte daba posibilidades. Con el tiempo empecé a hacer algo, muy amateurs e independiente, en algún corto de cine en la escuela de cine de Avellaneda, pero muy light”.

Después vino el retorno a Pehuajó junto a Fabiana y el accionar tiene que ver con la historia del TIP, que dejamos para otra oportunidad. “Ahora ya estoy acá. No me movés ni loco”, afirma, y al pedirle alguna preferencia de su trayectoria, señala: “De todo lo hecho no puedo elegir nada en especial. Si nombro mi primera obra fue maravilloso porque debuté. Si nombro ‘Mateo’ fue maravilloso porque volví al ruedo, Y ahora haciendo ‘Potestad y Yepeto’. Más de cien funciones. Disfruto muchísimo y todas tienen algo”.

Y tiene razón. Así como el público asimila de distintas maneras el mensaje de sus actuaciones, el protagonista valora cada interpretación, más Oscar que ama entrañablemente el difícil arte actoral. El agua del mate se enfrió, en contraposición al relato, cálido y sincero, de un laburante de la vida que un día, en la plaza Italia, comenzó a recorrer un camino plagado de éxitos y satisfacciones.

PING PONG
-¿Un deseo?: “Ver pronto a mis nietos y se fueron hace días”.
-¿Un rencor?: “No, me parece que los pasé. Tuve muchos, pero ya fue”.
-¿Un amor?: “Tuve un amor, fue mi Fabiana. Otro, el teatro. Y mis amores, mis hijos, mis nietos”.
-¿Una gratitud?: “Hacer lo que me gusta y agradecido a lo que la gente me da. Agradezco eternamente al público su generosidad.
-¿Un actor?: “Hay muchos, pero uno Danilo Devizia, hizo mucho teatro más que televisión y cine. Murió muy joven”.
-¿Pérez Gegena?: “Mi guía. Fue importante, me nutrió de cosas, un apasionado, un luchador”.
-¿El TIP?: “Mi hijo. Donde ando hablo orgullosamente del TIP. Soy el TIP, soy del TIP?
-¿Pehuajó?: “Mi lugar en el mundo”.
-¿Un ídolo?: “No tengo. Hay gente que hace cosas importantes para la humanidad”.
-¿Oscar Pérez?: “Un tipo de laburo, que ha podido hacer y las ha podido disfrutar. Un ser humano más”.

LOS HIJOS Y EL TEATRO
“Esteban está trabajando en teatro. Me he planteado si es bueno o es malo eso. Viste que hay padres que dicen yo no quiero que a mi hijo le pase lo que me pasó a mi. Yo nunca hice fuerza para que Esteban haga este trabajo. Nunca le dije metete en teatro, pero por ahí, también lo pienso, uno ha dado mensajes de otra forma. Me veo proyectado en mi hijo. Sin ser consciente, de alguna forma, se lo lleve a él, hacer lo que yo no pude hacer. A lo mejor. Lo único que deseo es que viva de lo que hace”.
“Mi hija también estudió teatro, sin que yo se lo dijera. Trabajó conmigo, cuando era chiquita, en ‘El Día de los Colores’”.
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