“Si volviera a nacer, volvería a ser bombero”

Es bombero voluntario hace más de 20 años. Estuvo alejado un tiempo pero retornó y sigue prestando servicios. Sostiene que no es fácil ser bombero. Valora el avance tecnológico y evoca los inicios con menos recursos pero con la misma pasión.



Gustavo Brisoliz (50) ingresó a Bomberos de Pehuajó en 1980. Por razones laborales se alejó de la actividad, y tras el parentésis obligado, volvió en 2010. Más de dos décadas de pasión y vocación de servicio.

“Cuando era chico trabajaba como cadete en una zapatería e iban muchos bomberos a tomar mates, eran amigos de la casa, y uno de los chicos que estaba ahí, Daniel Ortellado, me llevó un día a tomar unos mates al cuartel y me quedé ‘tomando mates’ hasta el día de la fecha. No me llevó mi hermano, porque vengo de familia de bomberos, me llevó Daniel Ortellado”.

Los años permiten ver las cosas con más claridad, fruto de la experiencia. “No es fácil ser bombero. Te tiene que gustar, hay que tener vocación, que hoy es lo que menos se ve. El que perdura es el que tiene vocación. El que entra para ver cómo es queda en el camino”, afirma Gustavo.

COSAS BUENAS Y MALAS
“Bomberos es agridulce –añade- tenés cosas muy ingratas al afrontar accidentes e incendios, y cosas muy gratas como compartir con mucha gente que piensa como vos. Lo que más te gratifica siempre es el elogio de la gente, que habla muy bien de la persona que es bombero”.

Hay episodios que no se pueden olvidar fácilmente. “Lo que más te queda grabado es cuando hay chicos involucrados. Recuerdo un accidente ocurrido hace muchos años atrás y cuando retrocedo mi mente o hago memoria me acuerdo de los chicos fallecidos. Son situaciones que uno no quisiera volver a repetir. Hoy hay apoyo psicológico, en ese momento no había”.

AYUDAR A LOS DEMÁS



Como otros servidores bomberiles coincide en remarcar que “Cuando suena la sirena aparece una drenalina muy especial. Te olvidas un poco de todo para ponerte al servicio del que necesita” y considera también que “el apoyo de la familia es importante, si no te entiende la familia no podes ser bombero”.

En tal sentido, enfatiza Brisoliz: “He tenido siempre el apoyo de mi familia. A mi hijo, por ahora no le interesa, porque tiene otros objetivos, pero está constantemente apoyándome. Va mamando desde chico esta actividad, mi hermano también es bombero y más de una vez en la mesa familia sale el tema”.

Por otro lado, Gustavo exhorta a los jóvenes que deseen ser bombero que lo intenten, que prueben “si le interesa ayudar a la gente, porque es muy lindo”. Y acota: “Ahora los tiempos cambiaron. Hay que tener más preparación para ser bombero. Cambio mucho desde la época en que yo empecé. Hay más tecnología, las autobombas son diferentes.

Por ejemplo, nosotros íbamos en una autobomba, que gracias a Dios todavía se conserva, sentados atrás en unos asientos de madera corriendo mucho riesgo. Hoy, tenemos la suerte de poder ir en autobombas de última generación. Más allá que pasés un mal momento en un incendio, te mojás y después volvés calefaccionado. Ha cambiado para bien, por eso se requiere más capacitación”.

Para finalizar, firme en su convicción, Gustavo Brisoliz evalúa su actividad como bombero voluntario: “A pesar de como todo, tiene cosas buenas y cosas malas, sus momentos buenos y sus momentos malos, en el balance final si volviera a nacer, volvería a ser bombero”.
Compartir en Google Plus

0 comentarios:

Publicar un comentario