Eder Félix Rey: “Había que ponerle el hombro”

Día del Empleado Municipal (7 de noviembre) | Una foto magnífica de Jorge Basualdo que apareció en nuestro archivo motivó el encuentro. El rostro transpirado del barrendero y recolector de residuos, una de las geniales creaciones del recordado fotógrafo. Rey conserva una copia entre sus recuerdos y a partir de allí rememoró una vida de duros trabajos. Hoy, jubilado, está feliz y los “tiempos idos” ensanchan el espíritu.



Mañana soleada en la enrarecida primavera 2015. Mate por medio en la casa del Fonavi II, clima apropiado para que los recuerdos fluyan y nos permitan revivir momentos y rostros de un tiempo que pasó. Eder Félix Rey (73), apodado “El gato” por sus electrizantes ojos azules, nació en Henderson, el 26 de febrero de 1942. Allí pasó su infancia y su juventud, en un marco familiar de esfuerzos y sacrificios. Nada le fue fácil.

“Allá en Henderson, era bolsero, trabajaba con Huala y Asensio. Me vine después acá, allá por 1978, vivía con mi suegra atrás de la emisora LT22”, rememora y acota: “Traje una recomendación de la Municipalidad de Henderson y enseguida me tomaron como barrendero. Barría la calle Mitre y la calle Alsina. Después me trasladaron a la empresa Venturino, estuve cinco años y volví a la Municipalidad, trabajé en la bloquera con Lucio Amaya, Borrego, Collado y otros muchachos”.

Rápidamente completa su reseña de la vida laboral. “De ahí me pasaron a la empresa Law Care, estuve seis meses y me hicieron una revisación médica junto a otros cuarenta y cinco obreros. Me encontraron gastritis y me dijeron que no podía seguir trabajando. Duré dos meses más y me llegó la carta de despido. Me hicieron un convenio y cobré lo que me correspondía en cuotas”.



Más tarde vendría el trámite jubilatorio y el relax que ello implica, dando lugar a una vida diferente, alejada de exigencias. Superó múltiples dificultades familiares, hasta el fallecimiento de su esposa. Pero el “Gato” nunca se dio por vencido, la lucha por la subsistencia y por sus seres queridos siempre se antepuso.

Fue bolsero, changarín, empleado en horno de ladrillos, barrendero, recolector de residuos. Los recuerdos de los tiempos que hombreaba bolsas en tiempos de florecientes cosechas prevalecen entre todas las tareas y luego los trabajos realizados en el municipio. En Pehuajó, trabajó con varios intendentes. “Los recuerdos son muy lindos. Siempre me atendieron bien. Tengo un especial recuerdo para Julio Rodríguez, un buen intendente”, manifiesta.

Como trabajador municipal vivió los avatares de los duros fenómenos climáticos. “En Pehuajó me tocó el tiempo de las inundaciones. Estuve en calle Mitre y Pellegrini, hombreaba y llenaba bolsas con arena para parar el agua. Varios meses estuvimos ahí”, recuerda Rey y despliega su mano por la cabeza como evidencia de aquellos dolorosos trances que vivieron los pehuajenses.

Ahora, las cosas y los modos de trabajo son diferentes. Todo cambió. El “gato” Rey de nada se arrepiente. Cada uno vive su época cómo puede y adaptado a las circunstancias de la vida. Hace catorce años que está jubilado y comparte los días con Norma, su compañera oriunda de Nueve de Julio. “En este momento no trabajo, colaboro con la Iglesia Evangélica”, comenta y brinda su cariño y apoyo a la numerosa familia de los Rey. Tiene 6 hijos (5 mujeres y un varón), los cuales le dieron 22 nietos y 7 bisniestos. “¡Qué más puedo pedir”, exclama sonriente y feliz.



Y al hacer balance, brotan de sus labios palabras de reconocimiento. “Agradezco a todos. Acá me trataron siempre bien en Pehuajó”, y al repasar las etapas resalta etapas que lo marcaron: “Entre los recuerdos de mi vida, rescato el tiempo de las changas en la bolsa, la carga de camiones. Me siento feliz de haber hecho esos trabajos pesados. Subir y bajar por el burro hombreando bolsas”.

“La verdad que estoy contento. Gracias a Dios pude sobrellevar la vida. Hoy me siento feliz”, afirma de manera contundente. Se nos fue la mañana, se aproxima el mediodía dominguero. Un aroma de olor a carne en el asador se percibe desde la vereda. El “gato” mira la plaza aledaña a la sala de primeros auxilios del Fonavi II, sobre la calle Rojas, y exclama: “¡Ah! mirá también estuve trabajando en la placita de este barrio. Ahí está la placita”.

Breve pausa y una mirada serena hacía el paseo que vio nacer. Los ojos celestes del laborioso “gato Rey” brillan con el mismo esplendor de aquellos tiempos hombreador de bolsas, barrendero y recolector de residuos. Los mismos ojos que elogiaba, desde niño, una viejita del barrio, en su Henderson natal, quedando el apodo para siempre.
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