“A esto hay que amarlo, nada más”

Felix Peyre
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Han pasado 35 años y el fruto de una perseverante tarea dio frutos y es sello distintivo de Pehuajó. Se llama Folklorama, el sueño grande que abrazó contra viento y marea su gestor, bailarín y coreógrafo Raúl García. Apasionado, vehemente, frontal y enamorado de lo que hace. Gestó y consolidó un ballet como pocos en el país. Recuerdos y procederes que emocionan.



Hay actitudes que a veces cuesta comprender. “Sos bailarín, pero de qué trabajás”. La frase resuena en el ámbito artístico y nuestro entrevistado la conoce bien. La ha oído, y sufrido. “¿Qué parodia, no?”, se pregunta. “Trabajo de bailarín”, contesta. “¿Pero de qué trabajas?”, le repreguntan. “De bailarín trabajo. ¿Que estupidez, no?”. Defendiendo su trabajo y realzando su actividad, arranca la charla con Mirá el talentoso bailarín y coreógrafo Raúl García (60). Como siempre, fiel a su manera de ser. Auténtico, espontáneo y hasta cortante.

Comenzó su incursión en la danza con apenas seis años. Antes de llegar al folklore, asistía a clases de baile con la profesora Nora de Oz, una profesional de Buenos Aires que visitaba Pehuajó. Con ella empezó a dar sus primeros pasos en español, tap y tiempo después, en el folklore. Nunca hubo dudas vocacionales. Sus aspiraciones y pretensiones fueron claras.

“En la primera feria industrial, de la mano de Indio Farias, subí por primera vez a un escenario grande. Me acuerdo que el poncho que me habían puesto me arrastraba. Era un grupo de la llamada Peña El Cimarrón”, relata García, al recordar sus inicios. Al instante, añade: “Después estuve en el conjunto de danzas de la Escuela Municipal “Pablo Espeleta”, dirigido por Raquel Guado de Rayna. Y luego tuve la suerte de que Oscar Murillo y Mabel Pimentel, me vieran bailar en el parque y me llamaron para el ballet Brandsen. Fue en el festival del año 1974. Esa vez me vieron bailar danza tradicional y una parte como de proyección folklórica, muy precaria porque no éramos coreógrafos”.



Un cambio fundamental llegó después de aquella actuación en el parque San Martín cuando expiraba 1974. “Me llama y me dicen que había un lugar para mí. Eso fue en diciembre y en abril de 1975 se trajo al ballet Brandsen al teatro Español y me confirmó que podía entrar. Me fui en julio del 75 a La Plata, viajaba todos los días a Brandsen. El 2 de agosto me tomaron una prueba, el 7 tuve el primer ensayo y el 8 del mismo mes debuté en televisión”.

Fue todo tan fugaz y como el convencimiento de Raúl era inalterable, quizás ni imaginó que ni siquiera tuvo que superar el período de prueba en el Brandsen. “Iba por 6 meses a prueba y tuve que reemplazar a un chico que se casaba y no podía ir a una gira por Paraguay. Estuve 15 días a full haciendo lo del otro chico. No tuve que hacer los 6 meses de prueba y al regresar de Paraguay me pagaron mi primer sueldo. Una satisfacción impresionante”.

Y los recuerdos invaden sus retinas. Múltiples, diversos, imposible de sintetizar. “Creo que ballet Brandsen para mí fue lo más grande que tuve en ese momento a nivel profesional. Y haber recorrido toda Sudamérica, varias veces, es inolvidable”.

“ME VOY DEL BRANDSEN”
Después de cosechar halagos en escenarios y obtener una importante capacitación, un día dijo “me voy del Brandsen”, sin importarle el éxito obtenido y el promisorio futuro en esa agrupación. Había un sentimiento más profundo que dominaba sus decisiones. “Fue el día de mi cumpleaños, el 22 de marzo de 1980. Llevé una valija con todos mis vestuarios y le dije a Oscar que me retiraba. Lo lamentó mucho. Yo era un poco bailarín y un poco actor. Medio se enojó, pero pasó el tiempo y cicatrizó todo”. Alguna vez, Murillo lamentó la pérdida del “gran bailarín” que consideraba a Raúl. Le recordamos esa apreciación y se emociona. Hoy, mantienen una hermosa relación, comparten encuentros. Hasta lo han invitado para reemplazar a Oscar.

HABÍA UN OBJETIVO



La salida del Brandsen tenía un propósito muy claro. “Me vine a Pehuajó y el 4 de abril de 1980 armé la escuela de danzas. Y el 12 de diciembre de ese año debutó Ballet Folklorama. Fue un desafío. Hoy puedo decir que es un sueño cumplido”. Y para los amantes del arte, una hermosa realidad y un significativo aporte a la cultura lugareña. “Es mi profesión. Amo esto. Gracias a Dios hoy vivo de esto”, enfatiza Raúl y remarca el agradecimiento “al ex intendente (Juan Carlos) Mascheroni que declaró a Folklorama ballet oficial de Pehuajó y al actual jefe comunal (Pablo Javier) Zurro que ratificó al ballet y concedió cargo al director”.

MODALIDADES Y ESTILOS
En los comienzos no fue fácil imponer la nueva modalidad cuando prevalecía la danza tradicional. “Fue duro. Vuelvo a insistir con Oscar Murillo. Hizo cuadros costumbristas como Las Heroínas, yendo a lo surero, con un toque de proyección que fue un éxito, sin dejar la esencia. Entonces, lo tradicional fue, es y será de esta forma. No puede haber modificaciones”.

Y al respecto, acota: “No entiendo por qué viene gente de Buenos Aires a dar cursos de perfeccionamiento surero. Es algo que no existe. El surero es así y de acuerdo a la recopilación le das la forma. El surero tiene una sola técnica que se pasa de generación en generación. No se puede cambiar”.

¿Cómo definir el estilo de Folklorama? “No tiene definición. Para los que somos coreógrafos no tiene definición. Creo que es te gusta o no te gusta. La definición visual. Me pueden gustar los colores de un cuadro y no la forma en que está dibujado. Unos interpretan de una manera y otros de otra. Y acá pasa lo mismo. No estoy colgado “de”, llevando lo que hace otro. El coreógrafo tiene que abrirse, no hay escuela de coreógrafo. Lo tiene en su cabeza, más allá que armar un cuadro lleva una investigación, musicalmente tienes que seguir la línea de intérpretes y compositores, que no desvirtúe”.

PASIÓN, TIEMPO Y SENTIDO COMÚN



No es fácil formar grupos. En 35 años, por Folklorama ha pasado mucha gente. García ha formado muchos bailarines. “Nunca pensé que iba a durar tanto tiempo. Para que subsista hay que tener mucha pasión y dedicar mucho tiempo. Hay que salir, ver, analizar. Algunos dirán está todo el día sentado en La Bruja. Si, estoy, pero pensando en que tengo que hacer, cómo lo tengo que hacer. Diseño, cosa que no puedo hacer en mi casa. A veces en el ensayo estoy lucidamente creativo y otro día soy cero a la izquierda, no me sale nada”.

Afirma que sólo en tres oportunidades tuvo grupos bien integrados. “No hubo un grupo de época de oro, como supo decir una bailarina mía. No hay épocas de oro, tuve grupos humanos afianzados a la danza. En este momento, tengo un grupo humano espectacular que se reúne, van a la casa, hablan de bueyes perdidos y no hablan del ballet o del ensayo. No se critican. Tienen sentido común de las cosas, y eso me parece fantástico. Y tienen distintas edades”.

“No los elijo, solos se eligen. Aparecen y solos se van. Muchos creen que si los corrijo les tengo bronca. Si corrijo es porque me interesa. Si no les doy importancia, se van solos porque no sirven. Ese es el grave error de gente que no tiene la constancia y no acepta la corrección. Hay gente que son estrellas antes de subir a un escenario. O padres que le hacen creer que son Piquín o Eleonora Cassano. Y no es así”, sostiene, y añade: “Y por ahí aparece alguien con cuatro años de danzas clásicas y es troncazo total. Quién les enseñó. Te agarrás esas amarguras tremendas. Gastan plata para nada”.

ÉXITOS Y APLAUSOS



Entre las producciones realizadas, García rescata dos, atento a la elección del público. “Exitosamente hay dos que fueron el boom. ‘Juana Azurduy’ que la he remozado muchas veces. Descansa un tiempo y después vuelve. Y la otra, la incursión en el tango del 900 que fue toda una revelación. Hay otros pero no tan exitosos. En la ‘Juana’ puede ser la parte musical, el vestuario, la puesta, los personajes abstractos como la patria y la muerte”.

“El único juez es el público. Al aplauso hay veces que no lo escucho y cuando lo escucho es una caricia al alma, pero primero para ellos, los chicos, después estoy yo. Siempre los que hacen todo son los chicos, estos como los que tengo en Mones Cazón de Peña “Los Amigos”. Son fantásticos y se ha adquirido un amor recíproco”.

Según Raúl, la disciplina es una de las claves de la persistencia. “Es difícil mantener la disciplina. Y cada vez peor, porque todos tienen una idiosincrasia distinta, vienen con problemas familiares. Hay que tener mucho cuidado, si lo retás sos maltratador. Hay quienes confunden el reto con corregir. Confunden, corregir no significa retar. Para algunas cosas tienen dieciocho años, para otras diez”. E insiste: “hoy tengo un grupo espectacular. Con todos los niveles de bailarines. Lo bueno es que dos o tres arrastran al resto para que técnicamente se superen. Está el que tiene mayor facilidad y está el que le cuesta”.

INMENSAMENTE FELIZ
Final del encuentro. Recuerdos por doquier. La mayoría placenteros. Mirar hacia atrás incita a la reflexión. Y Raúl, es contundente: “Folklorama es un sello. Es súper positivo para mí. Han salido montones de bailarines”. La emoción lo domina: “Hoy estoy en pie, sigo dirigiendo… no sé por cuánto tiempo. Lo lamentable es que no haya una persona que se dedique a continuar lo mío. No se comprometen. Hoy, es muy difícil comprometerse. A esto hay que amarlo, nada más”, concluye con un dejo de nostalgia y un interrogante en su mirada.

DESEO



“Mi objetivo –ahora- es que mis chicos puedan ir a Cosquín. Estamos en eso, no es fácil, no por lograr una actuación, sino por el trabajo de los chicos, no son profesionales, y es necesario sacar permisos o tomar vacaciones, y no es fácil”.

ANÉCDOTAS
-Y hay gente que aparece y cree no tener condiciones. Una anécdota: “Belén, una excelente bailarina que tengo ahora entre varias excelentes, iba a los ensayos con su esposo y la bebé. Ella bailaba y el esposo cuidaba la nena. Un día le dijimos, “Franco por qué no venís a bailar”. “Noooo, me da vergüenza”. Un chico muy tímido. Y un día Belén me dijo: “Mirá Raúl, el día que vengamos sin Lara (la bebé) es porque Franco empieza a bailar’” Y le dije: “cuando te vea subir la escalerita del estudio te tengo preparadas las botas”. Y un día apareció sin la nena. Le dí las botas y se las puso. Nunca había bailado nada. Sabía el repique con los dos pies y las posiciones. Nunca lo vimos practicar, ni la señora lo vio nunca. Hoy es uno de los mejores. Se llama Franco Baéz y ella Belén Celis”.
-”Hace algunos años, Chichilo Acosta, iba a mirar a Diana, su esposa que era bailarina. Después en la casa él retaba a la mujer: ‘por qué hiciste esto o aquello’. Un día lo puse en un chamamé y salió bailando. Estuvo mucho tiempo con nosotros”.

PING PONG
-¿Un deseo?: “Mis chicos en Cosquín”.
-¿Un recuerdo?: “Malargüe, festival del chivo”.
-¿Una esperanza?: “Que esto continúe por muchos años”.
-¿Un rencor?: “No soy rencoroso”.
-¿Una gratitud?: “Todos los que creen en mí”.
-¿Una ingratitud?: “Los que no creen en mí”.
-¿Un ídolo?: “No tengo”. Admiro por ahí a alguien”.
-¿Un coreógrafo?: “Dos, Oscar Murillo y Mabel Pimentel”.
-¿Un bailarín?: “Hay muchos. Y mis chicos son “bailarines”, no bailan”.
-¿Un amor?: “El baile”.
-¿Pehuajó?: “Lo mejor que me sucedió”.
-¿Ballet Brandsen?: “Palabra mayor”.
-¿Folklorama?: “Más grande que el Brandsen (ja, ja, ja). Es mío”.
-¿Dios?: “El que me protege. El que me da posibilidades. El que me ayuda”.
-¿El futuro?: “Incierto”.
-¿Raúl García?: “Alguien que lucha para que Pehuajó se conozca en todo el mundo”.
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1Comentarios

  1. Raúl un excelente bailarín, un bailarín con temperamento, un muy buen compañero del Ballet Brandsen.

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