El negro “Canelo”, un “canilla” ejemplar



El 28 de febrero de 2015 dejó de ser canillita, luego de 33 años de ininterrumpida labor y al verse absorbido por otras actividades que realiza. Luchador incansable, dejó la vida de “canilla” que comenzó siendo niño cuando tuvo que salir a la calle y ganarse "el pan” para él y sus hermanos pequeños.

Si bien hizo y hace otras actividades, el “canillita” lo caló hondo. Viene desde los tiempos en que decenas de repartidores de diario recorrían la ciudad desde el amanecer. En invierno, solían reunirse en la parroquia San Anselmo donde les daban leche caliente para paliar el frío. Y hasta hubo familias que esperaban la llegada del diario con una taza de leche.

En 33 años nunca faltó al reparto del diario. Con frío o calor, con lluvias o heladas, siempre cumplió. Hasta el día del tornado, en 1993, hizo el reparto con la ciudad devastada y sin luz. Responsable como en todas las actividades que encaró en su vida, complicada y difícil, que supo asumir con coraje y decisión.

Un agradecido a la gente y a la vida. Su tarea es ejemplar. Sabe de esfuerzos y sacrificios. “Cuando más se te complica es cuando más tenés que laburar”, sostiene y acota: “Cuando repartía a veces sacaba 10 pesos y no te alcanza ni para la cadena y tenés que meterle y meterle. Y bueno, si no te alcanzan 8 horas, laburá 9, 10, 12, lo que sea”.

Seguramente extraña el reparto. Claro que ahora organiza mejor su trabajo de distribución de bidones de agua, trabajos adicionales y la actividad atlética que tantas satisfacciones le da. "No puedo pedir nada más, hay veces que pienso que más feliz no puedo ser, todo lo que padecí de chico, hoy se convirtió en felicidad", afirma Martín, “el negro Canelo”.
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