Marta Quatrini: “La vida es luchar para seguir adelante”

Es pehuajense por adopción desde hace una década. Se radicó por vínculos familiares. La cobranza de una institución abrió caminos y fue sumando tareas. En bicleta, 8 o 9 horas, conoció la ciudad en detalle. Adicta al trabajo no advirtió riesgos a tiempo y el organismo pasó facturas. No se achicó, asumió la situación con actitud, valentía y la coincidente llegada de un nieto le dio más fuerzas. Hoy se recupera y transmite energía positiva. Es evidente que en la vida todo es posible y todo se supera.



Atardecer de verano de otra jornada que termina. Marta, un tanto sorprendida, acepta la propuesta de Mirá para rendir un sencillo tributo en el Día Internacional de la Mujer. “¿Por qué yo?”, se pregunta, “habiendo tantas mujeres que han cumplido roles destacados en Pehuajó”. Sus vivencias responden ese interrogante. El mismo que plantean muchos convecinos cuando los elegimos para ser protagonista en nuestras páginas.

Marta Isabel Quatrini (67) es hija única, nacida en Carlos Salas, partido de Lincoln. Allí estuvo hasta los 8 años. Cursó sus estudios en Buenos Aires donde vivió mucho tiempo y formó su familia. Un día, hace diez años, por razones particulares decidió radicarse en Pehuajó, donde tiene cuatro primos, quizás la razón por la cual eligió el distrito pehuajense.

“Fue algo interno lo que provocó la decisión de venirme acá”, afirma y recuerda: “En Carlos Salas viví hasta los ocho años, y mi casa de la de mi tía estaba a dos o tres cuadras y yo me la pasaba en su casa. Creo que eso influyó, aunque mis hijos están en Buenos Aires”.

UNA DECISIÓN VALIENTE
Cuando llegó a Pehuajó nadie la conocía, excepto sus parientes. “Creo que viéndolo con objetividad y a la distancia, si a mí me decían hace trece años atrás que yo iba a tomar la decisión que tomé iba a decir que no. No sé si fue una decisión valiente o loca”.

Considera que una persona “no sabe el coraje que tiene hasta que lo tiene que poner en práctica”. Ahora, relajada, y superados múltiples obstáculos, reflexiona: “Cuando uno dice que quiere para su vida otra cosa, aunque estés grande tomás la decisión igual, a lo mejor es una locura, pero era lo que mi corazón decía que era lo que tenía que hacer. Y no me arrepiento”.

La comprensión y apoyo de sus familiares fue fundamental. “Tuve la suerte de llegar a Pehuajó y tener a mis primos, que en realidad yo los considero hermanos de la vida. Mis dos primas mujeres Edelma y Mirta Leonardi me contuvieron, junto con mis primos y primas políticas también. Las considero mis hermanas porque me cobijaron y no sé si sola lo hubiese podido hacer”.

“LA SEÑORA DE LALCEC”
La necesidad de ocupar el tiempo y generar un sustento económico era vital. Bien es cierto que siempre hay puertas que se abren. “Cuando llegué, mi prima Mirta, que era tesorera de LALCEC, me dijo que justo la cobradora que tenían dejaba el puesto. Entonces comencé a trabajar ahí, fue la primera tarea. Después conseguí también trabajar en la agencia de la empresa Pullman General Belgrano”.

La tarea como cobradora de Pehualcec fue la clave para la inserción de Marta en la comunidad pehuajense. La llegaron a apodar “la señora de LALCEC”. Al hacer alusión al calificativo, sonríe y añade: “Estuve cuatro meses en la casa de mi prima Mirta y después logré irme a vivir sola. Luego como a mí me empezó a conocer la gente como “la señora de LALCEC” empecé a conseguir más cobranzas porque se acercó gente de otras instituciones como “Volver a Empezar”, Hogar de Ancianos, Escuela 501, el TIP, compañías de seguros… Llegué a tener nueve cobranzas, vendí publicidad para la revista que producía la Cámara de Comercio, una actividad que nunca había hecho e hice una tarea similar en los primeros tiempos de Mirá”.

“ME ENCANTA TRABAJAR”
El esfuerzo era notorio. Marta recorría la ciudad de punta a punta, en bicicleta o caminando. Como le sucede a muchos, no es fácil advertir la necesidad de marcar un límite. “Llegó un momento que tuve un pico de stress que no me di cuenta. En ese momento, entre todo lo que tenía, trabajaba para dos compañías de seguro, y en una de ellas cuando fui a entregar el dinero, como todos los días, sentí por primera vez en mi vida -cuando salí de ahí- que tenía la cabeza como vacía”.

“Pedaleaba ocho o nueve horas por día, muy movediza y el trabajo era la calle. La pierna derecha empezó a tener dificultades cuando bajaba y demás, entonces se complicaba. Eso coincidió que la señora que estaba a cargo de la secretaría de LALCEC dejaba y empecé a trabajar ahí”.

Es evidente que LALCEC seguía marcando su accionar. “Ahora soy integrante de la Comisión de LALCEC, atiendo a la gente y administro un consorcio también. Primero porque me sirve económicamente, y segundo, porque me encanta trabajar. Mis hijos están criados, tengo un nieto que es un sol y el nacimiento de ese chiquitín ha sido como un motor en medio de una tormenta”, exclama con inocultable emoción la luchadora abuela.

TODO PASA EN LA VIDA
El stress se va superando y cada día comprueba que las secuelas, que mucho le preocuparon, se aminoran. Por seguridad se moviliza con el apoyo de un andador especial, pero ya es un recuerdo el tiempo en que necesitaba la ayuda de terceros para desplazarse. “Ahora estoy acá bien plantada, el tsunami pasó y dice que todo pasa en la vida”, enfatiza a modo de reflexión, para añadir enseguida:

“Yo era de las personas que piensan que las cosas le pasan a los otros hasta que le pasa a uno. En un momento cuando me pasó eso que me dificultaba para caminar bien y demás, tuve la tiroides descontrolada y llegué a pesar 45 kilos. No me encontraban cuál era el problema. Análisis y estudios de lo que sea y no me daban en la tecla, hasta que mis hijos me llevaron al Fleni [1]y ahí los estudios indicaron la tiroides desbordaba”.

“Traté la tiroides con la doctora Fraile y empezó a acomodarse, y después estuve y estoy en manos de la doctora Marina Mercancini que me sacó adelante. Soy otra persona”, sostiene Marta y transmite la satisfacción que representa poder desempeñarse por sus propios medios. “Adentro de mi casa camino sola y antes no podía. Hay pequeños tramos que hago sola. Puedo subir escaleras y todo. Antes no podía. Para bañarme, tenían que ayudarme. Iba a Buenos Aires y mi hija me ayudaba a entrar a la bañadera y subir. Ahora hago todo sola”.

“ME SIENTO PERFECTO”
Como decimos en la actualidad, por seguridad, utiliza un andador especial regulable con ajuste de altura, ruedas de desplazamiento y puños ergonómicos con sistema de frenos integrados. Es un poco su aliado. Lo observa y dice: “Esto se lo debo a mi yerno que cuando yo estaba muy mal vinieron con mi hija y fuimos a comprar al súper. Y él me ayudaba con el carro o changuito con la mercadería y en momento le dijo a mi hija “esto necesita tu mamá”. Después de mucho trabajo se consiguió. Yo lo rechazaba y ahora es parte de mi vestuario. No tengo ningún drama de que me vean. Me para gente que no conozco a decirme ‘qué bien que estás’”.

Y así se la ve, así lo transmite a conocidos y desconocidos. “Me siento perfecto. A mí no me impide nada este pequeño problema que son los nervios periféricos que estuvieron cortados en su momento y los estamos rehabilitando, aprendiendo a caminar de vuelta. Es como me dijo mi médica: “te estalló el cuerpo”. La factura por algún lado se pasa”.

Las circunstancias asumidas y la realidad que vive, alimentan su espíritu reflexivo: “A uno la vida le va enseñando muchas cosas y cambiás de enfoque de la vida. Cada día para mí es importante. Es el ‘sólo por hoy’. Trato de disfrutar cada momento, vivir lo mejor posible.

La experiencia vivida por Quatrini irradia mensajes, dignos de tener en cuenta. Seguramente hay situaciones similares y aún de mayor magnitud. La actitud de vida, de fe, perseverancia ha sido dominante. “Ahora soy así, caradura, se puede decir. Antes no era así, siempre fui muy tímida. Hasta los 50, 52 años yo fui una persona, y de ahí para adelante, soy otra. En realidad, la verdadera. Esta soy yo, con defectos y virtudes”.

“Estoy satisfecha porque en realidad he logrado una estabilidad emocional, económica también porque me jubilé y sigo trabajando, me siento plena. En los peores momentos cuando estaba tan baja de peso y con la cabeza complicada, en cuanto a pensar que podía tener algo complicado, nunca dejé de trabajar. Jamás. Nunca me tiré a la cama, siempre me pinté, siempre me arreglé, porque no me arreglo para el otro, me arreglo para mí. Lo que opiné el otro no me interesa, necesito estar bien para mí”.

Huelgan palabras. Es clara, contundente. Está convencida que en la vida todo se puede. “Lo que uno tiene que tratar es pensar en positivo. No boicotearse. No es nada fácil. Nada es fácil. La vida es luchar para seguir adelante: por uno mismo, por los seres que uno quiere, por todo”. Qué más se puede agregar. Tan solo “Gracias” mujer, por tu coraje, tu actitud de vida y ante la vida.

SUS AFECTOS
-Un párrafo aparte para sus hijos que viven en Buenos Aires. “Los amo, son dos luchadores que han abierto camino en la vida solos y estoy orgullosa de eso porque siempre digo que algo de todo no he hecho las cosas mal. Tengo una mujer de 43 años y un varón de 38, que es el papá del nene, que son dos trabajadores aguerridos”.

UN MILLAR DE VISITAS
-“1.000 personas por mes visitaba. Cuando empecé a trabajar, LALCEC tenía 500 socios, entonces me pidieron que pudiera hacer más: les hice 750 socios, que seguro reboté en otros 700. A raíz de eso, las otras instituciones quisieron que les hiciera socios. Así hice socios para el Hogar de Ancianos, Volver a Empezar…”

PING PONG
¿Un deseo?: “Felicidad para mis hijos”.
¿Una esperanza?: “Ver crecer a mi nieto”.
¿Una gratitud?: “A los que me ayudaron”.
¿Una ingratitud?: “No tengo”.
¿Un amor?: “Mi nieto”.
¿Un amigo/a?: “Cristina”.
¿Un rencor?: “No tengo”
¿Un recuerdo?: “Nacimiento de mis hijos”.
¿Un libro?: “Manual del guerrero de la Luz”.
¿Un ídolo?: “Serrat”
¿Carlos Salas?: “Mi origen”.
¿Pehuajó?: “La ciudad que me recibió”.
¿Pehualcec?: “La institución que me hizo conocida”.
¿Dios?: “Una fuerza superior”.
¿Marta Quatrini?: “Una mujer común”.
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