Cipriano Velasquez: “Todo el año es navidad”

Inquieto, activo, por momentos impulsivo. Ama lo que hace y las carencias de la sociedad calan hondo. Se conmueve, reniega de las incomprensiones, se embronca, pero cuando hay que dar una mano siempre está, en forma anónima. Es el carpintero, el maderero o el viejo de la avenida Sastre, como más le agrade llamarlo, aunque todos sepan que se llama Cipriano Velásquez, un luchador de la vida.



Tarde de miércoles en “Liromafa”, nombre que honra sus 4 hijas (Liliana, Rosana, Mariana y Fabiana). Y bien podría definirse como “un día de miércoles”, porque un traslado de madera vino equivocado y con una carga compartida mal armada, circunstancia que lo pone mal y un tanto lo perturba.

Un analgésico, un respiro profundo, un “tranqui Cipriano”, y alejados del ruido del taller y de la calle, Velásquez rememora el camino de su vida, sentado al escritorio del negocio, donde entre recuerdos y ornamentos, prevalecen las fotos de Perón y Evita, y un mural del Papa Francisco.

ACCIONES SOLIDARIAS
La reciente ayuda enviada a Luján con destino a inundados moviliza la informal charla. “La casita de Mariana hace 18 años que está en actividad. Siempre hemos ayudado, no solo ahora con los hermanos de Luján”, afirma Cipriano y acota “Siempre el que te acerca una ayuda es el de abajo, el pobre. A veces hasta da lástima recibírsela, y lamentablemente el que tiene mucho, que no le costaría nada traer bidones de agua o lavandina como pedían de Luján, no te trae nada. Es lamentable que entre hermanos argentinos no seamos un poco más solidarios”.

No obstante esas particularidades que se manifiestan siempre el objetivo se hizo realidad. “Gracias a Dios mandamos dos viajes. Hoy, me llamó el Intendente de Luján para agradecer y felicitar por la acción que tuvimos. Lo hicimos con Carrica que puso su camión y después se sumó la chica que tiene un kiosco en la calle Mitre, que también juntaba cosas. Nos unimos los tres y llevamos todo. Se lo entregamos a la Cruz Roja”.

En su negocio como en su casa de la calle Rivarola donde funciona “la Casita de Mariana” le acercan donativos para mantener latente esa sana costumbre de ayudar dentro de sus posibilidades.

DIOS ME AYUDO MUCHO



“Siempre seguimos –afirma- no la olvidamos nunca a Mariana. Es una cruz que llevamos mientras vivamos. Yo comprendo a la gente que le matan un hijo. Yo sufro a la par de ellos. Muchas veces acá lloro solo. Perder un hijo o hija es muy doloroso. Hay que vivirlo para entenderlo”.

Los ojos de Cipriano brillan con intensidad detrás de sus anteojos, al recordar la partida de su hija Mariana y sus dos hijitos en un accidente de tránsito. “Fue un tremendo golpe pero con la ayuda de Dios lo he podido soportar y seguir por el camino de la vida. Dios me ayudo mucho en las cosas que hecho bien y en aquellas que he hecho mal Dios me ha desprotegido”.

El accionar solidario de “La casita” sigue vigente, con las limitaciones lógicas impuestas por razones de edad y circunstancias temporales, pero está. “Ahora le mando un viaje a mi hija Liliana, que vive en Quimili, (Santiago del Estero) para ayudar a gente del lugar. Seguimos acumulando donaciones y seguiremos ayudando”, claro está sin olvidar a los pehuajenses que siempre apoyamos.

Su relato defiende en forma constante el rol de la mujer. “Yo la defiendo –enfatiza- porque tuve una madre santa y porque tengo una esposa que es oro, cuando teníamos el comedor de “la Casita de Mariana” usaba la jubilación para comprarle cosas a quienes venían a pedir. Ayudaba a todo el mundo. Dios nos ha iluminado. Habiendo pasado los 80 años estamos con ganas de hacer cosas”.

HAY QUE UNIRSE, DIALOGAR
El movimiento del negocio se intensifica con la llegada de clientes. Nos vamos, nuestra misión está cumplida, no sin antes recorrer las instalaciones, los sectores de venta donde se exhiben los productos fabricados y el taller donde Cipriano ha vivido y vive intensamente el desafío de todos los días, a pesar de los pesares, y por encima de las broncas que en nuestro tiempo parecen no querer ceder.

“Si todos nos unimos todo cambia”, repite en forma constante. “Hay que unirse, dialogar”· No claudica, tiene fe. Ansía ver una Argentina unida.

TODOS SOMOS HERMANOS
Nos vamos, Cipriano retoma el ritmo de todos los días. En un rato, hará una escapada a su casa, como todos los días, porque su compañera Amelí, con problemas de salud, reclama su presencia. Y él está, como hace 60 años cuando se conocieron.

“Siempre agradezco a Dios”, insiste y remarca: “La vida no es la figuración del hombre. Porque tiene plata vale más. Somos todos hermanos, que mejor si nos ayudamos unos a otros. Vivimos equivocados. Para que queremos las riquezas, no sirven. No la llevaremos a la tumba. Hay que hacer el bien, ayudar a los que menos tienen”, como vaticinio de la navidad que se avecina.

A propósito: ¡Feliz navidad y mejor 2015!, a todos los vecinos en nombre de Cipriano, aunque para él todo el año es navidad.


PING PONG

¿Un deseo?: “el más grande que tengo, que cambien la mentalidad todos los políticos argentinos”.
¿Un recuerdo?: “mi madre, mi padre, mis hermanos, soy el único que queda vivo. A veces lamento no tener un hermano para poder conversar.
¿Un rencor?: “no, no soy rencoroso, aunque tengo algunos recuerdos muy malos, porque me han traicionado o me han fallado. Mi madre también me lo enseñó, no hay que tener rencor a nadie. Hay que desearles el bien a todos.
¿Un amor?: “Varios, mi madre, mi hermana, mi
hermano, mi señora, mis hijas”.
¿Papa Francisco?: “Cuando lo nombraron dije en el diario local, qué los políticos argentinos tomen su ejemplo. Que tuviera diez años menos. Que temo tenga un atentado. Es una persona que no le importa el patrimonio personal, él entrega, él da, lo tengo presente en mi trabajo y en mi casa”.
¿Cipriano Velásquez?: “Es un luchador. Empezó a trabajar a los 22 años. Tomó las enseñanzas de su madre. Un agradecido a la vida, a Pehuajó, a Quenumá, el pueblo de la infancia.
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