Amor por la música

Era un deseo contenido, un sueño postergado. Ahora se transformó en desafío. Lo asumen con firme voluntad y con el convencimiento de hacer los esfuerzos necesarios para hacerlo realidad. Cuentan la hermosa experiencia, plena de nuevas sensaciones y placenteros resultados. Lo que ayer no pudo ser, hoy es posible.



Forman parte de una numerosa familia. Los Martínez son 15 hermanos, de los cuales cinco comparten aún la casa paterna, dando muestras de un particular respeto hacia quienes le dieron la vida. Susana y Elsa, las dos mujeres de la casa, están cumpliendo un sueño largamente postergado: aprender música. La experiencia es reciente pero el desafío está asumido. No hay edad para aprender y todo es posible en la vida.

Un clima de armonía y respeto mutuo se respira en la casa de los hermanos Martínez. Desde hace ocho meses, el ámbito familiar tiene nuevos matices. Se colmó de notas musicales que nacen de un violín y de un piano. Susana (61) y Elsa (59) están haciendo realidad un viejo sueño, con encomiable entusiasmo y firme voluntad.

EL DESEO, LA DECISIÓN
“El deseo siempre estuvo pero nada más que no se podía”, señala Susana, “nosotros éramos muchos y no podíamos. Al faltar mi madre, uno se tuvo que hacer cargo de la casa. Siempre estaba latente el deseo de aprender música, en mi caso el violín. Es difícil, pero siempre me gustó, el sonido que tiene, las melodías que se logran”.

Y enseguida, Elsa añade: “Yo desde toda la vida me gustaba la música. Mis hermanos lo saben. Quería estudiar piano. Y este año nos decidimos, primero yo y después le dije a mi hermana acompañame”.

Ya tenían los instrumentos. Con la ayuda de Rubén, uno de sus hermanos, primero se adquirió el piano, y este año, el violín, pues Rubén sabía de esos deseos y él pretendía que se hicieran realidad.

CUESTA PERO SE PUEDE
Se inscribieron en el Conservatorio de Música “Osmar Maderna” y comienzaron el desafío. “Lo que nos cuesta mucho -dice Susana- es el lenguaje musical. Pero, según nos dice la profesora Clarisa Villanueva, a todos les cuesta aprender el lenguaje”.

Susana afirma que los primeros tiempos fueron difíciles, “medios complicados para mí, especialmente tomar las notas en el violín, de acuerdo a lo que nos dice el profesor es uno de los instrumentos más difíciles de aprender”. Pablo es el profesor de violín y viene a Pehuajó desde la Capital Federal.

Por su parte, Elsa acota que “el piano es diferente, hay que estar sentado, pero también es difícil aprenderlo. Me va a costar, pero me dicen que lo lograré”. Silvina Lorenzo es la profesora de piano, proviene de Trenque Lauquen.

La diferencia entre un instrumento y otro está reflejada en la cantidad de alumnos. Hay más en piano que en violín. Elsa y Susana coinciden en señalar, con respecto al aprendizaje: “Compartimos con alumnos de todas las edades, pero en lenguaje musical creo que las más grandes somos nosotras. Pero nos atienden bien”.

“Lo importante es el respeto. Y así lo es, mientras nos respeten está todo bien”, remarca Elsa, a lo que Susana reafirma: “En el Conservatorio todos se respetan, desde el más chico hasta el más grande. Y los profesores son un amor”.

Interrumpimos la amable charla y el teclado en las manos de Elsa y el violín sobre el hombro de Susana se adueñan de la escena. Hasta Manuel, caniche mascota de la casa, cierra su boca. Rubén y Roberto, sus hermanos, se suman como espectadores.

ENTUSIASMO Y COMPROMISO
Una nueva práctica de las dos alumnas está por empezar. Es necesaria, y apenas hacen un lugar en las tareas de la casa, Elsa y Susana le dedican buen tiempo a los instrumentos, dato que corrobora Rubén que acota: “¡Si hasta se olvida de la hora!”.

Sin duda, un ejemplo para destacar. Susana y Elsa Martínez irradian voluntad, compromiso. “Lo importante es no perder el entusiasmo y hacerse de mucha paciencia. Son cinco años pero estamos dispuestas a seguir”, sostiene la alumna de piano, mientras que la enamorada del violín afirma: “Estamos muy felices. Estamos convencidas que se puede y no hay edad para aprender. Hay que tener ganas y voluntad”.

EJEMPLO QUE ENALTECE
A través de estas convecinas rendimos homenaje a todos los amantes y cultores de la música en sus múltiples manifestaciones, cualquiera sea el instrumento, cualquiera sea la edad. Albert Einstein, alguna vez dijo: “Si no fuera físico, probablemente sería músico. A menudo pienso en música. Vivo mis sueños en música. Veo mi vida en términos musicales. No puedo decir si habría podido hacer alguna pieza creativa de importancia en la música, pero sí sé que lo que más alegría me da en la vida es mi violín”.

La música alegra, emociona, distensiona, enaltece. Así lo marcó Platón: “El entrenamiento musical es un instrumento más potente que cualquier otro porque el ritmo y la armonía encuentran su camino en los más profundo del alma”.

El ejemplo de Susana y Elsa es contundente. El placer que experimentan es notorio. Porque hay mandatos en la vida y sueños que se cumplen. Los Martínez, lo corroboran: “tenemos y disfrutamos lo que nos dejaron nuestros amados padrecitos. Nos inculcaron a estudiar. Ellos no pudieron hacerlo...”

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